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antonio fernández molina

Pinturas y revelaciones

Pinturas y revelaciones

Cuando vi. por vez primera (y fue en un encuentro fortuito) un puñado de cuadros de Carmen Catalán, sentí en el pecho y en la espalda la sacudida del golpe de la revelación en ese instante estaba ante la obra de alguien tocado por la gracia infusa de la pintura ante una artista de la estirpe de en quienes la inspiración suple a las reglas y exalta los resultados.

 

Vi a Carmen Catalán en un ideal grupo donde destacan las manos los corazones y las cabezas de venerables artistas como Gauguin, El aduanero, Odilon Redon... quienes al pintar trazaron los poemas que describen el alma grande de las cosas visible s e invisibles.

Veo sus obras últimas, veo sus acuarelas y oleos y siento como me sube a la garganta y acaricia mi paladar la espuma de mi espíritu.

 

El alma general y las almas múltiples de la naturaleza ofrecen ante mi abundantes rostros vivos de sus aspectos humanizados.

 

Sus cuadros hablan con la temperatura del momento en que nacieron, hablan los árboles, hablan las rocas, hablan las nubes, las aguas que se hacen presentes, las energías de tantos seres como en ellos dejaron teñidos sus sentimientos con sus miradas.

 

Las presencias de rincones testigos de días pasados e impregnados de conocimientos y amor se ofrecen como tablas de salvación de nuestro presente y de nuestro futuro.

 

Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina

 

{Texto escrito para La exposición de Carmen Catalán en la galería Aitor (Vitoria) en Mayo de 1992 }

José Fernández Arroyo escribe sobre la revista "Doña Endrina"

José Fernández Arroyo escribe sobre la revista "Doña Endrina"

DOÑA ENDRINA


Otra de las revistas contemporáneas de las comentadas en los números anteriores que, manteniendo con inapreciables diferencias la linea de éstas, fué una que se caracterizó principalmente por su más reducido formato y se llamó DOÑA ENDRINA, en homenaje al famoso Arcipreste por parte de su editor y director, el poeta Antonio Fernández Molina. Aunque la dirigía desde Guadalajara (Balconcillo, 6), se editaba en Madrid. El formato era de 13 por 10 centímetros y sólo tuvo seis números de vida, cada uno de los cuales (a excepción del último, que tuvo 28) tenía una extensión de 24 páginas, además de las cubiertas.
Las páginas fueron sin numerar en todos los números. Como “prima hermana” que era de las comentadas anteriormente en esatas páginas (y de otras que más adelante comentaremos), los colaboradores fueron también prácticamente los mismos.
En el primer número, que apareció en 1951, colaboraban: Silvano Sernesi, Gabino-Alejandro Carriedo, Ángel Crespo, Miguel Lezcano Quiles, José Fernández-Arroyo, Manuel del Cabral, Chicharro Hijo (Chebé), Federico Muelas, Miguel Labordeta, Bernardo Martín del Rey, Antonio Fernández Molina y como ilustradora, Madrilley, que firmaba el dibujo de la cubierta, el de la contraportada y las cuatro viñetas interiores.


En el número dos, publicado también en 1951, aparecieron poemas de Ramón Algaba, Ángel Crespo, Enrique Molina Campos, Jaime Canelas López, Antonio Fernández Molina, Gabino-Alejandro Carriedo, Gabriel Celaya, Fernando Quiñones, Mario Ángel Marrodán, un dibujo de Gregorio Prieto (del libro postista “Macho Machungo”, de la Colección Entretén), dos viñetas de Madrilley, dos de Laguardia y una de Francisco Nieva.
Las colaboraciones del número tres, que sale en 1952, van firmadas por Raúl Gonzalo Vazquez M., Manuel Alvarez Ortega, José Fernández-Arroyo, Félix Casanova de Ayala, Ángel Crespo, Rafael Jáume, Miguel Lezcano Quiles, Gabino-Alejandro Carriedo, Antonio Fernández Molina, Miguel Martínez Monje, Miguel Labordeta y lleva dos viñetas de Nieva y cuatro de Madrilley.
El número cuatro, de 1952, viene ilustrado con viñetas de Madrilley, NúñezCastelo y Crespo y trae poemas de Gabriel Celaya, Félix Casanova de Ayala, Alejandro Busuioceanu, Manuel Pinillos, Manuel Pacheco, Mario Ángel Marrodán, Francisco Nieva, Rafael Millán, Atilano Lamana y Antonio Murciano.
El número 5 sale en 1953 con páginas firmadas por Paul Eluard, Ángel Crespo, Madrilley, Mathias Goeritz, Laguardia, Antonio Rebordao Navarro, Gabino-Alejandro Carriedo, Amandio César, Antonio Fernández Molina, Félix Casanova de Ayala, Emilio Ruiz Parra, Antonio Leyva Fernandez y Calos de la Rica, siendo las viñetas de Laguardia.
Y, finalmente el número seis, que sale en 1955, tiene poemas de Jean Poilvet le Guenn (en versión castellana de Ángel Crespo), Enrique Azcoaga, Ángeles Fernandez, Ángel Crespo, Ilka Sánches (traducida del brasileiro por Ana Luz Sotolongo), Francisco Chavarría Crespo, Mario Cajina Vega, Un Niño (dos poemitas recogidos por A,F,Molina), Manuel Pacheco, Antonio Fernández Molina, Aldo Capasso (en traducción de Dictinio Del Castillo Eleijabeytia) y Egle Malheiros (traducido por A. Crespo). Este número trae dos dibujos de Mathias Goeritz y cuatro páginas más que sus anteriores hermanos.

J.F.Arroyo

 

Si desea leer este texto en su contexto original pinche en el siguiente enlace:

http://personales.interlink.es/kaskaramarga/Todos%20KSK/KSK%2006/DO%84AENDRINA.html

Orfeo errante de Antonio Fernández Molina en el blog de José Marco

 

ORFEO ERRANTE

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     Los Reyes Magos de Oriente me han regalado la última antología poética de Antonio Fernández Molina (Alcázar de San Juan, 1927 - Zaragoza, 2005). Con el sugerente título Orfeo errante, la cuidada edición de los "Libros del Innombrable", a cargo de Raúl Herrero nos acerca de nuevo a un poeta con una riquísima trayectoria creadora y, paradójicamente, olvidado por la crítica y por los manuales literarios al uso.

   Tuve la suerte de conocer a Antonio en los últimos años de su vida. Mi colaboración en la desaparecida revista Trébede, ME llevó a elaborar una reseña de su obra Fragmentos de una elegía permanente, que no llegó a aparecer en la revista y que publiqué en este mismo blog el 27 de mayo de 2005, con el título "Poemas de la esperanza a golpes de corazón".

    Gracias a la gentileza de Sus Majestades - que siempre me obsequian con cultura - he vuelto a reencontrarme con la poesía del autor manchego afincado en Zaragoza. Una poesía que oscila entre el surrealismo clásico, la tradición de la metáfora negra y el absurdo cotidiano. Una poesía imaginativa, lúdica y espontánea.

     Me ha resultado difícil seleccionar un poema de esta ambiciosa antología. Al final me he decidido por el poema Cada día que pasa el tiempo pesa, que considero acorde con estas fechas de sueños, de recuerdos, de reflexión y de buceo casi inconsciente en el mundo de la infancia. El poema pertenece al libro Platos de amargo alpiste, publicado por la colección Ocnos, dirigida por Joaquín Marco, en 1973.

Cada día que pasa el tiempo pesa,

el sombrero es de plata sucia y frágil,

 su testamento el buey hace en la dehesa

 y el río en la cabaña duerme grácil.

 Cual mosca de septiembre, la quimera

  en forma de medusa. Aúlla el gato.

 La cuchara se espera que se muera.

  En el campo del moro duerme un rato.

 La ventana da al bosque de las dudas.

 Los niños se meriendan una estela.

 Marchan  cantando las camisas crudas.

En la alta noche la maleta vuela.

Merlín pone la llave en la cornisa,

el céfiro presenta sus excusas,

 algunas musas bailan en camisa,

 y deprisa el poeta va a la escuela

 

[Si el lector desea leer este entrada en su contexto habitual

en el blog de José Marco puede hacerlo en el siguiente enlace:

http://josemarco.blogia.com/2010/010601-orfeo-errante.php]

Tres microrelatos o relatos breves

Tres microrelatos o relatos breves

 

Mi cama

Mi cama despierta en cuanto me tiendo y cierro los ojos. Entonces la acompaño en sus correrías.

Tiene distintas transformaciones. Se convierte en un coche de carreras, luego en la mesa servida de un restaurante. Al mismo tiempo siempre es una mujer hermosa.

De madrugada volvemos a la habitación y hasta muy entrado el día somos una amorosa pareja.

Y nunca ha dejado de prepararme el desayuno.




Lo vil

Lo vil hubiera sido mirar.

Y miré,

Lo vil hubiera sido no mirar.

Al revés, lo vil hubiera sido…

Sea como quiera, no puedo quejarme de estar deshonrado, pues ya pagué con el tiro que me dieron en la pierna.



La mosca

La mosca que está en mi mano vuela hasta mi hombro. Es grande como una gallina. Cruza mi boca y entra en mi estómago. Entonces mis ojos se apagan y durante días y días veo con los suyos.

Cuando recupero la vista me dicen que he estado enfermo.

La mosca sale bruscamente y arrastra mi dentadura.

Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina

[La vida caprichosa, Libros del Innombrable, Zaragoza, 2003.

Fotografía de Juan Francisco Nevado]

 

Los trenes salvajes, nuevo poemario de Raúl Herrero con prólogo de Antonio Fernández Molina

Los trenes salvajes, nuevo poemario de Raúl Herrero con prólogo de Antonio Fernández Molina

 

El nuevo poemario de Raúl Herrero se presentará en el marco del pub Rock Moog Zaragoza , donde tiene previsto iniciarse, en un futuro próximo, una serie de actividades culturales de tipo multidisciplinar donde tendrá cabida la música, la fotografía, el cine, la literatura y las artes plásticas.

 

El nuevo poemario de Raúl Herrero cuenta con prólogo del desaparecido poeta y pintor Antonio Fernández Molina y dibujos de Isabel Fernández Echeverría.  En portada figura un collage realizado por Juan Francisco Nevado.

Tras la presentación del volumen, que realizará María José Benedí, seguirá una audición de hora y media creada en especial por el autor para la ocasión con música relacionada con los temas del libro. Durante sesión se escuchará música de  The Beatles, Thelonious Monk, Pink Floyd, Kroke, Bod Dylan, Robert Johnson, Frank Sinatra, Burt Bacharach, etc.

El poemario “Los trenes salvajes” incluye poemas dedicados a Paul McCartney y Thelonious Monk, entre otras referencias musicales, por tanto se tendrá especial atención a temas relacionados con tales contenidos, así como a canciones relativas a los trenes.

La audición, preparada por el autor de “Los trenes salvajes” , no será una mera sucesión de temas sino que el autor mezclará elementos de origen dispar.

 

Hora: 20:30 h.

Lugar: Rock  Moog  Zaragoza

Espacio de arte lamulamug

 C/ Santa Isabe l, local 2

50003  Zaragoza.

Al lado de la plaza del justicia en el Casco Histórico

 

La artista plástica Irina Kuznetsova realizará una ambientación especial de la sala acorde con los temas del libro que van desde Gómez de la Serna, a la psicodelia, pasando por Dalí, el cabalista Abulafia, el jazz,  Jack the ripper, Christina Ricci, Béla Lugosi, Lily Monster, la patafísica, el movimiento pánico, Fernando Arrabal,  Ingmar Bergman,  etc.

A todos los asistentes se les agasajará con un cóctel de bienvenida.

Así mismo a los miembros de la prensa que se aproximen al lugar a partir de de las 20:00 horas el autor responderá gustoso a las preguntas que tengan a bien realizarle hasta el comienzo de la presentación.

Al final del acto el autor firmará ejemplares de su obra.

 

 

 

Miró y A F Molina, charlan sobre la fraternización de la plástica y la poesía

Miró y A F Molina, charlan sobre la fraternización de la plástica y la poesía

A Miró, que de vez en cuando escribía poesía, le gustaba hablar de sus amigos poetas. Tuvo la suerte de vivir un ambiente donde la plástica y la poesía fraternizaban como antaño lo habían hecho en la obran de Blake y de Victor  Hugo. Casi todos aquellos poetas practicaban la plástica con mayor o menor dedicación, pero siempre con importantes aportaciones.

Un día lo llamé. Quería pedirle una cita para preparar una nueva entrevista que luego se publicó en Revista de Occidente. Me contestó que ese día estaba muy apretado de tiempo. Le manifesté cómo después de haber hablado varias veces con él de la fraternización de su plástica con la poesía, tema de la entrevista, me podía arreglar, si era necesario, con veinte minutos. Quedamos de acuerdo y acudí a la hora convenida.

Me esperaba sentado en el cuarto de estar donde repasaba unas revistas. Se inició cordialmente la conversación. Le hacía preguntas con cierta prisa para aprovechar el tiempo de que disponía y cubrí el objetivo en el espacio de tiempo que se me había asignado. Me disponía a levantarme pero seguía la conversación. Miró me comentaba animado y sin dar muestras de tener prisa por nada ni de estarle esperando ninguna ocupación y se prolongaba la charla. Por entonces había leído un libro muy interesante del poeta Máximo Alexandre, Memorias de un surrealista, donde habla de sus andanzas dentro del movimiento y de su ruptura con los surrealistas. En el libro cuenta cómo se enteró por el librero y editor José Corti, de la muerte de André Bretó. Conti le comentó como se decía que André Breton se había convertido en sus últimos momentos, cosa que sus allegados mantenían en secreto. Por entonces yo estaba especialmente interesado en el fenómeno de las conversiones y buscaba el libro de Máximo Alexandre titulado Sagesse de la folie donde se narraba la suya. Ante mi interés Miró se levantó del asiento y fue a buscar la dirección de la hija del poeta, monja en un convento de carmelitas, para dármela. No pudo encontrarla y seguimos la conversación. Me aproximaba hacia la puerta de salida por que no quería ocupar su tiempo si lo necesitaba. Pero Miró parecía ignorar el paso de los minutos y hablaba muy animado. Estuvimos en la puerta largo rato y salió unos pasos al exterior hablando conmigo de poesía, hasta mi partida.

Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina

Fragmento del libro Vientos en la veleta (Libros del Innombrable, Zaragoza, 2006)

De cómo Mallarmé salvó la vida de A F Molina

De cómo Mallarmé salvó la vida de A F Molina

Imaginemos un primer plano…

Las maniobras transcurren sin incidentes. El calor, el apetito y las escasas obligaciones enredan a la compañía en una improvisada merienda, a la que pronto se suma una bota de vino con el propósito, dudoso, de paliar la sequedad de la garganta. Al joven poeta que entonces era Antonio Fernández Molina le parece oportuno aprovechar el desconcierto para solazarse con el libro que oculta bajo el uniforme. Se tumba a la sombra de un árbol y comienza el poema Un golpe de dados de Shéphane Mallarmé (ahora se suele traducir como Una jugada de dados lo que evita el galicismo y al mismo tiempo amuerma el título)

Cuando disfruta de la lectura un estruendo le obliga a separarse del texto. En la algarabía general, fomentada por el alcohol y el refrigerio, la carga deficiente de un proyectil en el mortero provoca una violenta explosión y mueren la mayoría de  los reclutas. El poeta se dirige con premura a socorrer a los heridos. Entonces es consciente de su buena fortuna.

Ignoro si el caso alentó alguna manera de reprocidad, pero lo cierto es que Fernández Molina entregó su vida a la literatura y al arte. Evitó posturas dúctiles, defendió propuestas artísticas marginales y se preocupó de forjarse un criterio personal. En definitiva, fue un hombre libre, con talento y sincero. Tres características que si bien le dotaron de temperamento y valía, también le enfrentaron con los incapacitados para asimilar la espontaneidad que transmitía es sus juicios y acciones.

Pocos autores han rozado tanto lo excepcional. En consecuencia quienes le conocíamos bien, no nos extrañó en absoluto cuando le nombraron, como antes lo hicieran con Camilo José Cela y Fernando Arrabal, miembro del Colegio de Patafísica de París (ciencia que estudia las excepciones según su fundador Alfred Jarry). Era de justicia su pertenencia a tan célebre organización, ya que durante toda su vida le acompañó una inagotable curiosidad y una incansable dedicación a los olvidados, las excepciones, en definitiva. Así se ocupó de la plástica de escritores (Ángel de Saavedra, Víctor Hugo, José Moreno Villa, Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca…), de la literatura de los pintores (Picasso, Dalí, Miró, Manolo Millares, José Gutiérrez Solana…), de las vanguardias y sus movimientos menos difundidos o más radicales (Postismo, Esterismo, Letrismo, Introvertismo, Body-art…), de artistas marginales o carentes de celebridad en su momento (Manolito “El Pollero”, Silverio Lanza, Xul solar…), de la pintura naïf…

Implicado en numerosas parcelas del prodigio creativo, tras su vida, deja, aproximadamente, 100 volúmenes publicados entre poesía, cuento, ensayo, novela, teatro y muchos otros de difícil clasificación. Por si esto fuera poco, a los ya contabilizados cabría sumar los firmados con heterónimos, siguiendo el ejemplo de sus admirados Pessoa y Antonio Machado, como Roberto Goa, Mariano Meneses…

Raúl Herrero, fragmento del libro Vientos en la veleta (Libros del Innombrable, Zaragoza, 2006)

[En la fotografía superior Antonio Fernández Molina durante la mili]

CINCO RECUERDOS FELICES CON MI PADRE por Teresa Fernández

CINCO RECUERDOS FELICES CON MI PADRE por Teresa Fernández

   A mi padre le gustaba recordarme una anécdota que se remonta a mi más tierna infancia:

 

   Tengo sólo tres o cuatro años y, aunque no levanto más de unos palmos del suelo, avanzo a una altura de unos dos metros  pues  mi padre me lleva amorosamente a hombros. Estamos en Madrid y caminamos junto a la valla del retiro. Yo me fijo en el hierro forjado y en los imponentes árboles del parque. De pronto me llama la atención un padre que regaña y pega a su hijo desobediente Mi padre los ve también y sonriendo me dice: “”nosotros no discutimos, nosotros nos queremos” Entonces se vuelve hacia mí y cariñosamente nos damos un beso.

 

   Siempre que paso por la acera que bordea el Parque del Retiro vuelvo a recordar esos tiernos momentos paterno-filiales.

 

 

 

 

   Tengo cuatro o cinco años y estoy subida en el pupitre donde mi padre-por entonces maestro rural- imparte sus clases en algún pueblo perdido de Guadalajara. Jugueteo y miro a los niños que están frente a mí. De vez en cuando me escondo  tras la mesa de mi padre quien, en un momento determinado y considerando, tal vez, que debo tener hambre, me ofrece un huevo duro que yo acepto encantada.

 

 

 

 

   En Palma de Mallorca mi padre me llevaba a menudo a la imprenta dónde él tenía que negociar pedidos para la revista de Camilo José Cela Papeles de Son Armadans. A mí me encantaba ir allí y observar cómo los trabajadores iban componiendo los textos letra por letra, con caracteres esculpidos en metal-que yo a veces cogía para estudiar de cerca- y a una velocidad endiablada. Eran considerables la velocidad y la destreza a que se cortaban y cosían las resmas de papel o se imprimían las hojas. Todo ello me resultaba fascinante. Y era mi padre, que daba instrucciones y trataba amigablemente a todos los trabajadores, el que me llevaba allí. ¡Qué orgullosa estaba yo de él, y cuanto agradecía su cariño.

 

 

 

 

   Lo acompañaba con frecuencia al mercado, al que se acercaba los sábados a hacer la compra semanal. Recuerdo las grandes cantidades de pescado que solía comprar y lo que le querían las pescaderas a las que halagaba con gentiles requiebros. Como suele ocurrir, casi siempre compraba más de lo que en un principio había calculado o, al menos, de lo que mi madre le había pedido. Y como no tenía donde meterlo, siempre acababa comprando unas bolsas de nylon trenzado que se vendían ahí muy baratas..Como el sábado siguiente nunca se acordaba de llevárselas, a final la casa se llenó  de esas  bolsas de modo que a casi todos acabaron pareciéndonos feísimas. Yo, al menos, llegué a aborrecerlas.

   Muchas veces, para no cansarse –a mi padre nunca le gustó cargar con peso- me hacía esperar donde no estorbara, con un montón de bolsas recomendándome encarecidamente que no se me ocurriera moverme ni un solo palmo de allí hasta que el volviera. Debo reconocer que esos ratos se me hacían eternos. A su regreso repartíamos el peso y nos íbamos a coger el autobús, que nos llevaba de regreso a casa en el barrio de la Bonanova dónde mi madre solía protestar enérgicamente por todo el pescado que iba a tener que limpiar.

 

 

 

   Ya más mayorcita, lo acompañé en varias ocasiones a Barcelona, donde acudía a ver las exposiciones más relevantes para poder hacer la crítica para una revista de arte de la que era colaborador. Supongo que no me llevaba tan sólo como porteadora, pero el caso es que siempre tenía que cargar con algún pequeño paquete, alguna bolsa o alguna carpeta. El viaje lo  hacíamos en día por lo que no teníamos necesidad de cargar con más equipaje. Viajábamos en barco durante la noche. Era muy emocionante. Y mi padre no paraba de hablar conmigo, de contar anécdotas, hacer observaciones y comentarios y aleccionarme sobre todo tipo de cosas.  Además, me presentaba con paternal orgullo a todos sus amigos y conocidos. Todo esto hacía que me sintiera mayor e importante. Y, al menos para mi padre, estaba claro que lo era.

   Estos viajes fueron enormemente instructivos para mí y los recuerdo con mucho cariño.

[Una de las seis hijas de nuestro poeta, Teresa Fernández, nos regala estos recuerdos entrañables en compañía de su padre. Desde aquí nuestro agradecimineto. En la foto superior Teresa de niña con el poeta]