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antonio fernández molina
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Pidalita

Pidalita

Aquel hombre había inventado un animal que sabía escribir: Pidalita. Su aparato digestivo funcionaba con normalidad y cuando se le llamaba por su nombre (atendía por Sócrates) levantaba el rabo y saludaba.

Su dueño lo vendió muy barato. Había pasado su larga vida ocupado exclusivamente en crear este bicho y cuando lo consiguió estaba cansado, sin dinero y al borde de la tumba. Pero se equivocó y siguió viviendo y pasando hambre. Últimamente acudía a los mercados a revolver entre la hortaliza podrida.

Mientras tanto Sócrates aprendía tretas nuevas. La última era escupir a sus dueños. Aunque le habían hecho una magnífica casita en el jardín y tenían para él toda clase de atenciones.

En cuanto a escribir, sus progresos son muy notables y Sócrates ha salido poeta.

He aquí una de sus estrofas:


Saludo sal salero cobra

en las tardes golomat indo

indo bien indo indo

y el nunca plafe de la gruta


Y no solamente escupe gargajos gelatinosos, además lanza con violencia contra las paredes una masa azulada, verdosa, amarillenta, sanguinolenta, según las ocasiones, y así dibuja escenas de gran procacidad y belleza.


Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina

[El siguiente texto pertenece al libro Dentro de un embudo (Editorial Lumen, Barcelona, 1973).]

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