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Homenaje a Bécquer (Artículo de A. F. Molina)

Homenaje a Bécquer (Artículo de A. F. Molina)

Una fascinante obra de Juan Eduardo Cirlot


La deuda de la poesía española con Bécquer es evidente. Su influencia la más destacada y positiva desde que aparecieron las "Rimas" está presente de una manera más o menos visible, en los mejores poetas españoles que han venido después. Los más grandes se han reconocido sus deudores y la importancia de su obra se admite de una manera que puede llamarse unánime. Bécquer es el poeta del amor; pero al mismo tiempo el primero que inauguró entre nosotros el espíritu moderno yendo a la poesía por el camino de lo esencial.

Juan-Eduardo Cirlot, que tan inquieto se muestra en todo momento en una actitud que es a un tiempo la del que ahonda en su propio mundo y aparece curioso por lo que sucede alrededor publica ahora un "Homenaje a Bécquer" (1). Este trabajo poético se escribió en primera versión en 1954 y la de ahora es una segunda versión, primera que se publica.

Sobre el poema de Bécquer "Volverán las oscuras golondrinas" hace Cirlot unas combinaciones que cargan los elementos becquerianos de musicalidad, de lirismo y de dramatismo. El resultado es fascinante. Los ecos becquerianos parecen resonar como por una larga galería de espejos sonoros en la que nos vemos envueltos por su lectura. Allí están, en estos versos, en estas palabras de Bécquer colocadas en otro orden, todo el poema de Bécquer, todo el mundo del poeta y la personalidad de Cirlot ofrecida desde un ángulo que nos la muestra más enriquecida y nos la explica más ampliamente. Un mundo lleno de intuiciones, de presagios en el que se confunden la emoción lírica, el placer intelectual y el mundo musical, se unen en una suerte de simultaneidad. Como si el poema de Bécquer, escenificado, declamado e impreso se proyectase simultáneamente en una visión caleidoscópica. Este es in duda uno de los pasos importanets que ha dado la poesía por el camino hacia el que nos dirigimos cada día de una manera más evidente, en la integración de las artes.

El sistema de combinaciones que ha utilizado Cirlot es sumamente atrevido, pues ha trastrocado el poema de arriba a abajo, lo ha descompuesto y vueleto a compoer, sin que se noten las costuras. El talento de Cirlot y su profundo "conocimiento" de Bécquer han obrado el prodigio. El resultado es tan becqueriano que no podemos por menos de pensar si no sería esta versión la que el mismo poeta romántico pediría para los tiempos que corremos.

El trabajo de Cirlot, que se ofrece a tantas consideraciones, es en cierto modo similar al que ha hecho Picasso en torno a "Las Meninas". Es también una suerte de recreación en torno a un tema que procede de un clásico en el qeu un artista del pasado surge explicado de nuevo. Pero sin entrar en comparaciones que siempre suelen ser extemporáneas y enojosas es preciso señalar que el trabajo de Cirlot ha penetrado más dentro del espíritu de su modelo. Esto quizá se deba a que el siglo que vivimos tan caótico, tan aparentemente contradictorio, tan insólito y atrayente está dentro de la órbita del romanticismo que, por otra parte, en su sentido más generalno sería extraño que volviera a ponerse de moda, y sabido es con cuánta frecuencia el poeta camina por delante de su tiempo.

Cirlot, utilizando las imágenes y las palabras de Bécquer, hace su propia poesía. Las puertas en que está dividido este homenaje están tan cohesionadas entre sí que su lectura cobra una intensidad ascendente conseguida por acumulación y el citar uno de estos fragmentos aislado no daría sino una pálida idea de lo que significa dentro de ella. Por el momento creo que no es aventurado asegurar que los dos más originales homenajes y de más proyección para el futuro que se han dedicado a Bécquer han sido éste de Cirlot en verso y las "Cartas a las golondrinas" de Ramón Gómez de la Serna, en prosa.


Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina

(1) Juan-Eduardo Cirlot. "Homenaje a Bécquer". Barcelona, 1968. Imprenta Juvenil (Ed. del autor).


[Este artículo de A. F. Molina se publicó en el diario La Vanguardia el 26 de septiembre de 1968]

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