Blogia

antonio fernández molina

Goya, los toros y los niños (Artículo de Antonio Fernández Molina)

Goya, los toros y los niños (Artículo de Antonio Fernández Molina)

La grafología nos informa y nunca se equivoca, sobre el carácter de las personas y la letra de Goya es muy elocuente de tal circunstancia. Especialmente su firma ofrece casi una confesión explícita de su vocación taurina tan profunda e influyente en aspectos de la tauromaquia.

Al examinar en reproducción aumentada los rasgos de su firma y sin realizar una minuciosa observación se percibe como adoptan la línea, en forma de signode las astas de los toros de lidia.

Tal circunstancia es buen testimonio de cómo le circulaba por las venas cuanto al mundo del toreo y el toro se refiere.

Los cuadros de Goya con temas de niños son enternecedores. Personalidad de alma reacia avezada a vivir y expresar borrascas de la vida, reales e imaginarias, ante el espectáculo infantil su pincel testimonia con matices muy enternecidos.

Al margen de su condición social, siempre expresa por los niños un interés y unas dotes de observación impregnados de muy profundo afecto. En compañía de sus familiares, otros compañeros o a solas, al interpretar su figura nos los muestra como a seres entrañables de engimático encanto donde se refugía la edad dorada de la existencia.

Su galería de temas infantiles es bastante extensa. En bastantes ocasiones pinta cuadros de niños ocupados en peculiares juegos infantiles populares y en otros productos de sus invenciones, animados con la gracia de sus gestos y de sus movimientos.

Uno de estos cuadros es la interpretación infantil de una corrida de toros. Representa a un activo grupo infantil. Como la foto fija de un momento, de una secuencia cinematográfica. Un niño empuja un toro de juguete construido con la armazón de mimbres. Varios niños en torno adoptan a su alrdedor actitudes características taurinas, graciosas y certeras. Un niño simula estar herido y otro, ante él, equipado con ropa de fraile adopta la actitud de suministrarle auxilios espirituales. Más niños, sentados e una escalinata simulan ser los espectadores en el tendido de la plaza, atentos al sabroso espectáculo.


Antonio Fernández Molina

© del texto herederos de Antonio Fernández Molina

© de la imagen Archivo Antonio Fernández Molina


[En la imagen superior Antonio Fernández Molina en su juventud con capote]

FERNÁNDEZ MOLINA EN TRÉBEDE por Antón Castro

FERNÁNDEZ MOLINA EN TRÉBEDE  por Antón Castro

(Antón Castro escribió este texto cuando  la revista Trébede dedicó su número 73 (marzo, 2003) a Antonio Fernández Molina)


Antonio Fernández Molina, poeta y narrador, pintor, conferenciante, es el gran  protagonista de la nueva entrega de la revista Trébede. El escritor manchego -que fue el  finalista del Premio Días de las Letras Aragonesas: venció José-Carlos Mainer-,  afincado en Aragón desde los años 60 y secretario de la OPI de Miguel Labordeta, es estudiado en su abundosa diversidad por varios expertos: le entrevista Víctor Pardo Lancina, redactor jefe de Trébede, y juntos realizan un recorrido por su vida, sus  numerosos amigos, su visión de la escritura y de la literatura (de los autores actuales  sólo salva a dos: Carlos Edmundo de Ory y Arrabal); José Luis Calvo Carilla desmenuza su imaginación poética; Francisco Martín estudia su teatro; su editor Raúl Herrero explica las claves de su relación y de la obra del autor de Solo de trompeta; Jean Tena se  centra en tres de sus novelas y Alejandro Ratia glosa su faceta de artista plástico, a la luz de sus propias interpretaciones y de las de los críticos como Carlos Areán, Cirlot, Ángel Azpeitia, Royo Morer o Chus Tudelilla. Javier Barreiro le dedica un soneto-retrato y Trébede rescata un buen puñado de fotos, en algunos casos prácticamente inéditas. El número ofrece otros temas interesantes, además de sus secciones habituales de La duda, música, bibliografía aragonesa o La cara oculta de la luna: dos trabajos, de Chus Yuste  y Antonio Pérez Morte, sobre Odón de Buen, el científico zufariense que creó la  Oceanografía en España; un acercamiento a Mariano Nipho, pionero alcañizano del periodismo español, a cargo de María Dolores Royo Latorre, y Francho Beltrán viaja por El  Parque Natural Posets-Maladeta y advierte de los peligros medioambientales que corre.

Antón Castro

[En la imagen superior portada de la revista]

 

Más detalles sobre este número de Trébede en el enlace:

http://www.redaragon.com/TREBEDE/numeros/num73.asp

Alagón acoge mañana en el Centro Cívico Antonio Fernández Molina una conferencia de la exposición itinerante 'El bodegón español en el Prado'

Alagón acoge mañana en el Centro Cívico Antonio Fernández Molina una conferencia de la exposición itinerante 'El bodegón español en el Prado'

ALAGÓN (ZARAGOZA), 6 Nov. (EUROPA PRESS) -

El Centro Cívico Antonio Fernández Molina de la localidad zaragozana de Alagón acogerá mañana viernes, 7 de noviembre, una conferencia sobre la exposición itinerante ’El bodegón español en el Prado’ que se exhibe en la Sala CAI Luzán de Zaragoza hasta el 30 de noviembre.

La conferencia, que correrá a cargo del especialista en Arte Alberto Castán, está destinada al público en general y se enmarca en el programa educativo ’El Prado fuera del Prado’, de este Museo Nacional. La charla comenzará a las 19.30 horas.

Por otra parte, este municipio celebrará también mañana viernes la primera de las cuatro sesiones del seminario ’Las culturas de Alagón en la Edad Media. Convivencia o Coexistencia’, impartido por la historiadora y responsable de la Oficina de Turismo de Alagón, Pilar Pérez Viñuales.

El seminario tendrá una duración de cuatro horas y se desarrollará en la Casa de Cultura de Alagón todos los viernes del mes de noviembre (días 7, 14, 21 y 28), a partir de las 20.00 horas. La inscripción en este curso es gratuita.

Además, desde Épila llega a la sala de exposiciones del centro cívico Antonio Fernández Molina una colección de cuarenta obras que gira alrededor del agua. Los autores de esta colección de fotografías son Efrén Sanz, Vanesa Barraqueta, Juan Carlos Guzmán, Toñi Butrón y Mario Sanz. La exposición se inaugurará el sábado, día 8, y permanecerá abierta hasta el 1 de diciembre.

Por último, el próximo domingo, día 9, se celebrará en esta localidad zaragozana el segundo de los tres conciertos incluidos dentro del X Encuentro de Grupos Corales de la Provincia de Zaragoza, que promueve y patrocina la Diputación Provincial de Zaragoza (DPZ).

Alagón es una de las tres sedes de esta edición del certamen, junto a Longares y la Iglesia de Santa Isabel de Portugal de Zaragoza. En el concierto de este domingo actuarán la Sociedad Artístico Musical de Magallón, la Agrupación Coral de Sobradiel, la Coral Santa Cecilia de Mallén, la Coral Municipal ’Alhinden’ de La Puebla de Alfindén, el Coro de la Asociación Zufariense de la Tercera Edad de Zuera, y el Grupo de Cámara de San Mateo de Gállego. El concierto tendrá lugar en la Sala Alaún, a partir de las 17.00 horas.

 

[En la ilustración superior lienzo de Antonio Fernández Molina: Bodegón. La imagen se ha tomado de la noticia sobre una muestra realizada en Alcázar de San Juan sobre este temática en la obra de Fernández Molina. El lector encontrará la obra y la información en el enlace:

http://www.miciudadreal.es/content/view/59165/10008/]

 

Solo de trompeta de Antonio Fernández Molina (Extracto)

Solo de trompeta de Antonio Fernández Molina (Extracto)

No sé por qué, empezaron a dejarme salir de casa y recorrí el pueblo, casi siempre en soledad. Si los de casa no me oían pronunciar una palabra, los de fuera muy pocas. Me había acostumbrado a no despegar el pico y seguía así. Lo malo era que las palabras empezaban a estorbarme dentro del pecho. Muchas veces parecía que tenía el cerebro trillado de tanto moler frases y palabras. Muchos días me daba la impresión de que comía mis propias palabras y ellas me servían de alimento. La comida seguía dándome buenas sorpresas. Los alimentos me presentaban sabores y aspectos sorprendentes. La tortilla podía ser gallina, condimentada con almejas, pero ésta, a su vez tenía el mismo sabor que la pasta de dientes. El pan sabía a ratones (las ratas abundaban en diferentes circunstancias y  no solamente en la alimentación). Los críos de mi edad buscaban mi compañía, que muchas veces les regateaba. Las personas mayores también sentían gran curiosidad y me preguntaban impertinencias a las que contestaba con el silencio, pero también sacándoles la lengua o llevándome la mano a algún sitio, lo que les molestaba tanto que sentía gozo. Las comadres, exasperadas, se colocaban los brazos en jarra y las piernas entreabiertas, como cuando meaban de pie.

—El Miguelito de las narices se ha vuelto gilipuertas y mudo, pero se ha hecho un sinvergüenza, tiene bemoles la cosa.

Entonces, cuando la suerte me acompañaba, lanzaba un sonoro suspiro por conducto contrabario y lsa dejaba cortadas, sin respiración, durante un instante. Si iba en compañía d eotros chicos, el jolgorio era enloquecedor y llegaron a manifestar su entusiasmo llevándome en hombros. Las mujeres arreciaban en sus insultos, muchos de ellos tan injuriosos que al mismo tiempo eran informativos por las cosas que me revelaban de mi familia y que me alegraba conocer.

Lo que más atractivo tenía para mí eran las excursiones que hacía solo, ahora sin que nadie me vigilara (al menos no descubrí nada en este sentido, aunque seguía siendo susceptible). Posiblemente me probaban, aconsejados por un médico o cualquier otro farsante de esos que se ocupan de dar consejos y parecen saberlo todo cuando no tienen siquiera una remota sospecha de su inmensa estupidez.

De cualquier forma, aquello me favorecía y casi me hacía feliz. Deambulaba a solas por los lugares más apartados. Rincones muy tranquilos, sucios y escondidos, llenos de montoncitos de basura que escarbaban los gatos y sobre los que florecía alguna rata muerta, y a pesar de ello me asqueaban. En las puertas cerradas veía el rostro del dueño de la casa y los ojos de sus familiares, las huellas de muchas de las manos que se habían posado sobre la madera y los golpes que el granizo sacudió sobre su superficie. Cada piedra me reproducía el paisaje de la comarca, y las casas eran el retrato de sus dueños y lsa veía gibosas, cojas, fuertes bobaliconas, atrevidas, presuntuosas, soñolientas, borrachas, avariciosas, petulantes, acicaladas, ridículas, fastuosas, comineras, estúpidas, coquetas, gilís. Y me divertía dando la vuelta a una de las casas, sobre todo, si no veía a nadie por allí, e ir tomando nota de sus caracteres para tratar de adivinar, por las señales exteriores que dentro de ella se encerraba. Cuando podía, me colaba en su interior y veía confirmados parte de mis supuestos; otras veces tenía que hacer una una labor de adaptación de la realidad a lo supuesto, o corregir mi visión desde fuera, dándome cuenta que no había sabido leer, hasta el final, en el rostro de la casa, y que lo que había en el interior estaba escrito en la superficie, y pensaba que si supiera leer, también vería hasta los pensamientos de los que la habían ocupado y los de los que habían puesto los ojos en ella.


Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina

 

[Extracto de la novela Solo de trompeta, Alfaguara, Madrid, 1965. (Págs. 85-88)]

Pidalita

Pidalita

Aquel hombre había inventado un animal que sabía escribir: Pidalita. Su aparato digestivo funcionaba con normalidad y cuando se le llamaba por su nombre (atendía por Sócrates) levantaba el rabo y saludaba.

Su dueño lo vendió muy barato. Había pasado su larga vida ocupado exclusivamente en crear este bicho y cuando lo consiguió estaba cansado, sin dinero y al borde de la tumba. Pero se equivocó y siguió viviendo y pasando hambre. Últimamente acudía a los mercados a revolver entre la hortaliza podrida.

Mientras tanto Sócrates aprendía tretas nuevas. La última era escupir a sus dueños. Aunque le habían hecho una magnífica casita en el jardín y tenían para él toda clase de atenciones.

En cuanto a escribir, sus progresos son muy notables y Sócrates ha salido poeta.

He aquí una de sus estrofas:


Saludo sal salero cobra

en las tardes golomat indo

indo bien indo indo

y el nunca plafe de la gruta


Y no solamente escupe gargajos gelatinosos, además lanza con violencia contra las paredes una masa azulada, verdosa, amarillenta, sanguinolenta, según las ocasiones, y así dibuja escenas de gran procacidad y belleza.


Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina

[El siguiente texto pertenece al libro Dentro de un embudo (Editorial Lumen, Barcelona, 1973).]

Exposición Alimento del espíritu

Exposición Alimento del espíritu

Aunque vive en Zaragoza desde hace tiempo, Antonio Fernández Molina nació en 1927 en Alcázar de San Juan (Ciudad Real, España). A los veinticuatro años creó ya una revista literaria de nombre Doña Endrina. Fué redactor jefe de Despacho Literario, otra revista de aires surrealistas dirigida por Miguel Labordeta, y más tarde, secretario de redacción de Papeles de Son Armadans, dirigida por el nobel Camilo José Cela, con quien trabajó durante ocho años en Mallorca.
Ha escrito relatos, novela y poesía. Entre los dos primeros se encuentran Solo de trompeta, La tienda de ausente, En Cejunta y Gamud, Un caracol en la cocina, El león recién salido de la peluquería, Dentro de un embudo, Arando en la madera, Pompón, Sombras chinescas, Los frutos de la noche, Pasodoble enigmático, Perro mundo...
Su poesía inunda cantidad de títulos, desde Una carta de barro hasta este de Aromas de Galleta. Valgan como referencia Sonetos crudos, Lluvia de sonetos, Platos de amargo alpiste...
Pero el retrato de Antonio Fernández Molina no queda completo. Su alma de artista abarca muchas otras facetas: pintor, dibujante, ensayista, traductor. Asegura que fueron los dibujos de Lorca los que le empujaron al arte. Admira la forma de escribir de Dalí y publica un ensayo sobre Picasso escritor, lo que parece subrayar su propia manera de ejercer el arte, con palabra y pincel, pero eso sí, utilizando siempre la parte de atrás de papeles ya usados.

"De pequeño, los profesores me suspendían en dibujo"
Antonio F. Molina presentó ayer la exposición ´Alimento del espíritu´


AINHOA SORIA ZARAGOZA 03/02/2005

Alimento del espíritu . Así es como se titula la última exposición del pintor y también escritor Antonio Fernández Molina que, desde ayer y hasta el próximo día 26 de febrero, se podrá ver en la sala Sanclemente 20 de Zaragoza. La muestra es una retrospectiva que reúne 17 bodegones que el artista ha pintado en diferentes etapas de su trayectoria profesional.

Durante su presentación que tuvo lugar ayer, el artista reconoció que este género pictórico "es una faceta más de mi labor y personalidad creadoras, como también lo es la escritura. Para mí no hay diferencia esencial entre la inspiración que necesito para poder pintar o escribir".

Y es que pocas cosas se escapan a su mirada crítica. Cosas tan cotidianas como son unas botellas, una pieza de pescado, unos higos y hasta un pavo al chilindrón son elevados a la categoría de arte gracias a las pinceladas agresivas y contundentes de Fernández Molina. El resultado son una serie de cuadros de llamativos colores pintados al óleo o mediante la técnica de gouache con tinta.




Fernández Molina lleva más de 50 años exponiendo sus obras en diferentes ciudades de España y muchos más dedicado a la pintura. "Empecé de pequeño y eso que los profesores me suspendían en dibujo", contaba. No obstante, este detalle nunca le ha preocupado ya que para él, en el arte "no hay técnica que valga" y es el tiempo el que va creando el estilo de cada artista.

Poeta y pintor autodidacta siempre ha mantenido su obra al margen de los criterios comerciales para ser fiel a sí mismo. Aun así, su producción literaria y artística es muy amplia. A sus 77 años, Fernández Molina es autor de 56 libros de poesía, así como de numerosas novelas, ensayos, antologías, teatro, relatos y hasta guiones cinematográficos. Por si esto fuera poco, fundó la revista y colección de poesía Doña Endrina , en 1951.

Un hecho decisivo en su trayectoria profesional fue su relación con Camilo José Cela. El es quien le reclama como redactor jefe para su revista mallorquina Papeles de Son Armadans , donde también trabajó como crítico de arte. De hecho, la fundación que lleva su nombre ha elegido a Fernández Molina como candidato al Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2005. "Todavía no es oficial así que no tengo nada que decir al respecto. No obstante, hay otras personas que lo merecen igual o más que yo", comentó este artista que vive en Zaragoza desde 1975.


Antonio F. Molina al lado de uno de sus cuadros.
Foto:EDUARDO BAYONA

 

[Notas publicadas con motivo de la inauguración de la exposición Alimento del espíritu.

El lector encontrará estas notas y el consiguiente debate en el foro El Bosque:

http://www.emboscados.com/foro/viewtopic.php?TopicID=1073

PALABRAS PARA UNA DESPEDIDA de ANTÓN CASTRO

PALABRAS PARA UNA DESPEDIDA de ANTÓN CASTRO

Antonio Fernández Molina (Alcázar de San Juan, Ciudad Real, 1927) se ha muerto. Fue y quiso ser un humanista integral, el poeta en la calle, el artista irreductible en la atmósfera del café, donde escribía o pintaba con pluma y rotulador. Fue y quiso ser un constante profesional de la creación. Antonio Fernández Molina, bohemio, superviviente y curioso insaciable tocado de sombrero, practicó todos los géneros. En la noche del sábado, un fallo cardiaco puso término a una existencia de artes y letras que le llevó a tratar a personalidades célebres: cruzó correspondencia con Ramón Gómez de la Serna, Aleixandre o Alejandra Pizarnik, que le enviaba no sólo epístolas sino cuatro dibujos poco antes de su suicidio. Frecuentó en sus inicios a Carlos Edmundo de Ory, Eduardo Chicharro, Silvano Sernesi y Ángel Crespo, que formaban el grupo de los postistas, y más tarde fue secretario de Miguel Labordeta y Camilo José Cela, y gran amigo de Joan Miró, que lo recibía en su estudio, o de Fernando Arrabal, que siempre elogió su obra.

Antonio Fernández Molina –que llegó a escribir más de cien libros de narrativa y ensayo, de poesía, de arte, de biografía, de cuentos infantiles, y que se inventó dos poetas heterónimos: Mariano Meneses y Roberto Goa…- se quedó huérfano a los siete años. Su padre, que había estudiado Magisterio y se empleó como policía de la II República, se murió cuando él contaba siete años. Era un hombre inteligente y alto. En una ocasión, pasó un buhonero por el pueblo, el abuelo le compró un cuaderno de letras y lo aprendió de inmediato, pero falleció demasiado joven de un cólico miserere. Entonces, durante la Guerra Civil, Antonio partió a Madrid con su madre Teodomira y un hermano, “bohemio y muy de izquierdas”, que estudiaba Medicina. Pasaron allí parte de la contienda, y después partieron a Casas de Uceda (donde ha sido enterrado y adonde regresaba a menudo), y más tarde a Guadalajara. Antonio era un joven muy curioso, apasionado por la poesía y el dibujo; en el Instituto Brienda de Mendoza de Guadalajara lo conocían como “El poeta” y era tan aficionado a los libros y a visitar la biblioteca pública que lo designaron como “Mejor Lector de la Provincia”. Por entonces ocurrió algo muy curioso: en casa descubrieron una maleta de su padre llena de libros de Dostoievski, Chejov o Tolstoi, con lo cual el adolescente organizó un auténtico festín, y no sólo eso, empezó a colaborar en el semanario “La Nueva Alcarria”, donde hacía poemas, aforismos o críticas literarias en la sección “Veleta al viento”.

Además, de vez en cuando, se dejaba caer por Madrid: así conoció a Cela con sus amigos Ángel Crespo o Gabino Alejandro Carriedo, se dejaba seducir por el Postismo (“que es una especie de surrealismo blanco, cuyas luces no son trágicas, sino más bien lúdicas, de imágenes amables”, dijo) e incluso se atrevía a fundar una revista como “Doña Endrina” (1951, que luego se reeditó en facsímil en edición de Calvo Carilla), que le permitió entrar en contacto con uno de los hombres que más admiró nunca: Miguel Labordeta. “Miguel tenía un corazón más grande que su cuerpo. Me dio un poema para la revista y un día tomé el tren y vine a su casa. Me organizaba recitales en su colegio o conferencias en la ciudad y cuando fundó ‘Despacho literario’ me nombró secretario de redacción”.

Aquellos encuentros fueron decisivos para que, ya casado con Josefa Echevarría y padre de seis hijos, acabase instalándose en Zaragoza, a su regreso de Mallorca, donde permaneció ocho años, de 1964 a 1972, como secretario “Papeles de Son Armadáns” y de Camilo José Cela, que le había publicado en Alfaguara su libro “Solo de trompeta”, “un libro de carácter fantástico y atmósfera sutilmente erótica, anterior a la llegada del ‘boom. Estudioso de Dalí como escritor, de Picasso como dramaturgo y poeta, admirador de Juan Eduardo Cirlot, Silverio Lanza, cuyo monográfico de “Papeles de Son Armadáns” coordinó y, sobre todo, devoto absoluto de Bécquer y de Lorca, “como poeta y dibujante”, a lo largo de más de medio siglo Antonio Fernández Molina compaginó el arte y la palabra, en todas sus disciplinas, ejerció la crítica de arte en “ABC” y “El día de Aragón”. Desarrolló una actividad artística constante: era un buen dibujante, un pintor de universos muy particulares (Miguel Marcos le expuso su obra en 2000), traductor, poeta, novelista, biógrafo. Le interesaban los juegos de palabras, las imágenes, los sueños, los símbolos, los peces, era un vanguardista a diario que además tenía algo de dando que avaza hacia un campo de estrellas.

En una entrevista decía: “El secreto de mi obra creo que es una particular visión del realismo mágico. La mirada. La percepción de la realidad. A mí me interesa, sobre todo, la realidad. Es mi gran afición. Mis imágenes surgen del contacto con la calle. Creo que en mi obra hay matices surrealistas, una cierta imaginación que funciona con descaro y en total libertad, interés por la metáfora, lenguaje, ingenuidad”. Y nunca se olvidaba de expresar su cariño por la palabra: “Para mí el idioma tiene una fuerza casi sobrenatural: música, latido, una cifra oculta de sueño e invocación”. Uno de sus últimos libros, porque en él hablar categóricamente de último siempre es arriesgado, fue “Fragmentos de realidades y sombras”, las memorias que le publicó en la Biblioteca Aragonesa de Cultura Eloy Fernández Clemente, y ahora la editorial palentina Menos Cuarto*, que dirige Fernando Valls, preparaba una selección de sus cuentos breves, seleccionada por José Luis Calvo Carilla, que publica una entrevista con él en el número de abril de “Quimera”.

Antón Castro

 

[El presente texto lo publicó Antón Castro en memoria de Antonio Fernández Molina en Heraldo de Aragón al día siguiente de la defunción del poeta. El texto se recoge también en su blog: http://antoncastro.blogia.com/2005/032101-antonio-fernandez-molina-o-el-universo-afm-.php]

[*Antón Castro se refiere al libro: Las huellas del equilibrista.]

 

[En la ilustración superior retrato de Antonio Fernández Molina por su esposa Josefa Echevarría.]

Parejas [Poema de Antonio Fernández Molina en homenaje a Fernando Arrabal]

Parejas [Poema de Antonio Fernández Molina en homenaje a Fernando Arrabal]

PAREJAS
HOMENAJE A FERNANDO ARRABAL


Alambrada logaritmo
Logaritmo catarata
Catarata escofina
Escofina municipio
Municipio sintaxis
Sintaxis osamenta
Osamenta velocípedo
Velocípedo calamar
Calamar intermedio
Intermedio ceniza
Ceniza diccionario
Diccionario pernera
Pernera parsimonia
Parsimonia columna
Columna transparencia
Transparencia cuaderno
Cuaderno gasolina
Gasolina lapicero
Lapicero clarinete
Clarinete ecuación
Ecuación avestruz
Avestruz cervical
Cervical limosnero
Limosnero palangana
Palangana nubosidad
Nubosidad patata
Patata romancero
Romancero alfombra
Alfombra colirio.

09.2.2002


Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina

 

[Este poema se publicó en Cucutiar la revista digital dirigida por Angela Ibáñez ].

[Recreación de la imagen: Mr. Mandrake].