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Resumen

01/12/2008

A Antonio Fernández Molina (Poema de Marisa Lanca)

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Me apetece dedicar este día a Antonio Fernández Molina. Un maravilloso poeta-pintor-amigo que hace muy pocos años se fue. Y nos dejó un legado apabullante de palabras e imágenes para soñar, pasear, imaginar, pensar... Muy recomendable una zambullida en su mundo ¿por qué no?

Aquí os dejo un poema que escribí al poco de su fallecimiento.


A ANTONIO FERNÁNDEZ MOLINA
In Memoriam

Delicias versiculares
teñidas de ironía fresca,
un soplo, casi un gemido
de savia, obra maestra.

“Antonio, no sabes perder”
gallinas, peces y nubes
le dicen, mientras la luna
sonríe, ¿caras o cruces?

Ha llegado la luz,
todos los colores al unísono
te saludan. Un alud
de sombreros con alas felices
comienzan el baile
con premura.
¡Ya viene, ya viene!

Versos con abrigos de lana
disfrutan
de la nueva brisa,
la de tu mirada.

 

[Nos envía este poema Marisa Lanca desde su recientemente creado blog: http://marisalanca.blogspot.com/2008_11_01_archive.htm]

01/12/2008 20:09 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: Testimonios y homenajes No hay comentarios. Comentar.

02/12/2008

Antonio Fernández Molina por JUAN MANUEL BONET

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Imagen: "Bodegón"
Antonio Fernández Molina
Técnica: Óleo sobre lienzo
Medidas: 100x68 cm

A Josefa Echeverría Con el desaparecido Antonio Fernández Molina, poeta, narrador, pintor, crítico de arte, personaje multifacético, uno ha coincidido en más de una batalla.


Por Ramón Gómez de la Serna y lo que el de Alcázar de San Juan, que ilustró alguna de sus reediciones póstumas, llamaba, con formula definitiva, sus “greguerías dibujadas”. Por el “altamiresco” y luego pre-minimalista Mathias Goeritz, al que él ya publicaba a comienzos de los cincuenta. Por el porteño y martinfierrista Xul Solar del que supo antes que nadie. Por el postismo, a cuya estela perteneció como poeta, pareciéndose su situación, en ese sentido, a la de sus amigos Gabino-Alejandro Carriedo y Ángel Crespo. Por el impar Juan-Eduardo Cirlot, que en 1969 escribió en la vanguardia una columna pionera sobre sus dibujos, en la que comparaba su caso con el de Michaux. Por su Alejandra Pizarnik con la que nunca llegó a encontrarse pero con la que estuvo en correspondencia. Por su paisano Antonio Beneyto, también corresponsal de la anterior, con la que ambos compartían su condición de poetas-que-pintan…Zaragoza, pero también Teruel y su dinámico museo, Veruela, Madrid, donde lo entrevisté para Diario 16 con motivo de una de sus individuales y donde presenté su conferencia en la Galería Guillermo de Osma sobre el mencionado creador argentino, inventor de la “panlengua”, fueron los escenarios de nuestros encuentros, en los que a trancas y barrancas, hablábamos de lo divino y humano. Postista de la segunda oleada, el manchego errante Antonio Fernández Molina, que antes de recalar en Zaragoza residió primero en Guadalajara y diversos pueblos de su provincia, y luego en Palma de Mallorca, pertenecía casi de siempre, y como acabo de decirlo, a la amplia familia de poetas que pintan. Expuso sus “amables monstruitos”, como los designó su colega y amigo –y también ocasionalmente dibujante- José Hierro, en diversas galerías –entre ellas las madrileñas Seiquer, Orfila, Juana Mordó y Ra de Rey- y centros de arte. La primera de Antonio Fernández Molina, que compartió con Antonio Beneyto, tuvo lugar en 1968, en las históricas Galerías Costa, de Palma de Mallorca, que todavía era su ciudad de residencia, pronto sustituida por Zaragoza, donde en 1972 comparecería en solitario en Libros, y donde mucho más recientemente, en 1999, Miguel Marcos lo incluiría en su programación. Mucho antes, en 1952, en los tiempos de su revista Doña Endrina, cuando todavía no había publicado libro alguno, había organizad, en los altos de un bar, el Soria, una muestra de vanguardia en Guadalajara, y había participado en una muestra colectiva de escritores-pintores organizada por Ramírez de Lucas para el club de prensa de Madrid. En 1961 lo encontramos en otra de lo mismo, itinerante por varias ciudades argentinas, y en homenaje a otro singular martinfierrista, el peruano Alberto Hidalgo, el fundador de la Revista Oral de Buenos Aires. Remiro las ilustraciones-dibujos, cuadros, aguafuertes, serigrafías- contenidas en los catálogos y libros de Antonio Fernández Molina. Releo lo que han escrito sobre su obra plástica críticos como los citados Cirlot, Hierro y otros como Enrique Azcoaga, Carlos Areán, Rafael Soto Vergés, Claudio Bastida, Eduardo Alamitos, encarnación Pisonero o su estricto paisano Corredor Matheos. Animales domésticos y otros fantásticos, pájaros multicolores, mares poblados de peces –el pez, dijo el poeta “me ha sacado de muchos atolladeros”-, lunas y “lanatiquerías”, equilibristas, corazones, árboles, insectos, rocas, castillos encantados, escaleras que no conducen a ninguna parte, grandes cabezas en el horizonte, grandes ojos, números y letras en libertad, aperos de labranza, maniquíes ramonéanos, gigantas, ciclistas, automóviles, carnavales, pueblos soñados de la España profunda, presididos por altos campanarios con relojes… Un mundo rural –Poemas en la aldea se titula, casi a lo Francis Jammes, un libro suyo de 1963, y Paz campesina, un óleo de 1982-, pero pese a que le gustaba mucho la pintura y la literatura de José Gutiérrez Solana, no un mundo España Negra.

Juan Manuel Bonet

 

[El presente texto sirvió a Juan Manuel Bonet para inaugurar la exposición de Antonio Fernández Molina Poesías en la Galería Amador de los Ríos de Madrid del 05/03/2003 al 14/03/2003].

Si desea el lector contemplar alguna de las obras expuestas, además de la que figura como viñeta en la parte superior, puede enlazar con la dirección:

http://www.galeriaamadordelosrios.com/ficha_expo.php?tipo=archivo&id=4

02/12/2008 20:14 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: A.F.M. pintor No hay comentarios. Comentar.

03/12/2008

CANDIDATO AL PRÍNCIPE DE ASTURIAS (Texto de Antón Castro)

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Antonio Fernández Molina (Alcázar de San Juan, Ciudad Real, 1926) ha sido propuesto como candidato al premio Príncipe de Asturias de las Letras. La iniciativa procede de la Fundación Camilo José Cela de Padrón y nace de la consideración de la obra literaria de un autor dotado de gran personalidad, que ha sabido manejarse con fluidez en casi todos los géneros. Tanto en la narrativa larga, ahí está una novela como “Solo de trompeta”, como en el relato breve o brevísimo, en la poesía, el ensayo literario o de arte, el teatro, el guión cinematográfico, la narrativa infantil e incluso en la biografía. Fernández Molina se ha acercado a Dalí y Picasso en su faceta de escritores. Antonio Fernández Molina, que coordinó en los años 60 y 70 varios números de “Papeles de Son Armadáns”, la revista que dirigía Cela y de la cual él fue secretario, ha publicado alrededor de un centenar de libros. Su poesía completa la ha recogido en tres volúmenes Libros del Innombrable, y hace pocas semanas el Gobierno de Aragón reeditaba su libro “El cuello cercenado”, que acompaña de una versión al inglés. Próximamente, la editorial Menos cuarto de Palencia publicará una amplia antología de sus breves relatos, al cuidado de José Luis Calvo Carilla, y la historiadora del arte Concha Lomba trabaja en una exposición de su obra pictórica y gráfica para el Paraninfo. Antonio Fernández Molina dirige actualmente la revista “Almunia”.

 

Antón  Castro

 

[El periodista y escritor Antón Castro redactó y publicó esta noticia en Heraldo de Aragón cuando Antonio Fernández Molina sonaba como candidato al Premio Princípe de Asturias días antes de su fallecimiento en el año 2005.]

 

[En la imagen superior fotografía de Juan Francisco Nevado]

© Juan Francisco Nevado

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03/12/2008 19:15 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: Hemeroteca No hay comentarios. Comentar.

07/12/2008

Himno apasionado para acompañar las obras de José María Valtueña

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“Las ventanas del corazón se asoman,
desde los acantilados, a las aguas del océano”
ANDRÉS RUBIO

“En la biblioteca había varias ediciones
de las obras completas de Julio Verne”
ROBERTO GOA


INTRODUCCIÓN

Trabaja, como para completar el libro de páginas infinitas de la luna, José María Valtueña.
Expresa aspectos múltiples del laberinto de la realidad.
Los detalles del rostro del laberinto son cual fragmentos de la partitura épico-lírica-metafísica de un poema con alas invisibles, ojos en el corazón y raíces penetradoras.
Cual si raspara en obras maestras de los gigantes y aparecieran formas, líneas, colores de otra edad, de otro tiempo, de otra dimensión que nos engloba por el pasado y el porvenir.
¡Fragmentos de las guardas de tomos sueltos de las obras completas del Creador!
¡Cuando José María Valtueña baja las escaleras del pozo, sus ocupaciones, sus colores, proceden del rubor de las preocupaciones de la realidad!
Rubor del membrillo, rubor del saltamontes, rubor de la veleta y de la teja, de la ocarina del guardabosques, del ornitorrinco y la madreperla, de la opulencia y la extravagancia, del alegato del frío, del ganado lanar, de la empanada, del valle elevado, de la montaña sumergida…



PARÉNTESIS

Jamás impasible, nunca le detuvo lo imposible.

Malabarista cauteloso, pacifista, inconformista, loco por realizar excursiones en los aledaños de las barriadas protegidas por hadas de rostro emborronado a las puertas salpicadas de los huertos dormidos.

Velos, veloces veleros inmóviles en hábiles días festivos de goteras celestes.

J. M. V.

REPORTAJE

Enmendar la plana a los planos de los planes intelectuales.
¡Tempestades como fiestas, tempestades como crestas!
El testimonio de los colores en las praderas, en las piedras.

¿Quién dijo que los genios tienen nombre conocido –nombre y apellidos–, que los ingenios llevan en la testa el sarampión del conocimiento, que el orden es un desorden y viceversa, que el verso no ha de tener rima como los de J. M. V.,
o los de V - J. M.,
o de Julio Verne de las almohadas,
Julio Mari Valtueña
o José Mi Verne
en el viaje de Julio Verne Valtueña, alrededor de su cerebro como a través de los vericuetos del átomo de un átomo?
Por suerte, las rimas de sus versos son las cerraduras de las puertas del edificio que alberga.
¿El mundo está compuesto
de pequeños pedruscos,
de lunas cual sardinas
de regueros y ruinas,
de rumiantes felices,
de narices audaces,
de cauces, de colinas,
cocinas, dormitorios,
desvanes responsables
de la nada y el todo?
¿Por qué Verne Valtueña
pone puntos y comas
y camas y asteriscos
a las hambres del hombre
a las canas del hambre
a las casas de alambre
y a la tipografía de
las percepciones más profundas?

Verne Valtueña da forma plástica (¿y contemporánea escolástica?)
a laberintos borgianos.
Murales Verne-Valtueña-Borges.
Alfombras Voladoras Verne-Valtueña-Borges.
Propuestas de proyectos de vitrales para catedrales en construcción.
Planes y planos para la construcción de aldeas construidas en las guerras más últimas.
Cuadros y esculturas con temperatura humana inmutable.
Murales reversibles, extensibles, resumibles.
Bocetos de pañuelos para el País de los Gigantes.
¡Juegos, juegos, juegos! El mundo se hizo jugando.
De pronto nos sorprende la magia. Extrae un naipe de lujo de la manga.
Lujo y austeridad de justas e ilusiones.
Letras de canciones ultrasensibles.
Pamelas y toldos contra el ardor de los grandes veranos terrestres.
Evidencias de blanco de cera y dulce de miel.
Mosaicos de museos alegres y alegóricos.
Billetes de expertos jóvenes para viajar al territorio de los Grandes transparentes.
Mantos de fiesta de Viudas de reyes.
Runas solares.
Telones de boca para el insólito espectáculo.
Banderas-cometas en el dorso de “la Cocina de los Ángeles”, de Murillo.
Alegatos contra la funesta decadencia del orden.
Ante la resignación, audacia con gracia.
Pétalos de la inmensa flor del Paraíso.
Cimas de fuerza del espíritu.
Temas de lírica publicidad apasionada irónica.
Tablas de liberación frente a la nada.



MUSEO CRUDO PARA VALTUEÑA

El azar deja de serlo, cuando habla.
Ante el sin sentido, la insistencia para cuidar a los vegetales y a los minerales de los múltiples y únicos sentidos.
Con la apariencia inanimada y muda se construyen jardines agrícolas y fachadas de ciudades mágicas.
La nieve se quitó los guantes blancos y aparecieron las huellas dactilares de lo maravilloso.
¿Testimonios de sueños habidos en el claustro materno?
¡Qué risa ante las rentables consecuencias del arte de vanguardia!
Aunque se quisiera llevarle por el buen camino, no conseguiría desviarle del mejor…


ANTONIO FERNÁNDEZ MOLINA
2002


© Herederos de Antonio Fernández Molina


© de la fotografía que acompaña al texto, Valtueña.

[Agradecemos al artista Valtueña, al que se ve en la fotografía superior junto a Antonio Fernández Molina, que nos haya remitido este texto para reproducirlo en el blog. Según nos refiere el propio artista: "TEXTO ESCRITO A SU AMIGO PINTOR JOSÉ Mª BLASCO VALTUEÑA PARA EL LIBRO-CATÁLOGO [dios’a], PUBLICADO CON MOTIVO DE SU EXPOSICIÓN EN ZARAGOZA EN EL AÑO 2004. (Que yo sepa, no ha aparecido publicado en ningún otro sitio)".]

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07/12/2008 12:49 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: A.F.M. y el arte No hay comentarios. Comentar.

09/12/2008

MI ABUELO ANTONIO

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MI ABUELO ANTONIO

POR ELISA


 Yo quiero mucho a mi abuelo, me gusta estar con él y ayudarle a leer todos los libros que tiene en su casa.
 También él me ayuda a mí: con los deberes y con los estudios. Me lo paso muy bien con él, me lleva a muchos sitios: a exposiciones, a conferencias, a museos, al rastro y también al Vips.
 Lo que menos me gusta de él es que siempre está discutiendo con mi yaya Josefa y se enfada cuando alguien deja algo con sus libros y sus cosas.
 Por otra parte mi abuelo es genial. Cuando estamos mi prima Candela y yo siempre nos invita a un helado o nos regala alguno de sus cientos de libros o algún dibujo de los que hace en las servilletas de los bares y si hace un día malo nos invita al cine.
 Mi abuelo me viene a visitar todos los domingos y cuando mis padres se van viene a estar conmigo hasta que mi padre sale del trabajo.
 A mi abuelo le encanta comer porque de pequeño estuvo en la guerra y pasó mucha hambre.
 Mi abuelo nació en Alcázar de San Juan pero desde hace mucho tiempo vive en Zaragoza. Actualmente vive con mi yaya Josefa, con su hija Ester, con su hija Isabel, con su nieta Candela y cómo no, con miles de libros y cuadros que ya no caben en la casa.
 Tiene dos hijas más en Zaragoza: María Elena y mi madre Teresa, y otras dos que viven una en Logroño y otra en Guadalajara.
 No sé qué más contar así que me despido, pero antes os digo que mi abuelo es el mejor del mundo y no lo digo para presumir es que verdaderamente lo es.


[La nieta mayor de Antonio Fernández Molina y Josefa Echeverría redactó este hermoso texto hace algunos años, cuando todavía era una niña. El texto se incluyó en el libro Aroma de galletas, Media Vaca, Valencia, 2002]

[En la imagen superior Antonio Fernández  Molina con sus nietos]

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09/12/2008 20:23 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: Testimonios y homenajes No hay comentarios. Comentar.

11/12/2008

II Premio Internacional Antonio Fernández Molina al Espíritu Patafísico

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Como ya informásemos en su día, el II Premio Internacional Antonio Fernández Molina al Espíritu Patafísico recayó en el poeta Carlos Edmundo de Ory.
Aprovechamos la inauguración del nuevo alojamiento del Colegio Patafísico de Granada para reseñar la biografía del galardonado, al tiempo que se impetra a la Subprocuraduría General de Lábaros, Distinciones y Méritos del IPG vaya, precisamente, procurando la organización de la entrega del premio, la cual, según los estatutos de la Dignísima Institución, debe tener lugar en el transcurso de esta década o, como mucho, la octava del siglo XXI.

Carlos Edmundo de Ory es un poeta, ensayista, epigramista y traductor español, nacido en Cádiz en 1923, hijo del poeta modernista Eduardo de Ory.

Su obra más personal se produce tras su traslado a Madrid en 1942 desde su Cádiz natal. Allí, junto Eduardo Chicharro y Silvano Sernesi, funda el Postismo. Una selección de poemas de esta época aparece en 1945 con el título de Versos de pronto.

En 1951 se inicia una nueva etapa en su poesía con la publicación del manifiesto introrrealista. En él aboga por la creación de un arte como manifestación de la realidad interna del hombre, expresado en un lenguaje que ha de surgir como invención a partir de misteriosos estados de conciencia. En 1955 se traslada a Francia. En 1968 crea el APO (Atelier de Poésie Ouverte). Se inicia entonces una tercera etapa, en la que la labor poética es entendida como creación colectiva.
También ha escrito varios libros de relatos en prosa recogidos en 2001 con el nombre de “Cuentos sin hadas” y la novela “Mephiboseph en Onou”.

Como él mismo ha dicho a raíz de la publicación de su antología Música de lobo (2003), su obra tiene dos temas principales:

Lo único que me fascina es el amor y el dolor. Como hombre, he de decir que todo se resume en eso, en el amor a los seres humanos afines, a la naturaleza, a la música, a la poesía; y en el dolor de la visión que revelan los versos de Alfonsina Storni: «Muchedumbre de color, / millones de circuncisos, / casas de cincuenta pisos / y dolor, dolor, dolor…». Porque van pasando los años y cuando se llega a mi edad se lleva con gran peso una cartilla cada vez más amplia de muertos muy queridos.
En el año 2006 recibe el Título Honorífico de “Hijo Predilecto de Andalucía”, concedido por la Junta de Andalucía.

El 6 de noviembre de 2007 deja un mensaje en la Caja de las Letras en el Instituto Cervantes que no se abrirá hasta el 2022.

De momento, ya está.

 

[El lector encontrará la noticia en su contexto natural en la dirección:

http://colegiopatafisico.es/cgi-bin/weblog_basic/index.php?p=5]

[Recreación de ilustración superior Mr. Mandrake: Carlos Edmundo de Ory patafísico].

11/12/2008 16:01 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: Hemeroteca Hay 1 comentario.

15/12/2008

Desde la torre de Mariano Esquillor por Antonio Fernández Molina

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No hace demasiado tiempo hablábamos aquí de la poesía de Mariano Esquillor. Pero Esquillor, si bien tardó en comenzar a escribir, posee en su interior material y sentimiento que emerge a borbotones, ahogando cada una de sus líneas con tanto caudal que a veces los mismos árboles de la retórica no dejan ver el bosque de la evidente calidad. Por eso, la crítica de Antonio Fernández Molina —que s una de las mejores que a nuestro entender han salido de su pluma— pone en una perfecta cuadratura el último libro de Esquillor. Y que nadie reproche a este autor su ingobernable acúmulo de frases: cada vez más sereno y siempre con el sentimiento íntimo por delante, pule unos bellos poemas en prosa, profundos y cuidados.

Javier Lentini


Desde la torre de Mariano Esquillor

por Antonio Fernández Molina


La labor poética de Mariano Esquillor se inició en 1973 con La colina eterna. Y durante estos años ha publicado con asiduidad libros de poesía que han ido configurando un muy interesante mundo poético, del que el presente libro hace el número doce. Y aunque tardíamente incorporado a la tarea de escribir, su entrega le ha llevado a superar este circunstancial retraso.
Esquillor escribe poesía en verso y en prosa. El libro que se comenta (1) pertenece a esta última forma y está integrado por 61 poemas de un valor independiente, que a través de la unidad que les sustenta configuran un conjunto que acentúa su intensidad e insinúa, a través de la temática, un a modo de hilo argumental.
El título podría predisponer a situarnos ante una poesía de corte más o menos tremendista, e incluso a desplazarnos hacia los ámbitos de un neomodernismo. Pero en cuanto nos adentramos en su lectura advertimos que tiene mucho que ver con el romanticismo, especialmente el alemán. El sentimiento y la fantasía juegan un importante papel y nos colocan en las lindes de lo visionario. También pueden advertirse ciertos ecos de goticismo, aunque Esquillor se mantiene en unos límites que le apartan de la retórica y de los excesos.

Nadie ha visto mi caballo perdido en la nieve. Nadie vio caer mi cuerpo abrazándose a las llamas del aire escuchando de la muerte las últimas palabras de la tempestad.
Con mi más serena postura sigo abriendo muros sin poder salir de mi sombría torre empañada por el llanto. Cuantos tréboles solitarios creciendo entre las piedras.
Me arrastra la noche. Un sacrificio le pido al sabio miedo: descanso para encontrar júbilo en mi aliento y ayuda para aniquilar el veneno de mi alma, ensangrentada.


Curiosamente, en estos poemas se percibe un paralelismo con aspectos de la poesía del chileno Mafhud Massis, y es aún más amplio con la obra de uno de los más grandes poetas en lengua castellana, el venezolano José Antonio Ramos Sucre, ambos seguramente desconocidos por Esquillor.
Jardín, tormenta, felicidad, luna, sombras, manos, y términos similares cobran en sus poemas un relieve de evidencia que expresan íntimas realidades, aventuras de lo profundo.

Tiemblo como un jardín bajo una gran tormenta. Mi felicidad fue siempre como una plegaria acabando en la primera sílaba.
De la sombra me retiro tendiéndome al amor de los quietos rayos de luna que yo mismo pinté con mis oscuras pero serenas manos.
Las ramas y hojas que durante la noche me sirven de lecho, en silencio buscan el débil calor de mi cuerpo. No sé quien llora más lejos del árbol que nos echó a la vida o nos arrojó sobre la muerte.

A veces sus poemas poseen una lógica imperturbable que conduce al desenvolvimiento de su exposición de una forma casi cartesiana. En otros hay ecos de la literatura francesa que pueden remontarse hasta Víctor Hugo. Ello, trasmutado a través de su personal alquimia en una realidad literaria que es la plasmación de una vivencias mezcla de retazos de evocaciones y de dietario. Ambas circunstancias se mueven en un mismo plano de importancia. Lo que sucediera, lo que ello aporta al momento presente y hacia el futuro se proyecta en la misma dimensión de lo que ha sucedido hace poco o de lo que está sucediendo.
A veces la experiencia que marca y enriquece procede de la contemplación de un detalle de la naturaleza, cual ver cruzar las nubes. Esta circunstancia cala en la sensibilidad del poeta con unos matices que tienen que ver con los que destacan en la poesía oriental.
El mundo de Esquillor es el resultado de una larga experiencia vital y de su fe en las posibilidades de la poesía. Se enriquece y extienda a medida que profundiza en el cultivo de sus posibilidades expresivas, se depura y afirma. Su dedicación intensa, durante estos últimos años, le ha llevado a ampliar los cauces de sus suscitaciones y a conectar con otros ámbitos de la cultura y de la poesía que de algún modo son afines, le ayudan a encontrarse y le enriquecen. Y así, su formación se ha realizado de una manera que coordina con sus inquietudes. Naturalmente integrado dentro de la poesía del momento, e interesado e informado de lo que sucede en su entorno sucede, no hace concesiones a ningún tipo de reclamo de lo circunstancial.
Su personalidad rechaza los mimetismos y le lleva a interesarse por aquello que para él posee una más esencial permanencia. De ahí que en su poesía asistamos a la evocación de un tono de un carácter de intemporal vigencia. Sus imágenes, que siempre están alimentadas por una esencial frescura no son modernas por el qué o el cómo, sino por un temblor de nuestro tiempo que irremediablemente hace vibrar las frases con una receptividad que reconocemos es una de las conquistas esenciales de la buena poesía del momento.
Este libro, sobre los méritos a que le ha hecho acreedor a Mariano Esquillor su poesía, le sitúa entre los más destacados cultivadores del poema en prosa.

 



Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina


(1) [Esta crítica del libro de Mariano Esquillor Desde la torre de un condenado, (Zaragoza, Colección poemas nº39, 1981) por Antonio Fernández Molina la publicó la Revista Jano Sección Crítica. Núm. 520. Del 14 al 20 de mayo de 1982. Barcelona.]

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15/12/2008 20:06 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: Reseñas No hay comentarios. Comentar.

17/12/2008

Una calle para un poeta

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Antonio Fernández Molina, Mariano de Cavia y Santiago Pellicena, nombres de nuevas calles de Zaragoza

17/11/2005. La Comisión de Cultura, celebrada hoy , ha decidido por unanimidad elevar a pleno las nuevas denominaciones


La Comisión de Cultura celebrada esta mañana ha decidido por unanimidad elevar a pleno la propuesta de dedicar dos calles en el distrito de Santa Isabel a Antonio Fernández Molina y Santiago Pellicena Frac y una plaza en el Casco Histórico a Mariano de Cavia. En 2005 se cumple el 150 aniversario del nacimiento del periodista aragonés y falleció el poeta afincado en Zaragoza, por lo que los grupos presentes en la Comisión de Cultura han visto adecuado sacar adelante estas denominaciones de nuevos viales de la ciudad.

 

Mariano de Cavia (Zaragoza 1855-Madrid 1920) ya cuenta con una calle en Zaragoza, pero esta decisión de concederle además una plaza entre las calles Casta Álvarez, Las Armas y el callejón de Sacramento es una forma de recordarlo en el 150 aniversario de su nacimiento y en un sector en el que él residió (nació en la calle Manifestación). Mariano de Cavia fue comparado con Larra y elogiado por escritores de la talla de Azorín, Unamuno, Clarin y Blasco Ibáñez. Este gran periodista, que resaltó por su independencia, inteligencia y dignidad en sus textos, colaboró en todos los medios de la época en Zaragoza: "Revista de Aragón", "Diario de Avisos" y "Diario Zaragoza". Al trasladarse a Madrid trabajó en "El Sol", "El Liberal" y "El Imparcial", donde destacó como fino comentarista político y cronista social.

Ingenioso, pintoresco y audaz, eludió el ingreso en la Real Academia Española ¿que le concedió el sillón A-, a pesar de sus continuos esfuerzos y defensa del idioma.

 

La calle dedicada a Antonio Fernández Molina (Alcázar de San Juan 1927- Zaragoza 2005) se encuentra en el distrito de Santa Isabel, junto a la calle del Sauce. Este poeta, afincado durante años en Zaragoza, está siendo objeto de numerosos homenajes y el Ayuntamiento de Zaragoza, junto con la Universidad y el Gobierno de Aragón está preparando una exposición que se celebrará el próximo mes sobre este creativo artista. Además, en estos días ha aparecido el libro de relatos breves "Las huellas del equilibrista", donde se recogen pequeños textos de Antonio Fernández Molina para recordar a este inquieto autor que falleció hace poco menos de un año.

 

Por último, Santiago Pellicena Frac contará también con una calle en Santa Isabel que tendrá entrada por la del Bodegón y salida por la calle de San José. Santiago Pellicena fue un personaje muy querido en el barrio en el que nació y residió ¿Santa Isabel-, ya que estaba siempre dispuesto a ayudar a aquellos que tenían lesiones musculares y sus manos calmaron en numerosas ocasiones las molestias de sus vecinos y de todo aquel que le solicitaba su colaboración.

[El lector encontrará esta noticia en su contexto en el siguiente enlace:

http://www.zaragoza.es/ciudad/museos/detalle_Noticia?id=8354]

 

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17/12/2008 10:15 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: Hemeroteca No hay comentarios. Comentar.

18/12/2008

Fernández Molina: "Nuestro 'realismo mágico' desarticuló el tremendismo"

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La “generación del 51” en su puesto

Fernández Molina: “Nuestro ‘realismo mágico’ desarticuló el tremendismo”


Madrid (E. Alcalá) Al rompeolas de Madrid, para presentar uno de sus libros —una magnífica “Antología de poesía modernista”—, ha llegado Antonio Fernández Molina (Alcázar de San Juan, 1927), el poeta y pintor, narrador y novelista que es, hoy por hoy, el “eslabón perdido” de la llamada “generación del 51”, tantas veces oculto por las olas y contraolas de la moda literaria y otras tantas aparecido y reaparecido. Fernández Molina perteneció, en lo que su arriscada y anárquica personalidad podía permitir, a la escuadrilla de poetas que, al flanco del postismo y superadores de su grugueresca retórica consiguieron sobrevivir, por sobre la marea asfixiante del realismo monótono y de la poesía encastillada y formalista.

Alejado en Universidades extranjeras, aunque con presencias temporales de ida y vuelta, Ángel Crespo, y desaparecido tristemente Gabino Alejandro Carriedo, con los que formaba una trinca irrespetuosa, pero estimulante, Antonio Fernández Molina sigue batallando en solitario ahora desde Zaragoza como un escritor genuino. En estos momentos hablar de su poesía es gratificante y hablar de sus novelas tampoco resulta ocioso. Ha vuelto la afición por la vanguardia y Antonio Fernández Molina ha sido y es —y suponemos que seguirá siendo siempre— un escritor vanguardista.


—Creo que en tomo a los años 50-51 hubo dos generaciones. Una la nuestra, la del postismo que dio lugar a “El pájaro de paja”, “Doña Endrina”, “Trilce”, “Haliterses”, etcétera, sin relación con la otra que podía fijarse en torno a Claudio Rodríguez. No existía ninguna relación entre las dos. De la mía, las características principales radican en el interés por las artes plásticas. Fue un grupo que se preocupó por el informalismo y consiguió que fuese aceptado por “el paso”. Yo he terminado siendo pintor.


—¿Cómo era vuestra poesía?
—Una consecuencia del descubrimiento del postismo. Tenía una preocupación social, pero con matices distintos del tremendismo, absorbidos por una vía lúdica del cine mudo, de lo circense. Algunos poetas del grupo no disimulan su interés por Gómez de la Serna, al fin y al cabo un personaje que asume todos los movimientos de vanguardia. La “generación del 51” se interesa por la poesía primitiva española, está abierta a la poesía portuguesa, etcétera.

Descubrir a Pessoa

Fernández Molina se ve dentro de ese grupo —ya perfectamente caracterizado dentro de las corrientes estéticas españolas— con una peculiaridad y es la de considerarse el escritor más influido por el postismo.
—Empecé escribiendo una poesía de ambiente rural mágico, a la vez que una poesía de tipo místico al modo de Rilke. El trasfondo postista me venía a través de Carriedo y de Crespo. Hago surrealismo en “Biografía de Roberto G.”, en “El cuello cercenado”, en “Semana libre”. Curiosamente un día descubrió en una revista a Fernando Pessoa, y se lo digo a Ángel Crespo y empezamos a difundirlo.
—¿Quizá por eso te expresas en colaboración poetas heterónimos?
—Desde luego. Hay uno muy inicial que es Roberto Goa (el Roberto G.) y luego me apoyo en Mariano Meneses (en el libro “En la tierra”, “De un lado para otro”). Pero a partir del 50-51 descubro a Lorca y me sumerjo en los valores plásticos. Valores que llevo sin solución de continuidad a mis novelas y relatos. Mi estado de ánimo es el mismo que en mi poesía. Escribo haciendo un poema: “Solo de trompeta”, “Un caracol en la cocina”, “El león recién salido de la peluquería”, el cuento “Adolfo, de perfil”, en “Cuadernos Hispanoamericanos”.



Un independiente

—¿Cuál es tu equidistancia del socialrealismo?
—En esos libros y en mis cuentos como en “Pompón”, “Cejunta y Gamud”, “Arando en la madera” yo me anticipé a las corrientes en boga. Siempre he sido una persona independiente. Si tuviera que señalar lo más esencial diría que soy un poeta fundamentalmente que pinta, escribe relatos, novelas, ensayos y piezas teatrales. Aunque pienso que aprendía a escribir leyendo a Bécquer y a pintar, mediante la visión de Lorca. Me costaría elegir un libro pero este sería sin duda “El cuello cercenado” que enlaza precisamente el vanguardismo con el poeta sevillano (sic).
—Tu último libro “Entre las cañas huecas”, vuelve a restablecer tu interés por la poesía.
—Es un libro más sabio que “El cuello cercenado”, vital y más nacido de lo profundo de mi alma. Un poemario lírico-místico, irremediablemente un poeta pertenece a su época. Y ahora yo, por mi edad, me encuentro en un período reflexivo de mi existencia. Y nunca me inserto en las corrientes en boga, voluntariamente. Tampoco considero al arte como una creencia o una filosofía. Busco el matiz de la ambigüedad porque es el que amplifica el mensaje. Un poema no debe ser demasiado claro si quiere dejar un margen de sugerencia.
Justamente la sugerencia que la obra de Fernández Molina ha conservado a través del tiempo. Por su lozanía imaginativa y su libertad vanguardista. Que al fin han encontrado su reconocimiento.

[Esta entrevista se publicó el miércoles 5 de mayo de 1982.]

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18/12/2008 19:56 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: Entrevistas No hay comentarios. Comentar.

23/12/2008

MURMULLOS ENTRE DIENTES

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No fue por casualidad, cuando Pulgarcito saltara la valla muy bien sabían los observadores que los ladrillos se convertirían en polvo. La violeta, durmiendo entre las páginas de un libro de Arolas lanzó un suspiro resplandeciente. Mi pecho, dijo, es un volcán de saliva. Una estrella regreso de la excursión polar. Las escopetas sin funda jugaban a los naipes, los caballos hacían cábalas sobre los auxiliares.

Era cosa de ponerse los abrigos por la cara interior. Era ocasión de recorrer las sendas por una de sus orillas. Encontramos una bufanda debajo de un anuncio. Hola, pronunció. Estaba dispuesta a acompañarnos y hubimos de disuadirla. Los muros nos dirigían miradas de conmiseración. No es para tanto señores. Nuestra piedra del pecho está dispuesta para recibir sorpresas. Piedad para los acróbatas, piedad para los vencidos.

Iré a la orilla del río

a recoger limpias piedras

con ellas regresaré.

Murmullos entre dientes pronunciando la lista de los números primos. Murmullos de camisas rasuradas, de los pies en silencio. El cinema hace una liquidación. Mañana pasearán las butacas por el centro del prado. Puede que el sol sienta angustia y frío.

Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina


[Este texto se publicó en la revista telemática El fantasma de la glorieta en diciembre del año 2005 acompañado por dibujos del autor. Si el lector deseaba leer este y otros poemas en su contexto original puede hacerlo en el siguiente enlace:

http://www.elfantasmadelaglorieta.com/12__a__f__molina.htm]


[En la imagen superior dibujo de Antonio Fernández Molina]

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23/12/2008 09:01 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: A.F.M. narrador No hay comentarios. Comentar.

Cae la nieve en el centro del verano por José María de Montells

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Cuando recibí la llamada telefónica de Gradolí, diciéndome que A. F. Molina había dado el alma, sentí como una puñalada de frío me traspasaba el corazón. Una artera y gélida puñalada que me silenció un tiempo. No supe qué decir y musité una oración. Poco antes de morir, había hablado con él, sobre la posibilidad de publicar un libro suyo en "las patitas de la sombra". Me dijo que prepararía un texto para nosotros. Pero la parca se lo llevó sin que enviase nada. Recordé enseguida que guardaba, como oro en pañi, un inédito de A. F. molina. Me lo remitió en el 2000, cuando teníamos el proyecto de sacar una revista que quedó en el limbo.

Aquí está. Lo había bautizado Musgo. El musgo que crece sobre nuestra huesa, mientras realizamos la hazaña de vivir. Fernández Molina era muy consciente de que vivir es ir muriendo. Lo dicen en este Nada sucede luego que ahora presenta la colección "las patitas de la sombra", compuesto de los poemas aforísticos de Musgo y de otros poemas, fechados todos ellos en 1974, que me hizo llegar su hija Ester.

Uno donde más se reconoce es leyendo poesía. Me ocurre además que si leo poesía iluminada o turbadora, me pongo de buen humor y estoy mucho más lúcido que de costumbre. Leo Cae la nieve en el centro del verano que es un afortunado verso de A. F. Molina y veo el mundo de otra manera y las cosas me parecen mejor, más cercanas a la humana condición.

A don Antonio Fernández Molina le conocí, según me contaba él, en una exposición de pintura. Yo creo, aunque mi memoria no es muy fiable, que lo presentó Alfonso López Gradolí, bebimos cerveza, nos reímos mucho y hablamos de poetas algunos conocidos y otros olvidados. De esto hará treinta años. Desde aquella fuimos amigos. Era un santo, lleno de luz. A mi admirado A. F. siempre que le leo, le rememoro cuando venía a mi oficina, en la calle Valverde y fulguraba la Gran Vía con su luz.

Era la suya, una luz distinta, una luz fantástica y traslúcida. O mejor: Una luz fanlúcida y trastántica que le retrataba. La luna había besado su perfil de prócer y le había dejado esquirlas blancas. Hablo de esa clase de luz. La que cae como la mansa nieve en el centro del verano.

A A. F. Molina no se le puede encasillar, su obra trasciende los géneros y se extiende, procelosa, por la novela (Solo de trompeta, Rin-tin-tin cruzando los alpes, El león recién salido de la peluquería, Un caracol en la cocina, etc), el ensayo (Picasso, escritor, etc.), el cine (La guerra de los cien años y otros guiones cinematográficos), la pintura (innumerables exposiciones) y la poesía.

Todo es uno y lo mismo, pero él, respetuoso con los cánones, se empeñaba en seguir la corriente, para facilitarnos un acercamiento más fácil, más sencillo. Con todo, para mí tengo que A. F. Molina escribía siempre poesía, aunque oficialmente hiciera otra cosa, es decir, sus poemas están en todo lo que ha escrito y en todo lo que ha pintado. Este Nada sucede luego es una buena prueba, un libro profundo y leve, casi transparente, lírico y extraño, lleno de luz.

El poeta fue un raro. El más grande raro de la literatura contemporánea española. Y nuestra literatura, que conste, no es pródiga en raros, ni los soporta. Nuestra cultura oficial tiende a la uniformalización, porque le molestan los que van a su aire. A. F. Molina siempre fue a su aire.

La aventura, el riesgo, el azar y lo onírico, son características esenciales de la obra de Molina. También el infierno. Este infierno íntimo con el que siempre convivimos. Como en su pintura, A. F. Molina abandonó los escenarios renacentistas de Piero della Francesca, para instalarse en un paisaje infernal, que tiene algo de mágico.

Si hubiera que definir su obra toda, deberíamos decir que, en realidad, ni escribe ni pinta, hace magia, ejerce de hechicero. Por eso, su poesía, y también su pintura, está en el límite de los terrorífico y lo inocente. Molina es el médium, del que se valen los ángeles y los diablos para expresar, lo que no nos ha sido dado expresar. Y añado que fue original, singular, único, sorprendente, en un panorama tan necesitado de voces únicas.

Porque, nunca como hoy, gozamos de un panorama lírico tan poblado de poetas menores, mediocres y aburridos. En España, algunos surrealistas oficiales que han recogido los críticos y están en las antologías, pasan por cimas del pensamiento patrio, pero A. F. Molina es el surrealismo en estado puro. Yo he dicho en público que si Molina fuera francés, ya estaría en los altares junto a Breton, Ernst o Mallarmé. En España, no hay mejor cosa que morirse para llegar a genio. Molina fue un genio en vida, que ahora descubrirán algunos.

Decía Hölderlin que los poetas mienten, que el poema es una invención sobre una realidad predeterminada. En el caso que nos ocupa, se equivocaba. A. F. Molina no mentía ni poco ni mucho. No lo necesitaba.

La suya es la poesía de la realidad que no se ve, fiel reflejo de un mundo inalcanzable para el común de los mortales. Por eso le necesitamos ahora, por transitar seguros por los vericuetos de lo inesperado, que él, generosamente brindaba a quien le seguía.

A. F. Molina es el descubridor de un nuevo mundo. Un Cristóbal Colón que conoce el camino de los lugares imposibles y desconcertantes, donde el olvido habita. Ya se sabe que las fotografías realizadas desde los satélites, ya sea el Meteosat o el Apolo de turno, no reflejan el mundo. Para poder verlo bien y cumplidamente, para conocerlo de verdad, necesitamos del taumaturgo, del hombre que posee el remedio milagroso qeu cura nuestros miedos.

A. F. Molina lo tenía. Fernando Arrabal, otro raro de nuestra literatura, en el prólogo del primer tomo de sus Poesías Completas, le llamaba genio. No hay más que empezar a leerle y el leedor sabrá que se enfrenta a un coloso.

A. F. Molina, era y es un genio a marchamartillo, a rajatabla, que no comulgaba con ruedas de molino. Que era incapaz de pactar. Que fue fiel a los demás, porque se mantenía fiel a sí mismo. Un genio fanlúcido y trastántico que ilumina al lector con su ilógica luz. Verdaderamente, ya sé que, ahora que ha partido de este mundo, cae la nieve en el centro del verano.


José María de Montells

© José María de Montells


[Este texto excelente y justo sirvió de prólogo al libro póstumo Nada sucede luego (Las patitas de la sombra, Madrid, 2005)]

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23/12/2008 22:14 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: A.F.M. poeta Hay 1 comentario.

31/12/2008

Goya, continente y océano

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  No es exagerado afirmar que, con Goya se inicia el arte moderno. (¿Lo sería decir que el arte del futuro comienza por una parte con Picasso -ese hijo de Goya- y por otra con Duchamp?).
  Goya vive, desde los albores renovadores de los inicios del romanticismo, la gran transformación que ha de suceder en el arte y, como Picasso después, se inserta en la vida y son plena naturaleza. (Duchamp abre-o cierra-una ventana hacia alguna matemática superior que nos pone en contacto con una suerte de estratosfera artística).

  Se ha dicho repetidas veces que el aprendizaje de Goya fue lento, pues alcanzó a dominar su personal lenguaje pasada la cuarentena. Desde una máxima altura. Esto es acertado. Pues en Goya se dio el aprendizaje de superaprender muy bien, las reglas de la época, mientras inventaba las del futuro y las de su arte. Cuando aún no era el grandísimo pintor que alcanzó a ser, ya era el mejor pintor de España, como acertadamente señaló Ortega y Gasset, e incluso del mundo, pues si no ¿quién le pondríamos por delante?


En la vanguardia
  Y sucedió que el mozo aragonés, cuando después de su periplo zaragozano llega a Madrid, en plena posesión de cuanto de él se exigía, prosiguió sobre todo su aprendizaje, en lo que ya había aprendido bastante, en la vida. Ello le dio flexibilidad a su arte y lo situó definitivamente, con unos pocos artistas más, en los primeros puestos de la pintura de todos los tiempos y en la vanguardia permanente del arte. Lo consiguió amasando la pasta variopinta de la vida y metiendo en ella de lleno los pinceles. El discípulo de maestros italianos y franceses, ya maestro a su vez, fue durante una larga quincena anual discípulo del lo esencial cotidiano.
  Muy pronto, alimentada su inspiración en ancestrales alucinatorias atmósferas, se anticipó a Bretón y comenzó a ser el más claro antecedente del surrealismo en la pintura, por su original forma de captar las esencias de los latidos, afirmativos y contradictorios de su poderosa imaginación y de cuanto encontrara ante sus pasos. Pero el que sea un antecedente del surrealismo, con todo y ser algo tan importante es solo uno de sus dinámicos aspectos. De paso fue también el antecedente de la mejor pintura española, de cuanto a su alrededor gravita y de otros fenómenos culturales como la generación del 98.
  Fue antecedente de muchas cosas dejando de lado otras ajenas a su vitalismo de las que andando el tiempo se derivarían el cubismo y similares consecuencias.
 
Autenticidad y desparpajo
  En su pintura, y en la de Velázquez, estalla el impresionismo. En la del Greco y en la suya, el expresionismo. Pero luego, además, casi por sí solo, es uno de esos continentes de los que parten las señales indicadoras del arte fantástico que ha venido después (¡Esa contundente imaginación suya tan impregnada de lo real!).
  El inaugura un modo de hacer que está lleno de autenticidad y de desparpajo. Casi todo de cuanto positivo dejó el impresionismo procede de las más certeras y desenfadadas pinceladas de Goya, sean las de los frescos de San  Antonio de la Florida o las de cualquier otra parcela de su territorio.
  Su influencia cruza ese movimiento y pasa a través de Van Gogh y de Gaugin. Cruzando los océanos llega a los trópicos.
Rousseau
  Los mismos fauves parecen proceder de la impresión de Goya, o de las consecuencias que sus consecuencias, produjeran en su retina, y que inicio la dinámica de su pintura.
 Incluso el arte más incontaminado, el naïf, en su máximo representante, Henri Rousseau, el seráfico Aduanero, de algún modo también está tocado de la gracia Goyesca. Hay un evidente trasvase desde Los fusilamientos del 2 de Mayo y La carga de los mamelucos, hacía La guerra de Rousseau.
  Ni siquiera la impresionante aventura pictórica de Dubuffet (¿no es la máxima de los últimos tiempos?) tendría seguramente existencia sin Goya.
  A través de lo goyesco podemos situarnos en la época picasiana de los arlequines, cuando Rilek andaba por Ronda cagando las pilas de sus Elegías del Duino y los  Sonetos de Orfeo. La primera gran guerra terminaría definitivamente con el siglo XIX y, si con algún retraso, se iniciaría aceleradamente el siglo XX (¿también el XXI?).
 
El expresionismo   
  Así han surgido los primero intentos de arte abstracto con Kandinsky y con algunos iniciales atrevimientos de Picabia, tan caótico, dinámico y sugerente que, aunque no entre de lleno en lo goyesco no es ajeno a su genio y también le roza en algunas de sus obras menos mecanicistas.
  Sin Goya tampoco podría explicarse el expresionismo de este siglo. Por supuesto tampoco podrían explicarse las vertientes expresionistas del arte abstracto desde la Action painting hasta El Paso. La libertad de dicción, la espontaneidad de esta faceta de la pintura es de Goya de quien procede de más visible manera.
  El paso del tiempo nos ha hecho ver que la abstracción desembocaría en una nueva figuración y también que ya era nueva figuración Wols, Michaux, Mathieu, Manesier, Soulages… y podrían aducirse innumerables ejemplos. En cuanto a la nueva figuración en sentido estricto, cuando no incide a través de lo Pop en cierta mitología de lo sentimental o de la banalidad, es en buena parte goyesca.  Fijémonos en ciertos aspectos del mismo Rauschemberg, de Hock-ney y los casos más próximos de Barjola y Gordillo.

El más español
  Pero sobre lo mucho y nunca excesivo, que sobre Goya pueda decirse, destaca el hecho de que este aragonés fue, entre todos los pintores, tal como destaca Elie Lambert: “sin duda, el más español”y “en mayor grado que nadie, un artista y un hombre cuyo valor supera los tiempos y los países”. Y tan genial por lo menos como el que más, también en el dibujo y en el grabado. Consideración aparte merecen las leyendas de algunos de sus grabados, con suficiente Duende para hacer figurar a su autor en alguna literatura antológica de humor negro.
  Como no podía ser menos su obra ha llamado la atención de muchos grandes poetas. Los poemas que le dedicaron Baudelaire y Rubén Darío, están entre lo mejor que escribieran. El mismo Juan Ramón Jiménez lo toma con sus pinzas líricas y lo incorpora a esa amplia panorámica substantiva que es su Españoles de tres mundos, con su prosa peculiar de la que son estas frases: “Sale de su cueva sin necesidad de entrecerrar los ojos, mira de frente la luz de España, aurora negra o poniente de sangre. Todo el sol ardiente y trágico o toda la sombra monstruosa y dulce. El, solo y él mismo, sale. Recreador sin fin de lo bueno y lo malo del amor y el odio, de la sed, el placer y el dolor, de la vida, de la muerte, se dispone. Dios y demonio de la pintura. Y sin descanso…¡Cuantos ojos pone en todo y como deja sus ojos para seguir mirándonos a todos desde todos y todos!”

Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina

[El presente artículo de Antonio Fernández Molina lo publicó el diario "El día" el 14 de julio de 1982]

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31/12/2008 08:14 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: A.F.M. y el arte No hay comentarios. Comentar.

La docena de huevos (Extracto)

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Eusebio siega en Enero
Fabián vendimia en Febrero
Mariano trilla en Marzo
en Abril cortaban álamos
en Mayo dormía la musa
en Junio arrancaban juncos
Juliana comía sopa en Julio
Agustín pintaba en Agosto
en Septiembre nevaba
Octavio casó en Octubre
Nicomedes veraneaba en Noviembre
Diógenes toreaba en Diciembre


27-1-82


***


En Enero le metían por un Embudo
En Febrero le falseaban la fama
En Marzo le molestaban con Malicia
En Abril le abaleaban con Abnegación
En Mayo le mojaban los Musculos
En Junio le probaban con Javardillo
En Julio le jabelgaban con Jalapa
En Agosto le angustiaban con Agua
En Septiembre le sembraban Salmuera
En Octubre le obsturaban las Ojales
En Noviembre le negreaban los Napias
En Diciembre le decapitaban con un disco


Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina


[Con estos poemas de nuestro autor el blog Antonio Fernández Molina les desesa un próspero 2009 y un Feliz Navidad y día de Reyes.]

[Los poemas pertenecen a La docena de huevos editado en la colección Té con limón de Valencia en el año 1990.]

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31/12/2008 08:25 Autor: Pompón. enlace permanente. Tema: A.F.M. poeta No hay comentarios. Comentar.


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