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antonio fernández molina
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Albores del espíritu

Septiembre de 1946. La pobre España, a más de siete años del 1 de abril del 39, todavía estaba regida por la declaración del estado de guerra. La resistencia del «maquis» seguía activa y el tableteo de los fusilamientos aún era un sonido cotidiano y funesto. Los militares, en exclusiva, impartían la justicia en el país. En este ambiente tan inmisericorde aparece en Tomelloso la revista Albores, que enseguida pasó a llamarse, engrosando el título, Albores de espíritu, denominación impregnada de ciertas resonancias falangistas; una revista, en definitiva, muy prudente en medio del híspido y susceptible entorno, con un amable temperamento que contrastaba con el rostro iracundo de la ofensiva nacional-católica exhibido por el diario Lanza, que había hecho su aparición tres años antes. Sin embargo, los pilares de Albores se sustentaron (lo señalan los editoriales y otros textos) en un catolicismo y españolismo como estandartes propios de la época, mas sin ser agresivos, mostrando un carácter escurridizo en relación con los presupuestos ideológicos imperantes.

La publicación, de periodicidad mensual, se mantuvo, a lo largo de 36 números, desde septiembre del 46 a mayo del 49. Los cuadernos de cada entrega, de 24 páginas cada uno y de tamaño algo mayor que una cuartilla, con variedad de tipos de letra y la inclusión de bastantes fotografías e ilustraciones, eran de lectura muy agradable para el lector medio, cosa que siempre pretendieron los impulsores de la revista. Supuso en esos años, para ese poblachón rural que Tomelloso era, la posibilidad de disponer de un justo y consolador magacín adecuado a las necesidades de la época, dulcificando la miseria material y cultural de la aún tan quemante posguerra.

Hoy el anhelo de recuperación de esta grata memoria está de enhorabuena, ya que la encomiable editorial ciudadrealeña Biblioteca de Autores Manchegos acaba de editar, en dos flamantes tomos, la edición facsímil de la colección completa de esta revista. Los subsidios bibliográficos de la edición son inmejorables y corren a cargo del profesor Antonio Serrano, un ciudadrealeño afincado desde hace mucho tiempo en Almería y que creó, en esta capital andaluza, las Jornadas de Teatro del Siglo de Oro que este año celebrarán nada menos que su 28ª edición.

Albores de Espíritu se materializó gracias al impulso de un grupo de tomelloseros desde «una idea surgida, nacida y madurada en los ambientes de los carmelitas (en concreto, del Padre Pedro Benítez y del Padre Bernardo Martínez) y del colegio Santo Tomás de Aquino», escribe Antonio Serrano, autor, como hemos dicho, de la cabal introducción que abre la edición y de los utilísimos índices que ayudan a ubicar certeramente la localización de los numerosos textos e ilustraciones, tanto fotografías y dibujos como diverso material gráfico, con los que la revista se ofrecía. Es en 1943 cuando los carmelitas, mostrando un inmejorable talante conciliador en esos tiempos envarados, llegan a Tomelloso. La revista siempre estuvo patrocinada por las tomelloseras Bodegas Santa Rita, empresa que elegantemente nunca se anunció en sus páginas, y dirigida en todo momento por el entonces joven periodista Francisco Adrados Fernández, quien a pesar de sus ideas republicanas y laicas congenió a la perfección con esos buenos padres carmelitas.

Director no adepto al régimen

El seguro patrocinio de Albores de Espíritu proporcionó una sana independencia en la marcha de la revista y una coherencia editorial a lo largo de toda su andadura. Previamente no se había solicitado subvención oficial alguna para los gastos de publicación, teniendo la suerte de encontrar el patrocinio de las bodegas mencionadas. Pero si la petición de ayuda se hubiese cursado, la respuesta hubiera sido negativa, como tajantemente afirma el profesor Serrano, «al menos, no con el equipo de redacción que presentaba. No hubiera habido ayudas económicas a una revista dirigida por un casi muchacho de 21 años no adepto al Régimen y además hijo de un represaliado de guerra. Y además, por si todo fuera poco sospechoso, la revista se imprimiría en los talleres penitenciarios de la Prisión de Alcalá de Henares».

La revista, significativamente, se subtitulaba Revista mensual de exaltación Manchega (con mayúscula el adjetivo) y tenía un tono culto, que hoy llamaríamos de divulgación, exhibiendo en sus trabajos, no sólo los que publicaron auténticos escritores que en ella colaboraron (García Pavón, Juan Alcaide, Ángel Crespo, entre otros), una muy correcta redacción expresiva. Sus secciones se repartían entre los reportajes dedicados al paisaje, la monumentalidad y la idiosincrasia manchega (lagunas de Ruidera, castillos de la Mancha, etnología propia), crítica de libros y de arte, noticias sobre destacadas personalidades manchegas e incluso páginas dedicadas al deporte comarcal y a la mujer. Sobresale en el conjunto de sus páginas el homenaje tributado con motivo del cuarto centenario del nacimiento de Cervantes, y para tal evento se contó con las firmas de un Camilo José Cela entonces ya en alza y el ilustre cervantista Luis Astrana Marín. Un texto muy avezado, en este sentido, es el publicado en el número 11, dedicado al centenario cervantino y con mayor número de páginas, por Francisco García Pavón sobre la técnica novelística del Quijote.

El género de las revistas

En Castilla-La Mancha el interés por el estudio y la edición de las revistas aparecidas en su territorio viene siendo notorio. De obligada consulta es el volumen La poesía en las revistas de Castilla-La Mancha (1939-1975), publicado en 1988 por la Diputación de Cuenca y abordado por los grandes especialistas en el tema Hilario Priego y José Antonio Silva y que reproduce los primeros números de las publicaciones regionales Deucalión de Ciudad Real, Desde el empotro de Valdepeñas, Doña Endrina y Trilce de Guadalajara y las conquenses El Molino de Papel, Aquí el Alma Navega y Gárgola. Priego y Silva han acordado con Almud, en su Biblioteca Añil Literaria, la confección de un nuevo volumen sobre las revistas castellano-manchegas en el periodo de la democracia; asimismo habían sido los editores de la edición facsímil de los 50 pliegos de poesía El Molino de Papel, dirigidos por el recientemente fallecido Eduardo de la Rica desde 1955 a 1967, que la Diputación conquense publicó en 1997. En 1986, la Diputación de Ciudad Real editó el facsímil de los 11 números de la revista Deucalión, que Ángel Crespo llevó a cabo en los primeros años cincuenta; esta reedición estuvo acompañada por un número cero preparado para la ocasión por el propio Crespo. Hay que destacar también la labor de otra empresa editorial de Ciudad Real, Archeles, cuyo propietario es Antonio Ortega Carnicer, que ha publicado facsímiles de otras importantes revistas castellano-manchegas y de la época, afines todas ellas entre sí, como Doña Endrina, El Pájaro de Paja o Poesía de España, dirigidas también por destacados ciudadrealeños o castellano-manchegos como el propio Crespo, Federico Muelas y Antonio Fernández Molina.

 

Información extraída del enlace:

http://www.abc.es/20110226/local-toledo/abci-albores-espiritu-redivivos-201102261511.html

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