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Resumen

02/02/2009

Recensión de Antología de poesía mística española en Revista de Espiritualidad

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FERNÁNDEZ MOLINA, A. (ed.),
Antología de poesía mística española,
Libros del Innombrable,
Zaragoza, 2006, XIV, 254 pp.,
13,5 × 20 cm.

 

El autor (1927-2005), castellano, fundó la revista y colección de poesía Doña Endrina (1951); fue redactor jefe de la revista Despacho Literario, creada por Miguel Labordeta (autor que aparece en la antología), y secretario de redacción de la revista Papeles de Son Armadans, creada por Camilo José Cela; dirigió, además, la revista de creación y pensamiento Almunia. Creador infatigable y siempre atento a cualquier manifestación artística, supo transmitir en su obra la misma riqueza y libertad que testimoniaba en su vida diaria. Su amplia bibliografía da cuenta de sus dotes polifacéticas, pues le daba a la poesía, a la novela y otra narrativa, al teatro, al ensayo y a la antología (ésta es la cuarta escrita por él). El conjunto de su obra se encuentra en primera línea de las propuestas más arriesgadas y enriquecedoras de la literatura en castellano de su tiempo. En la presente Antología trabajó desde el año 2003 hasta el momento de su muerte, por lo que la publicación de la misma es póstuma, estando a cargo de Juan Francisco Nevado; hasta el diseño de portada en que, curiosamente, emplea el dibujo del Crucificado hecho por San Juan de la Cruz en el monasterio de La Encarnación de Ávila, ciudad que, por cierto, sale evocada en el poema «Qué bien sé lo que quiero», de Luis Felipe Vivanco (pp. 148-149), de quien es la traducción del francés del poema «Milagros en curso», de Juan Larrea (pp. 117-1119). Todo está relacionado, incluso la muerte del autor, que dejó sin acabar la obra, y tuvo que ser un hallazgo casual de su familia el que diera más material al editor a la hora de la versión definitiva de la antología (cf. p. XIII), que contiene unos poemas propios de Fernández Molina y un breve escrito sobre lo religioso en el arte (en «Apéndice», pp. 219-238). Faltan los poetas hispanoamericanos, pero es que se ciñó el ámbito de la compilación al territorio español. Ya se sabe que decir antología es decir injusticia (al menos, para los que no salen en la foto). Pero como nuestra razón parece necesitar de algunas pequeñas injusticias para despabilarse, bienvenidas sean estas obras en que se nos propone contemplar más allá de las palabras y más acá de los autores: la vida misma en que nace toda experiencia, especialmente la experiencia mística, de lo cual esta obra es una más, aunque distinta, en las numerosas compilaciones poéticas de tipo religioso o místico que ha ido viendo publicadas el siglo XX; desde Ernestina de Champourcín (BAC minor) hasta las de Melquíades Andrés
(BAC maior).—IHT.




Reseña de Antología de poesía mística española (Libros del Innombrable, Zaragoza, 2006) aparecida en Revista de Espiritualidad, 67 (2008). Pág. 540

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02/02/2009 20:16 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: Novedades No hay comentarios. Comentar.

04/02/2009

Carta de María Zambrano

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Señor Don Antonio Molina

Mi distinguido amigo:

Mucho le he agradecido el envío de su libro "Solo de trompeta" y la dedicatoria. Lo he leído enseguida, lo que es más bien raro en mí, por diversas razones. El "infierno" en que con tanta maestría introduce su libro desde la primera página, me es conocido, aunque desde otro punto de vista, más es verdad que esto mismo no me sabe bien. Es muy lucido su libro que es lo que inevitablemente ha de ser un .... de tal naturaleza. El orden y la claridad, la ingradivez desde luego, son imprescindibles para seguir este viaje hacía el caos, si es qeu caso el lugar donde ese Miguelín, el enano demente. Y se lamenta casi la intervención que irrupe, una última imposición la sociedad. ¿Por qué no dejarlo descansar al fin en ese lecho que lecho que sugiere en analogía con el estado prenatal? Por eso al final, esa irrupción, esa irrumpción, es un grande acierto. La tonalidad se hace sentir en todo momento, y su en su condenación desde el momento en que mira fascinado la botella. A todos eso nos ha pasado hasta quedar prendidos de ciertos objetos, mas -es otro acierto grande. Hay algo distinto en quedarse ahí, en esa mirada. ....sobre todo en que no preside su imaginación ninguna imagen salvadora: un habría bastado. Y ninguna de las presencias femeninas que le rodean esta dotada tampoco de ese poder en forma decisiva. Sin duda que es lo más bello, esa teórida de mujers, figuras de la piedad casi todas. Y qué malamente quedan las que no están tocadas por la piedad -no digo de compasión- no la señora enseñante. Y se ve desd el principio que es un pintor. Y le felicito p or la elegancia de no haber parafraseado o dado simplemente la hostira de Youlosse-Loutrec, porque puede ser muy bien el mismo, sin genialidad. Y eso es otro acierto: no haberlo hecho genial, ya que la genialidad no salval al visitado por ella. Salva una obra en un exceso de generosidad, eso sí, que puede formar parte de la santidad, que lo salva de la demencia, de la enanez. Más tarde devorado por una vocación se siente enano al lado o bjao la obra, roza por las manos, la demencia. Así que yo veo en su Miguelín algo así como o el estado vulgarmente ...... del llamado a crear que venturosamente algunos sobrepasan, sin caern en el otro abismo, es el de la satisfacción propia, es el de la tonta vanidad.

Como ve me he puesto a hablar con Ud. prueba fehaciente de lo mucho que su libro me ha interesado. Qué prodigio Ud. Y de desearle algo sería que pase al campo abierto donde tales tormentos y riesgos tienen lugar sin estigma físico alguno. Pues que no diré, "ah, todo eso es porque quedó enano". No, a Miguelín le pasa como enano, a otros aunn en la pura belleza físical y moral les ha pasado. Este año  será el centenario de Hölderlin. ¿Quién se acordará de él en España? ¿Quién se acordó de él aun viviente? Si a un semidios puede pasarle! y  como él diría: :...era un semidios, cómo no le iba a pasar!" -y el enigma se perpetúa.


Reciba Vd. un muy cordial y amistoso saludo de

María Zambrano

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04/02/2009 19:23 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: Testimonios y homenajes No hay comentarios. Comentar.

10/02/2009

Antonio Fernández Molina, in memoriam por FERMÍN EDERRA ANDÍA

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En ABC de Madrid apareció hace mucho tiempo la siguiente esquela: "Al Poeta Antonio Fernández Molina. Escritor Pintor en el segundo aniversario de su muerte que tuvo lugar en Zaragoza el 20 de mrzo de 2005. D.E.P.". Así, como queda reflejada sin que nadie se responsabalice de su publicación. Es decir, es una curiosa esquela anónima, que, por ello, me ha impresionado.

A Antonio Fernández Molina (Alcázar de San Juan, 1927) le conocí en Alcalá de Henarés en el año 1951, cuando ambos encuadrados en las Milicias Universitarias hacíamos nuestras prácticas en el arma de Caballería., él como sargento y yo como alférez. En aquel entonces, Antonio, incomprendido en el ambiente en el que se movía, escribía versos continuamente en un cuaderno que llevaba consigo. Por azares de nuestras respectivas actividades de la vida militar fuimos trabando conocimiento, y conforme más le trataba más me subyugaba su entonces extraña personalidad, y el fondo y forma de sus versos y poemas que, de vez en cuando, me dejaba leer.

En muchas ocasiones se refería a las incompresiones de que era objeto y me leía alguna poesía alusiva al momento en que vivía, como ocurrió una noche en que dialogando en un café de Alcalá, lleno de humo y de ruido, después de contarme su etado anímico lo concretó en el siguiente poema:

Siendo deseos de salir gritando.

No puedo más, arde mi pecho.

Una montaña encima de los hombros

y el crepúsculo mísero a lo lejos.

Escucha, compañero, no te marches

que está mi soledad anocheciendo

y con las sombras llegará despacio

la vaguedad intensa del silencio.

¿Por qué los vientos me golpean

las espaldas famélicas?

Soy ángel de ceniza, tú lo sabes

y la ceniza se la lleva el viento.


El verso me produjo una impresión profunda, pues lo improvisó ante y para mí, y con él me quedé. Refleja, a mi juicio, perfectamente las inquietudes y zozobras del momento en que vivía, y la angustia que sentía en su interior.


Le consolé lo mejor que supe y pude y durante nuestra corta estancia en la ciudad del Henares se estrechó nuestra amistad y yo le ayudé en lo poco que podía y estaba a mi alcance, concretado, casi únicamente a escucharle y animarle en su labor literaria todavía incipiente. Abandonada la vida militar, en muchos años no había vuelto a tener noticias suyas y me preguntaba continuamente que habría sido de él, si habría seguido con sus intenciones inclinaciones literarias que a mí me parecía que tenían que cuajar en algo importante, dadas su sensibilidad y perspecacia e inteligencia, de las que me dio pruebas abundantes.

Así las cosas, un día me enteré, casualmente, que en la Galería Orfila, en Madrid, se celebraba una exposición de cuadros de Antonio Fernández Molina, que supuse era mi poeta del comienzo de los años cincuenta y allí puede comprobar que efectivamente Antonio seguía vivo y batallando, además de las letras, en otra actividad nueva, cual era la pintura.

Al poeta no pude verle, pues vivía en Mallorca y cuando fui de visita a la Galería ya había vuelto a su isla.


Posteriormente, en la misma Galería Orfila tuve la suerte de localizarle, en una nueva exposición de sus  pinturas. Me presentó a su esposa, le entregué "nuestro" poemita y hablamos de los antiguos tiempos. Antonio ya no era el poeta que yo conocí, ni física ni animicamente.

Desde entonces, hace ya unos años, no había sabido nada nuevo de Antonio, hasta que la publicación "El Punto de las Artes", que recibo periódicamente, me dio noticia de su fallecimiento. Pero curiosidades de la vida, en la última Feria de Otoño del libro viejo y antiguo (29 septiembre-15 octubre 2006) me encontré con un libro de Antonio de título: El cuello cercenado, poesías que escribió entre los días  11, 12 y 13 de noviembre de 1954 en Uceda (Guadalajara), donde ejercía su magisteria en las Escuelas de niños y adultos. El libro, editado por el Gobierno de aragón el 13 de noviembre de 2004, a los cincuenta años de haberse publicado y prologado por Raúl Herrero en abril de 2004, me rretrajo a los años juveniles y, en especial, al de mi conocimiento con Antonio.


Raúl Herrero ha rellenado el espacio en blanco qeu tenía sobre mi poeta, dando cuenta de que "meses después de la parición de El cuello cercenado, el poeta se casa con su prometida Josefa Echevarría. A principios de los años sesenta se traslada con su familia a Palma de mallorca para ejercer de secretario de Camilo José Cela y de la revista ’Papeles de Son Armadans?. En los setenta se traslada a Zaragoza desde donde desarrolla su particular obra hasta hoy".

Desde abril de 2004 hasta el 20 de marzo de 2005, no sabemos la actividad que desarrolló Antonio Fernández Molina, cuya esquela anónima nos recuerda su fallecimiento hace ya más de dos años.

Descanse en paz tan interesante e inquietante poeta.


Fermín Edarra Andía

Licenciado en Ciencias Económicas

Abogado

[El artículo se publicó en ABC en la sección Tribuna Abierta el 6 del 6 de 2007]

 

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10/02/2009 10:49 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: Testimonios y homenajes No hay comentarios. Comentar.

18/02/2009

Antonio Fernández Molina, poema de Alfonso López Gradolí

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Nació en Alcázar de San Juan, aunque su familia
era de Guadalajara, pero no sé si ello importa
para esta carta o poema. Su abuelo estaba en Casas
de Uceda y era ganadero; el padre había muerto
       al comienzo
de la guerra española de los tres años. Las biografías
dicen que es universitario, años más tarde hace
        “Doña Endrina”,
una rara y excelente revista literaria, trabaja
       de maestro,
publica sus primeros libros y decide ser enterrado
       en Casas
(él llama así al pueblo que es protagonista en una
de sus novelas), donde conoce a su mujer Josefa
       Anastasia.
En este lugar, con sol de agosto, me ha enseñado
Sus dibujos, collages, acuarelas excepcionales.
       Antonio
Leonardesco, duchampiano, fascinante, competente,
creaba en sus grafismos formas larvadas de semilla,
de pre-formas, antiformas del campo mental
        del artista
con halos de luz, de fuerza, de oscuridad y muerte,
el renacimiento terrible de una agresividad oculta,
una continua apertura de lo ignoto
       y de lo que parece
superreal por ser la realidad otra que inventa,
       descubre
y fascina ya que viene del misterio. Las imágenes
de A. F. Molina son paisajes con árboles, montañas,
rocas, insectos, peces, pero nada es lo que parece
o nada llega aparecer que es tal cosa,
       no representan,
son algo que hubiera podido ser y lo que es si así
       lo dibuja.
Dicen que es un hombre sencillo y un artista raro
su país es únicamente el que se encuentra
       en su alma.
Su tierra es la que tiene calles viviendas,
Quizá en su infancia vio algunas destruidas.
Abandonadas gentes vagabundean por el aire,
no se sabe si buscan un refugio, pero habitan
dentro de su alma. Cuando está Antonio
        en su estudio
quiere encontrar la solución ante el lienzo
        y oye a veces
esquilas y balidos de un rebaño imaginario, las ovejas
cruzan la superficie del cuadro, vuelve su infancia
     campesina,
la luz, olor del pueblo y como en el poema
      de Roberto Goa
el pintor tiene en su mano en vez del pincel
       la hoz segura
que conseguirá la hierba para su ganado
        y en sus cuadros
las casas llevan zapatos y estos tiene ojos
       y los gallos
un reloj entre las plumas. En sus dibujos están
       las intenciones
expresadas de ordenar el caos y la confusión del mundo.
Si alguna vez hace un dibujo ordenado le añade
un elemento insólito, humorístico, una rueda
       en lugar de un pie,
un zapato donde debería estar una mano.
El pez aparece con frecuencia en sus obras
situado en el cielo, en los sombreros, en los tejados,
nunca en el agua ni en una pecera; cuando Antonio
tenía tres años le sacaron de un estanque
       en su pueblo
donde se había metido a coger peces y trasladarlos
        a otros lugares.
Alguien dice de él que es superrrealista o pertenece
        al arte del absurdo,
él traslada el mundo que nos rodea pero visto
       por la lente
de un radical desacuerdo, con burla, rechazo,
       evasión y miedo;
resulta todo teñido de una incoherencia aparente:
       dos lunas
en el cielo, un pez tumbado sobre un campanario
pueblerino.
“Crear lo que no vemos es poesía”, dijo alguien y
Antonio
pinta lo que sólo él ve: un gran insecto que es a
medias
una esquina y la otra mitad una criatura humana.
Pinta
lo que nunca verán otros, sabe que las cosas no
son limpias
y continúa haciendo cuadros o poemas, le recuerdo
con su gran carpeta llena de dibujos, subiéndose a un
barco,
dibujando en la butaca de cubierta. Grafismos a los
que no veo
antecedentes, la pierna que termina en una rueda de
bicicleta,
el brazo con dos manos, la puerta de la casa es una
cabeza,
los pájaros se hacen letras al caer al suelo.
Antonio Fernández Molina, cuántos libros has publicado,
llegando a Madrid para estar unas horas y desaparecer
deprisa,
qué importante vas a ser, lo que dirán de ti cuando te
mueras.


Alfonso Lopez Gradolí   


[Ester Molina, hija de AFM, nos remite este poema que Gradolí dedicó a su padre]

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18/02/2009 19:15 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: Testimonios y homenajes Hay 1 comentario.

24/02/2009

Obituario de Antonio Fernández Molina por LUIS ANTONIO DE VILLENA

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OBITUARIO. ANTONIO FERNANDEZ MOLINA
Un poeta prolífico de escasa suerte literaria
LUIS ANTONIO DE VILLENA

Quizás avejentado, pero bien trajeado y con veraniego sombrero de paja, recuerdo a Antonio Fernández Molina -en Cuenca creo- en un congreso estival sobre el postismo, al que fui a dar una conferencia.

Para quien quisiera oírlo, casi todo en Fernández Molina era una queja o la implicaba. No siempre lo citaban entre los postistas (Carlos Edmundo de Ory, Eduardo Chicharro hijo) y él había estado allí. Le faltaba reconocimiento, atención, posibilidades. Sé que los últimos años de este poeta han sido de lamento y ardua resignación.

La Literatura -la Poesía- no habían sido justas con él. Y sin embargo recorrió ampliamente sus caminos. Sabemos ahora, tristemente, que se quedó en puertas de casi todo. Acababa de ser propuesto como candidato al premio Príncipe de Asturias, y el ayuntamiento de su manchega ciudad natal quería hacerlo hijo predilecto. No ha dado tiempo.

Antonio Fernández Molina nació en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) en 1927. Y era maestro. Muy joven, estuvo cerca de la vanguardia postista que, con Gregorio Prieto, Angel Crespo, Nieva, tanto tuvo que ver con esas tierras.

Con 24 años, Fernández Molina fundó y dirigió una de aquellas muchas y nobles revistas provincianas de la época, Doña Endrina.Luego fue secretario personal de Camilo José Cela, en Mallorca, siendo secretario (sustituyendo a Caballero Bonald) de la influyente revista Papeles de Son Armadans hasta 1967.

Su primer libro de poemas se editó en Madrid, en 1953, Biografía de Roberto G. Ese mismo año publicó Una carta de barro. En Caracas, en 1956, se publica Semana libre y las fuerzas iniciales, y en Bilbao, en 1960, Sueños y paisajes terráqueos.

Antonio Fernández Molina tuvo plurales inquietudes poéticas, y se le puede encontrar entre la vindicación surrealista y el apetito de la palabra en libertad, igual que en la poesía más directa y comprometida (Leopoldo de Luis, en 1965, lo incluyó en su célebre antología Poesía social). Pasados esos años de reivindicación y lucha, la figura de Fernández Molina se desdibuja un tanto. Parece un poeta solitario que no ha hallado su sitio ni siquiera su camarilla, pese a existir tantas. Él no cejó, no obstante, en su actividad de poeta, antólogo, traductor y también pintor y dibujante. Desde hace años vivía en Zaragoza.Allí había publicado ya Arando en la madera (1975), Antología de la poesía cotidiana, y el que ha sido, hace un año, el último de sus libros en vida Aromas de galleta, para público infantil.Más allá de los linderos de la calidad, que Historia y crítica deben deslindar, queda claro que Fernández Molina -algo huraño, al fin- no fue un hombre con suerte literaria. Francisco Nieva, en sus memorias Las cosas como fueron, recuerda, fugazmente, a Fernández Molina entre los postistas: «sereno y extremadamente receptivo».

Antonio Fernández Molina, poeta, nació en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) en 1927 y falleció en Zaragoza el 20 de marzo de 2005.

[Este artículo de Luis Antonio de Villena se publicó en el diario El Mundo el lunes 21 de marzo de 2005. El lector lo encontrará en su contexto original en el enlace: http://www.elmundo.es/papel/2005/03/21/opinion/1773219.html]

[El retrato de Antonio Fernández Molina procede de la siguiente página:

http://www.hamacaonline.net/obra.php?id=660]

 

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24/02/2009 14:24 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: Hemeroteca No hay comentarios. Comentar.


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