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Nuevo libro de Antonio Fernández Molina: Orfeo errante

Nuevo libro de Antonio Fernández Molina: Orfeo errante

Orfeo errante (Antología poética)

de

Antonio Fernández Molina

Por vez primera una antología de toda la obra poética del poeta-pintor.

A la venta a partir del 10 de diciembre. Pero si usted realiza una precompra desde la página de la editorial www.librosdelinnombrable.com recibirá en su casa este título sin gastos de envío junto a otro libro de regalo. Esta oferta será válida hasta el 10 de diciembre de 2008 y sólo para España. Si alguien de otro país desea adquirirlo en condiciones semejantes puede solicitar información en

atencionlector@librosdelinnombrable.com.


Antonio Fernández Molina, poeta y pintor, nació en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) en 1927. En 1951 fundó la revista y colección de poesía Doña Endrina. Ha sido redactor jefe de la revista Despacho Literario, creada por Miguel Labordeta y Secretario de redacción de la revista de Camilo José Cela Papeles de Son Armadans. Dirigió la revista de creación y pensamiento Almunia. Creador infatigable, siempre atento a cualquier manifestación artística, supo transmitir en su obra la misma riqueza y libertad que testimoniaba en su vida diaria. En el año 1999 fue elegido miembro del Colegio de Patafísica de París. Entre su amplia bibliografía citaremos en poesía: Una carta de barro, El cuello cercenado, Platos de amargo alpiste, Cabeza de árbol, Carpeta azul y Cantata en el iceberg; en novela: Solo de trompeta, Un caracol en la cocina, La liebre mecánica y La llama invisible; en narrativa: En Cejunta y Gamud, Pompón y Dentro de un embudo; en teatro: Todos los días son espléndidos y La tabla de multiplicar; en ensayo: Picasso escritor (el primer texto sobre la obra escrita del pintor malagueño), La generación del 98 y Dalí —Testimonios y enigmas—. Como antólogo realizó: Los poetas románticos, Antología de la poesía cotidiana, Antología de la poesía modernista, Antología de la poesía mística española. Su obra se encuentra en primera línea de las propuestas más arriesgadas y enriquecedoras de la literatura en castellano. En Orfeo errante se recoge por vez primera una antología poética que abarca toda la trayectoria de Antonio Fernández Molina, desde 1951 hasta el momento de su fallecimiento, en el año 2005, así como algunos poemas publicados con posterioridad. El volumen además contiene una completa bibliografía de su obra, una selección de su aforismos y «musgos», algunas de sus traducciones (como sus versiones de poesía japonesa tradicional), una antología breve de sus heterónimos: Mariano Meneses y Roberto Goa, dos textos donde el autor define su concepto de lo artístico y lo poético… Como apéndice el lector hallará la entrevista interesantísima que le realizó al poeta la escritora Magdalena Lasala en los últimos días de su vida.

Fecha de publicación: 10 de Diciembre, 2008

ISBN: 978-84-95399-96-0

Páginas: 360

Precio: 20 €

¡Y visita su blog: http://antoniofernandezmolina.blogia.com/ !

Los dioses nos son propicios, ¡Orfeo ha vuelto!

 

[La editorial Libros del Innombrable nos remite la siguiente noticia de la inmediata publicación  de esta Antología poética de Antonio Fernández Molina. La reproducimos íntegra según el texto de promoción que hemos recibido.]

Cirlot en Zaragoza (Artículo de Antonio Fernández Molina)

Cirlot en Zaragoza (Artículo de Antonio Fernández Molina)

El poeta, crítico, musicólogo y filósofo Juan Eduardo Cirlot, extraordinariamente intuitivo y poseedor de extensos y muy originales saberes y de una de las cabezas más lúcidas de los últimos tiempos, hizo, en la postguerra, su servicio militar en Zaragoza. Detalle bastante interesante desde el punto de vista cultural porque en Zaragoza Alfonso Buñuel le descubrió el surrealismo.

Cirlot está certeramente considerado como uno de los poetas españoles más significativos del surrealismo español. A su vuelta a Barcelona formó parte del grupo de artistas y escritores "Dau al Set" y le aportó su inspiración y conocimientos adquiridos en Zaragoza.

En Zaragoza conoció también a Tomás Seral Casas quien en su colección "Cuadernos de Poesía" le editara la "Elegía sumeria", en la línea característica de algunas de sus más significativas inquietudes, dentro de la simbología.

Es autor de un importante "Diccionario de Símbolos". El título de "Elegía sumería" tiene una llamada donde explica: "Los sumerios constituyen el pueblo más antigua de la Baja Mesopotamia, región que por su causa, recibió el nombre de Sumer. Este pueblo entró en Mesopotamía del 6000 al 5000 a.C. y se instaló en la zona donse se sitúa el Paraíso Terrenal".

La "Elegía sumería" densa en su contenido, para su plena comprensión precisa de muy sucintos comentarios. Pero sin necesidad de ese requisito, el poema nos cautiva con una belleza, bien novedosa en aquellos momentos y que resiste el paso del tiempo como si de una pirámide egipcia se tratara.

En él se leen estrofas como las siguientes:

 

"Plata desamparada riega los horizontes,

donde se abre esa puerta de joyas miserables.

Inmensas cataratas de amarguras y alientos

permanecen en vilo sobre la superficie.

La primavera vuelve con su olor escarlata

a llenar el silencio de labios y rugidos.

En la pálida estancia del agua destrozada

dulcemente palpitan las telas de los cielos…"


Cirlot que, en su etpa de Zaragoza, ya era un gran poeta, dedicó una buena parte de su tiempo y de sus inquietudes al estudio de la música, en especial de la dodecafónica. Es autor de un volumen sobre "Igor Strawinski", concebido durante aquella etapa. En alguna de las conversaciones que sostuve con él a principios de los años setenta, poco antes de su muerte, me comentaba muy ilusionado como, durante aquella etapa, estrenó un vals en uno de los cafés que por entonces funcionaban en el Paseo de la Independencia.


Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina


[El artículo de A.F. Molina Cirlot en Zaragoza se publicó en ABC de Aragón, en la columna El cierzo, el domingo 19 de agosto de 1991.]

Homenaje a Bécquer (Artículo de A. F. Molina)

Homenaje a Bécquer (Artículo de A. F. Molina)

Una fascinante obra de Juan Eduardo Cirlot


La deuda de la poesía española con Bécquer es evidente. Su influencia la más destacada y positiva desde que aparecieron las "Rimas" está presente de una manera más o menos visible, en los mejores poetas españoles que han venido después. Los más grandes se han reconocido sus deudores y la importancia de su obra se admite de una manera que puede llamarse unánime. Bécquer es el poeta del amor; pero al mismo tiempo el primero que inauguró entre nosotros el espíritu moderno yendo a la poesía por el camino de lo esencial.

Juan-Eduardo Cirlot, que tan inquieto se muestra en todo momento en una actitud que es a un tiempo la del que ahonda en su propio mundo y aparece curioso por lo que sucede alrededor publica ahora un "Homenaje a Bécquer" (1). Este trabajo poético se escribió en primera versión en 1954 y la de ahora es una segunda versión, primera que se publica.

Sobre el poema de Bécquer "Volverán las oscuras golondrinas" hace Cirlot unas combinaciones que cargan los elementos becquerianos de musicalidad, de lirismo y de dramatismo. El resultado es fascinante. Los ecos becquerianos parecen resonar como por una larga galería de espejos sonoros en la que nos vemos envueltos por su lectura. Allí están, en estos versos, en estas palabras de Bécquer colocadas en otro orden, todo el poema de Bécquer, todo el mundo del poeta y la personalidad de Cirlot ofrecida desde un ángulo que nos la muestra más enriquecida y nos la explica más ampliamente. Un mundo lleno de intuiciones, de presagios en el que se confunden la emoción lírica, el placer intelectual y el mundo musical, se unen en una suerte de simultaneidad. Como si el poema de Bécquer, escenificado, declamado e impreso se proyectase simultáneamente en una visión caleidoscópica. Este es in duda uno de los pasos importanets que ha dado la poesía por el camino hacia el que nos dirigimos cada día de una manera más evidente, en la integración de las artes.

El sistema de combinaciones que ha utilizado Cirlot es sumamente atrevido, pues ha trastrocado el poema de arriba a abajo, lo ha descompuesto y vueleto a compoer, sin que se noten las costuras. El talento de Cirlot y su profundo "conocimiento" de Bécquer han obrado el prodigio. El resultado es tan becqueriano que no podemos por menos de pensar si no sería esta versión la que el mismo poeta romántico pediría para los tiempos que corremos.

El trabajo de Cirlot, que se ofrece a tantas consideraciones, es en cierto modo similar al que ha hecho Picasso en torno a "Las Meninas". Es también una suerte de recreación en torno a un tema que procede de un clásico en el qeu un artista del pasado surge explicado de nuevo. Pero sin entrar en comparaciones que siempre suelen ser extemporáneas y enojosas es preciso señalar que el trabajo de Cirlot ha penetrado más dentro del espíritu de su modelo. Esto quizá se deba a que el siglo que vivimos tan caótico, tan aparentemente contradictorio, tan insólito y atrayente está dentro de la órbita del romanticismo que, por otra parte, en su sentido más generalno sería extraño que volviera a ponerse de moda, y sabido es con cuánta frecuencia el poeta camina por delante de su tiempo.

Cirlot, utilizando las imágenes y las palabras de Bécquer, hace su propia poesía. Las puertas en que está dividido este homenaje están tan cohesionadas entre sí que su lectura cobra una intensidad ascendente conseguida por acumulación y el citar uno de estos fragmentos aislado no daría sino una pálida idea de lo que significa dentro de ella. Por el momento creo que no es aventurado asegurar que los dos más originales homenajes y de más proyección para el futuro que se han dedicado a Bécquer han sido éste de Cirlot en verso y las "Cartas a las golondrinas" de Ramón Gómez de la Serna, en prosa.


Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina

(1) Juan-Eduardo Cirlot. "Homenaje a Bécquer". Barcelona, 1968. Imprenta Juvenil (Ed. del autor).


[Este artículo de A. F. Molina se publicó en el diario La Vanguardia el 26 de septiembre de 1968]

Carta de Juan Eduardo Cirlot a Antonio Fernández Molina sobre Antología de poesía cotidiana

Carta de Juan Eduardo Cirlot a Antonio Fernández Molina sobre Antología de poesía cotidiana

[En 1965 Antonio Fernández Molia preparaba la Antología de poesía cotidiana (Alfaguara, 1966). Por tanto muy probablemente la carta de Juan Eduardo Cirlot fuera la respuesta a la remitida por Antonio Fernández Molina respecto a su intención de incluirle como autor en la citada antología. Gracias a la familia Molina-Echeverría publicamos este documento de primer orden por los velos que desvela.]


Sr. D. Antonio F. Molina

Fco. Vidal, 175

La Bonanova

Palma de Mallorca


Estimado amigo:


Habiendo recibido su carta de 8-cte. le mando lo que me pide (la foto es con brillo, pero se reproducen igual) y mi último opúsculo poético editado* (último ejemplar que me quedaba), por si desea dar algún fragmento de esos en la antología (preferiría fuera así, que tomados de otro lado).

Verá que mi poética es poco literaria, bastante irracional y un mucho metafísica (en el doble sentido al que nos bifurca el espiritualismo de la gnosis y el concepto filosófico).

Gracias por la admiración que me testimonia: que no merezco salvo en ser víctima de esa deidad desde siempre y hasta siempre (aunque no publique mucho ni continuamente, ni apenas en revistas, ni tenga premios ningunos).

Reciba un saludo afectuoso de su amigo


Eduardo


10.II.1965


* Es un solo poema, a fragmentos. No los escribí por el orden que están. Sufren recortes y reagrupaciones diversas hasta su organización definitiva. Es un hecho normal en mí.

Archivo Antonio Fernández Molina

Artículo de Juan Eduardo Cirlot sobre Antonio Fernández Molina

Artículo de Juan Eduardo Cirlot  sobre Antonio Fernández Molina


Hace ya tiempo que se habla de "informalismo", menos como una tendencia concreta (cual el cubismo) que como un grupo de posibilidades muy distintas, caracterizadas todas ellas por el triunfo de lo informe. No de lo aformal, que en arte sería inexistente, sino de aquellas zonas en que la forma parece, como herida por una enfermedad extraña, inclinarse mágicamente hacia la disolución, envuelta en fulgores fosforescentes o transmutadas en lianas lineales que no tienen relación siquiera con la realidad tan neta y evidente que ofrecen la geometría y lo tecnótico.

La expresión gráfica, el dibujo y el collage, como puente o no par el grabado, tientan al poeta. En Francia existe el caso de Michaux. En España, el de A. F. Molina. Quien conozca su Solo de trompeta, que es la biografía de un pobre ser tétricamente monstruoso, y vea la filiación de esa obra con la teoría del "esperpento" y con las pinturas de bufones y tontos de Velázquez, no se extrañá nunca de lo que dibuja Molina. Desde hace años, primero secretamente, y luego exponiendo, el poeta trabaja en obras gráficas, de intenso temblor interno, que son la manifestación más directa de su temperamento. Contra lo que se creyera en los inicios del surrealismo, tanto puede haber una "escritura automática" de la palabra como del grafismo; ésta es la impresión que producen todas las obras de Molina en el dibujo. Sobre todo las últimas, las qeu superan la fase medio figurativa y sarcástica, que mantenía contactos con aquellos artistas europeos que han hecho de las fronteras de la caricatura un arte significativo, cual son Groz o Dubuffet, entre otros, no muchos.

Las imágenes de Molina son paisajes; en ellos hay árboles, plantas, rocas, montañas, incluso semillas e insectos; pero nada es lo que parece. O mejor dicho, nada llega a parecer que es tal cosa. Todo se halla en un estado preformal, larvado; o en una situación posformal, enfermo. Los ritos se agrupan según densidades variables y la fuerza del ir y venir de la línea origina constrastes de intensidad que siempre proceden del ritmo y se crean dinámicamente, nunca por previo establecimiento de un plan compositivo. Esas paradójicas "formas informes" tienen expresiones características, y se hallan entre el perfil desgarrado de "algo que hubiera podido ser" y el simple trazo lineal "per se". A Eugenio Lucas, y a mediados del siglo XIX, se remonta en España este arte del trazado informal no representativo. Pero Lucas, al parecer —pues sería difícil entender los dibujos suyos de otro modo— trabajaba como mera experimentación técnica. Molina realiza con esas imágenes una labor confesional, paralela a su obra literaria, y tan importante como ella, con gérmenes de evolución que permiten prever desarrollos futuros en dirección a un arte más psicodélico. Empleamos este concepto en su valor estrictamente formal y líneal, no cromático ni psicológico, ya que no vamos a analizar en qué suerte de "estados segundos" ejecuta el artista sus obras.

¿Por qué, a mediados del siglo XX, ha surgido un arte que necesita deshacer la forma hasta la tornarla irreconocible? ¿O llegar a ella desde la nada, a través del camino quebradizo del puro actuar artístico? Sin duda porque, como se ha dicho, nos hallamos en el fin de una era y en el comienzo de otra. Porque estamos en la prehistoria de una inmensa época en la cual (si la humanidad no se autoinmola en una conflagración gigante), se abrirán virtualidades aún no soñadas, pero que comienzan a experimentarse en los laboratorios. El artista, además, y el mismo hombre en general, se halla saturado de la idea de su caducidad personal, lo que le lleva a concebir la existencia como un vasto fenómeno energético en el cual todo lo parado, concreto, denso, no es sinon apariencia engañosa. De ahí, la tendencia a las formas larvadas, a las formas-semilla, a las preformas, todo lo cual, comparado con lo que existe, son prácticamente antiformas. Las antiformas de Molina no son las de un universo mecanizado y robótico, sino las de un campo roturado por pensamientos asimismo informes, por halos de luz y de fuerza, de oscuridad y de muerte, de renacimiento y de terrible agresividad oculta. Lo oculto, otra clave de la situación presente (desde el siglo XIX asistimos a un resurgir, más importante en lo callado que en lo manifiesto, del esoterismo). Y todo el arte de vanguardia —el gran arte— ha sido creado por mentes formadas en el seno de tales doctrinas. Nuestro siglo se prepara, pues a ser el tiempo de la siembra, de las más extrañas siembras, irreconocibles en su identidad con frecuencia, para que el futuro pueda existir por el sacrificio del presente. Lo sacrificado aquí son las formas en sí, las formas del arte tradicional, las de la misma lógica tradicional. Por esto, nos hallamos en el amanecer de lo informe y por esto son representativos de la época —mucho más amplia y profunda que lo creído por quienes siguen modas estéticas y suponen "superado" el informalismo —en que lo más importante del descubrimiento es afirmar la continua apertura de lo ignoto, y la posibilidad de trabajar siempre en las ardientes fronteras de lo que parece superreal por ser la realidad "otra" que aún no se ha catalogado y fichado. Poesía tampoco es fuerza sino en la médida que inventa y descubre. Lo nuevo nos fascina, pero no por ser tal, sino por su condición de umbral del misterio que somos.

La Vanguardia Española, Barcelona, 1-11-1969

© Herederos de Juan Eduardo Cirlot

 

[Este texto se incluye en el libro A. F. Molina de Claudio Bastida, Artistas Españoles Contemporáneos, Madrid, 1979]

Carta de Juan Eduardo Cirlot a Antonio Fernández Molina

Carta de Juan Eduardo Cirlot a Antonio Fernández Molina

Amigo Antonio:


Hoy, 13, ha salido tu adivinadora crítica de La Vanguardia. Cuánto te agradezco que me entiendas. Sobre todo la afirmación de que la historia exterior importa menos que la interior. Es tan cierta esta aseveración. Yo esoterico por cultura, nada sabía del verdadero mundo "otro" hasta mi encuentro con Bronwyn, que es lo que los místicos del Irán mazdeano y del Islám llaman un "arcángel femenino". La Daena es la propia alma transfigurada en mujer, o con forma de mujer, que se une al muerto a la tercera aurora después de su fin, en el puente Chinvat (mitología iránica), al puente al que aludo en mi libro al final. Es imposible para mí dar explicaciones concretas en un poema, ni en prólogos ni notas. Los símbolos, aun aislados de su "explicación" concreta, han de vivir y actuar por sí mismos, de lo contrario nada valen. Y más insertos en la lírica, que es otro poder per se. Por cierto, debes tener, o estarás a punto de recibir el Diccionario de símbolos, pues Mas Solanch me prometió enviártelo. En lo relativo a tu probable libro sobre Poesía Española, pienso que si ni Labor ni Guadarrama se interesan, posiblemente lo quiera Plaza Janés (editan una colección de poesía) y puedes dirigirte -no en mi nombre ya que no le he tratado- a Mario Lacruz, Plaza Janés, Enrique Granados 68, Barcelona. Todo, menos abandonar la idea. Es necesario un Libro de la Verdad en este dominio tan abandonado o dejado a confusionismos de política, oportunismo o rutina. Tú tienes las visión de lo que son las cosas, y no has de cejar en este propósito. Deseándote éxito en él, y repitiendo mi agradecimiento por la comprensión de mi obra, te manda un abrazo tu amigo

Eduardo


Barcelona,

13.2.69

 

[© Archivo herederos de Antonio Fernández Molina.]

Ignacio de la Fuente (8 años) escribe sobre su abuelo A. F. Molina

Ignacio de la Fuente (8 años) escribe sobre su abuelo A. F. Molina

Mi abuelo era muy bueno cuando venía de Logroño casi siempre me regalaba un jamón y lo mejor es que cuando nos portábamos mal no dejaba que nos pegasen. Como yo vivía en Logroño no veníamos mucho. Pero siempre que venía me lo pasaba bien. Una vez estaba en la cocina la abuela estaba haciendo la comida se le cayó un huevo y se lo comió. En la comunión de mi hermana fuimos a un restaurante que se llamaba Iruña. Le gustó tanto que en su último aniversario fue a ese restaurante. El abuelo pidió un chuletón qu estaba poco hecho y le dieron una sartén muy caliente y pagó con un billete de 800 €. Alguna vez me daba pinturas y dibujos. Me acuerdo de una exposición en Alagón que mi primo Jaime y yo cogimos comida de un aperitivo y le dimos un poco de comida y luigo fuimos a comer a un restaurante y luego nos fuimos a un parque al lado había unas obras y un obrero cuando aparcaba su coche le decía: "Si luego tiene algo roto yo no se nada", y mi primo y y nos reíamos.

Fin

© Ignacio de la Fuente

[Ignacio de la Fuente escribió esta redacción sobre su abuelo]

Ángel Olgoso (Texto inédito sobre Antonio Fernández Molina)

Ángel Olgoso (Texto inédito sobre Antonio Fernández Molina)

Aunque me limito a escribir y no tengo teorías ni conjuntos de opiniones sobre la literatura, creo sinceramente que las obras de A. F. Molina, como en su día las de Poe, Kafka o Borges, inutilizan, arrasan, pulverizan millares de anaqueles que continen todas las páginas pomposas, solemnes, convencionales y rutinarias de sus contemporáneos. Sólo la condición marginal de este creador, provocada por la ceguera de críticos, voceros y lectores, ha impedido que lo anterior sea algo comúnmente aceptado. Artista proteico, arúspice socarrón y nihilista, iconoclasta y sorprendente. A F. Molina no guarda compostura, escribe sobre el reverso de papeles ya usados, dibuja tendido en la cama o encima del manillar de una bicicleta, lleva al lector en volandas, tiene el don de la ubicuidad pese a que las setas que han crecido a su alrededor no le dejan andar, es un fecundadísimo árbol del que cuelgan relatos, novelas, poemas, pinturas, dibujos, ensayos, críticas de arte, traducciones, antologías y revistas. Sus piezas literarias se ramifican hasta confundir las fronteras entre géneros, fortalecidas además por la nutritiva savia de las vanguardias: el postismo, el absurdo, el expresionismo, lo onírico, el surrealismo, el humor, lo naïf, el irracionalismo.

Cuando en los años setenta leí por primera vez algunos textos suyos (y los de otros grandes olvidados, Ferer Lerín y Manuel Pacheco), supe que me había inoculado para siempre su insobornable fervor imaginativo, su deseo de subversión de la realidad, y deseé con cierto ímpetu que sus pasos me llevaran en la dirección correcta, esa que aleja de la mercadería pedestre y de la prosa embalsamada. Compartir el espacio de este libro con a. F. Molina es un honor bastante impresionante que acepto gustoso, pues no existe mejor compañía que la inventiva y la originalidad verdaderas.

Ángel Olgoso

© Ángel Olgoso


[La familia de Molina-Echeverría nos traslada con generosidad el siguiente texto de Ángel Olgoso: «Este texto que te mando está inédito. Lo tenía preparado Angel como introducción para el libro Bicéfalo, un libro compuesto por textos suyos y de mi padre, y que por fin la editorial Granada Literaria, dejó en galeras».]

[En la imagen superior Angel Olgoso le impone a Ester Fernández Echeverría la medalla insigne del Colegio de Patafísica de Granada. Colegio que, a su vez, cada año hace entrega del Premio Antonio Fernández Molina al espíritu patafísico]