03/02/2010
José Fernández Arroyo escribe sobre la revista

DOÑA ENDRINA | ||
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11/01/2010
Orfeo errante de Antonio Fernández Molina en el blog de José Marco
ORFEO ERRANTE
Los Reyes Magos de Oriente me han regalado la última antología poética de Antonio Fernández Molina (Alcázar de San Juan, 1927 - Zaragoza, 2005). Con el sugerente título Orfeo errante, la cuidada edición de los "Libros del Innombrable", a cargo de Raúl Herrero nos acerca de nuevo a un poeta con una riquísima trayectoria creadora y, paradójicamente, olvidado por la crítica y por los manuales literarios al uso.
Tuve la suerte de conocer a Antonio en los últimos años de su vida. Mi colaboración en la desaparecida revista Trébede, ME llevó a elaborar una reseña de su obra Fragmentos de una elegía permanente, que no llegó a aparecer en la revista y que publiqué en este mismo blog el 27 de mayo de 2005, con el título "Poemas de la esperanza a golpes de corazón".
Gracias a la gentileza de Sus Majestades - que siempre me obsequian con cultura - he vuelto a reencontrarme con la poesía del autor manchego afincado en Zaragoza. Una poesía que oscila entre el surrealismo clásico, la tradición de la metáfora negra y el absurdo cotidiano. Una poesía imaginativa, lúdica y espontánea.
Me ha resultado difícil seleccionar un poema de esta ambiciosa antología. Al final me he decidido por el poema Cada día que pasa el tiempo pesa, que considero acorde con estas fechas de sueños, de recuerdos, de reflexión y de buceo casi inconsciente en el mundo de la infancia. El poema pertenece al libro Platos de amargo alpiste, publicado por la colección Ocnos, dirigida por Joaquín Marco, en 1973.
Cada día que pasa el tiempo pesa,
el sombrero es de plata sucia y frágil,
su testamento el buey hace en la dehesa
y el río en la cabaña duerme grácil.
Cual mosca de septiembre, la quimera
en forma de medusa. Aúlla el gato.
La cuchara se espera que se muera.
En el campo del moro duerme un rato.
La ventana da al bosque de las dudas.
Los niños se meriendan una estela.
Marchan cantando las camisas crudas.
En la alta noche la maleta vuela.
Merlín pone la llave en la cornisa,
el céfiro presenta sus excusas,
algunas musas bailan en camisa,
y deprisa el poeta va a la escuela
[Si el lector desea leer este entrada en su contexto habitual
en el blog de José Marco puede hacerlo en el siguiente enlace:
24/12/2009
Navidad

La mañana ha volcado su niebla en este pueblo
y venimos montados encima de las vacas.
Dios es muy pequeñito y llora un poco.
Aún hay cristales de las botellas vaciadas anoche.
Un villancico tiene la gracia de endulzar la leche.
Vamos besando a todos los pequeños
y dando el aguinaldo a los borrachos.
Continúa Dios-niño llorando en un pesebre.
A la puerta de la iglesia el viento nos despeina,
y antes de entrar tiramos
los cigarros para besar las vacas.
En los rincones más fríos crecen las flores más
inesperadas.
El cordero bala y el gallo lanza un quiquiriquí de
níquel.
La beata ha olvidado colocar aceite en la lámpara,
pero la lámpara disimula y continúa luciendo.
Parece mentira que haya existido la guerra.
Verdaderamente, la guerra no ha existido nunca.
Antonio Fernández Molina
© Herederos de Antonio Fernández Molina
15/12/2009
Tres microrelatos o relatos breves

Mi cama
Mi cama despierta en cuanto me tiendo y cierro los ojos. Entonces la acompaño en sus correrías.
Tiene distintas transformaciones. Se convierte en un coche de carreras, luego en la mesa servida de un restaurante. Al mismo tiempo siempre es una mujer hermosa.
De madrugada volvemos a la habitación y hasta muy entrado el día somos una amorosa pareja.
Y nunca ha dejado de prepararme el desayuno.
Lo vil
Lo vil hubiera sido mirar.
Y miré,
Lo vil hubiera sido no mirar.
Al revés, lo vil hubiera sido…
Sea como quiera, no puedo quejarme de estar deshonrado, pues ya pagué con el tiro que me dieron en la pierna.
La mosca
La mosca que está en mi mano vuela hasta mi hombro. Es grande como una gallina. Cruza mi boca y entra en mi estómago. Entonces mis ojos se apagan y durante días y días veo con los suyos.
Cuando recupero la vista me dicen que he estado enfermo.
La mosca sale bruscamente y arrastra mi dentadura.
Antonio Fernández Molina
© Herederos de Antonio Fernández Molina
[La vida caprichosa, Libros del Innombrable, Zaragoza, 2003.
Fotografía de Juan Francisco Nevado]
11/12/2009
Los trenes salvajes, nuevo poemario de Raúl Herrero con prólogo de Antonio Fernández Molina

El nuevo poemario de Raúl Herrero se presentará en el marco del pub Rock Moog Zaragoza , donde tiene previsto iniciarse, en un futuro próximo, una serie de actividades culturales de tipo multidisciplinar donde tendrá cabida la música, la fotografía, el cine, la literatura y las artes plásticas.
El nuevo poemario de Raúl Herrero cuenta con prólogo del desaparecido poeta y pintor Antonio Fernández Molina y dibujos de Isabel Fernández Echeverría. En portada figura un collage realizado por Juan Francisco Nevado.
Tras la presentación del volumen, que realizará María José Benedí, seguirá una audición de hora y media creada en especial por el autor para la ocasión con música relacionada con los temas del libro. Durante sesión se escuchará música de The Beatles, Thelonious Monk, Pink Floyd, Kroke, Bod Dylan, Robert Johnson, Frank Sinatra, Burt Bacharach, etc.
El poemario “Los trenes salvajes” incluye poemas dedicados a Paul McCartney y Thelonious Monk, entre otras referencias musicales, por tanto se tendrá especial atención a temas relacionados con tales contenidos, así como a canciones relativas a los trenes.
La audición, preparada por el autor de “Los trenes salvajes” , no será una mera sucesión de temas sino que el autor mezclará elementos de origen dispar.
Hora: 20:30 h.
Lugar: Rock Moog Zaragoza
Espacio de arte lamulamug
C/ Santa Isabe l, local 2
50003 Zaragoza.
Al lado de la plaza del justicia en el Casco Histórico
La artista plástica Irina Kuznetsova realizará una ambientación especial de la sala acorde con los temas del libro que van desde Gómez de la Serna, a la psicodelia, pasando por Dalí, el cabalista Abulafia, el jazz, Jack the ripper, Christina Ricci, Béla Lugosi, Lily Monster, la patafísica, el movimiento pánico, Fernando Arrabal, Ingmar Bergman, etc.
A todos los asistentes se les agasajará con un cóctel de bienvenida.
Así mismo a los miembros de la prensa que se aproximen al lugar a partir de de las 20:00 horas el autor responderá gustoso a las preguntas que tengan a bien realizarle hasta el comienzo de la presentación.
Al final del acto el autor firmará ejemplares de su obra.
09/12/2009
Homenaje a Bécquer en la voz de Antonio Fernández Molina
Lectures de Cirlot: Homenaje a Bécquer
Ficha descriptiva
A través del desmontaje y remontaje en audio y vídeo Eugeni Bonet transforma el famoso poema de Gustavo Adolfo Bécquer “Rima LIII”, o también llamado “Volverán las oscuras golondrinas…”, en la propuesta de relectura desordenada que J. E. Cirlot efectuó como homenaje en 1954, 1968 y 1971. Mediante los golpes de un metrónomo marca al texto sus variaciones y reajustes.
«como yo te he querido..., desengáñate,
¡así no te querrán!» (Gustavo Adolfo Bécquer)
Las distintas “Lectures de Cirlot” que interpreta Eugeni Bonet parten de su admiración juvenil por sus «textos bien raros que hablaban de cine y de símbolos, o de estructuras permutatorias aplicadas a la poesía», publicados originariamente en el periódico La Vanguardia. Tras su experiencia con Duchamp se propuso una serie de elegías reivindicando a este poeta y teórico catalán. Para la mayor comprensión del poeta la reinterpretación videográfica de los poemas de Cirlot aparecen entre dos secciones que contextualizan su creación y circunstancias.
Eugeni Bonet, rompiendo sutilmente con la norma de lectura austera propuesta por Cirlot, plantea desde una postura lúdica la versión del poema “Homenaje a Bécquer”. A partir de la lectura del poema, popularmente nombrado como “Volverán las oscuras golondrinas…” de Bécquer, por Antonio Fernández Molina, que aparece en pantalla, recombina matemáticamente cada verso permutando sus elementos. «Bécquer x Cirlot (B x C, como si de una operación aritmética se tratara)» Con una primera intención documental subjetiva Bonet amplía sus propuestas experimentales más allá del formalismo y soluciona, de paso, algunas inquietudes personales sobre combinatorias secuenciales en vídeo.
Pautado por el latigazo de un metrónomo el texto se expande entre repeticiones y desórdenes en una sencilla confrontación de elementos aparentemente descompuestos. Jugando con la permutación de las ramificaciones potenciales de una cadena versos / imágenes consigue que lo conocido se vuelva amenamente sorprendente para transformarse en extraño hasta llegar al desasosiego. El sonido del metrónomo acaba semejando a un golpe de orden, de tortura, de sumisión que destroza la lírica romántica. Cada vez más mecánico, más preciso, más monótono, más simple y austero. Como sugiere el experto en Cirlot Jaime Parra acerca de este vídeo «sumerge al espectador en cinco minutos de angustia extrema».
[Este artículo procede del siguiente enlace: http://www.hamacaonline.net/obra.php?id=660]
Equipo
Lector poeta: Antonio Fernández Molina
Proiectum effectio digitalis colligato: Eugeni Bonet
Cámara: José Carlos Ruiz Cantarero y Eugeni Bonet
Videogratias: Emilio Casanova, José Carlos Ruiz Cantarero, Jesús Gracias, Víctor Lope, Valentín Roma, Lo Tema, Maite Blay / Joana Borrás
Sonus optimus: Perfe Herrera, Mikel Azpiroz
Auxilium technicum: Santi Fort
Nominalis musica: Suite Atonal, J. E. Cirlot, 1947 (Fragmenta extracta)
Artifex musicae: Isabel Muniente
Gratus animus erga: Lourdes Cirlot Valenzuela, Victoria Cirlot Valenzuela,
Guías: Joan Perucho, Victoria Cirlot, A. Fernández Molina, Jaime D. Parra, Carles Hac Mor
Colaboración: Institut Universitari de l’Audiovisual de la Universitat Pompeu i Fabra.
19/11/2009
Miró y A F Molina, charlan sobre la fraternización de la plástica y la poesía

A Miró, que de vez en cuando escribía poesía, le gustaba hablar de sus amigos poetas. Tuvo la suerte de vivir un ambiente donde la plástica y la poesía fraternizaban como antaño lo habían hecho en la obran de Blake y de Victor Hugo. Casi todos aquellos poetas practicaban la plástica con mayor o menor dedicación, pero siempre con importantes aportaciones.
Un día lo llamé. Quería pedirle una cita para preparar una nueva entrevista que luego se publicó en Revista de Occidente. Me contestó que ese día estaba muy apretado de tiempo. Le manifesté cómo después de haber hablado varias veces con él de la fraternización de su plástica con la poesía, tema de la entrevista, me podía arreglar, si era necesario, con veinte minutos. Quedamos de acuerdo y acudí a la hora convenida.
Me esperaba sentado en el cuarto de estar donde repasaba unas revistas. Se inició cordialmente la conversación. Le hacía preguntas con cierta prisa para aprovechar el tiempo de que disponía y cubrí el objetivo en el espacio de tiempo que se me había asignado. Me disponía a levantarme pero seguía la conversación. Miró me comentaba animado y sin dar muestras de tener prisa por nada ni de estarle esperando ninguna ocupación y se prolongaba la charla. Por entonces había leído un libro muy interesante del poeta Máximo Alexandre, Memorias de un surrealista, donde habla de sus andanzas dentro del movimiento y de su ruptura con los surrealistas. En el libro cuenta cómo se enteró por el librero y editor José Corti, de la muerte de André Bretó. Conti le comentó como se decía que André Breton se había convertido en sus últimos momentos, cosa que sus allegados mantenían en secreto. Por entonces yo estaba especialmente interesado en el fenómeno de las conversiones y buscaba el libro de Máximo Alexandre titulado Sagesse de la folie donde se narraba la suya. Ante mi interés Miró se levantó del asiento y fue a buscar la dirección de la hija del poeta, monja en un convento de carmelitas, para dármela. No pudo encontrarla y seguimos la conversación. Me aproximaba hacia la puerta de salida por que no quería ocupar su tiempo si lo necesitaba. Pero Miró parecía ignorar el paso de los minutos y hablaba muy animado. Estuvimos en la puerta largo rato y salió unos pasos al exterior hablando conmigo de poesía, hasta mi partida.
Antonio Fernández Molina
© Herederos de Antonio Fernández Molina
Fragmento del libro Vientos en la veleta (Libros del Innombrable, Zaragoza, 2006)
22/10/2009
De cómo Mallarmé salvó la vida de A F Molina

Imaginemos un primer plano…
Las maniobras transcurren sin incidentes. El calor, el apetito y las escasas obligaciones enredan a la compañía en una improvisada merienda, a la que pronto se suma una bota de vino con el propósito, dudoso, de paliar la sequedad de la garganta. Al joven poeta que entonces era Antonio Fernández Molina le parece oportuno aprovechar el desconcierto para solazarse con el libro que oculta bajo el uniforme. Se tumba a la sombra de un árbol y comienza el poema Un golpe de dados de Shéphane Mallarmé (ahora se suele traducir como Una jugada de dados lo que evita el galicismo y al mismo tiempo amuerma el título)
Cuando disfruta de la lectura un estruendo le obliga a separarse del texto. En la algarabía general, fomentada por el alcohol y el refrigerio, la carga deficiente de un proyectil en el mortero provoca una violenta explosión y mueren la mayoría de los reclutas. El poeta se dirige con premura a socorrer a los heridos. Entonces es consciente de su buena fortuna.
Ignoro si el caso alentó alguna manera de reprocidad, pero lo cierto es que Fernández Molina entregó su vida a la literatura y al arte. Evitó posturas dúctiles, defendió propuestas artísticas marginales y se preocupó de forjarse un criterio personal. En definitiva, fue un hombre libre, con talento y sincero. Tres características que si bien le dotaron de temperamento y valía, también le enfrentaron con los incapacitados para asimilar la espontaneidad que transmitía es sus juicios y acciones.
Pocos autores han rozado tanto lo excepcional. En consecuencia quienes le conocíamos bien, no nos extrañó en absoluto cuando le nombraron, como antes lo hicieran con Camilo José Cela y Fernando Arrabal, miembro del Colegio de Patafísica de París (ciencia que estudia las excepciones según su fundador Alfred Jarry). Era de justicia su pertenencia a tan célebre organización, ya que durante toda su vida le acompañó una inagotable curiosidad y una incansable dedicación a los olvidados, las excepciones, en definitiva. Así se ocupó de la plástica de escritores (Ángel de Saavedra, Víctor Hugo, José Moreno Villa, Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca…), de la literatura de los pintores (Picasso, Dalí, Miró, Manolo Millares, José Gutiérrez Solana…), de las vanguardias y sus movimientos menos difundidos o más radicales (Postismo, Esterismo, Letrismo, Introvertismo, Body-art…), de artistas marginales o carentes de celebridad en su momento (Manolito “El Pollero”, Silverio Lanza, Xul solar…), de la pintura naïf…
Implicado en numerosas parcelas del prodigio creativo, tras su vida, deja, aproximadamente, 100 volúmenes publicados entre poesía, cuento, ensayo, novela, teatro y muchos otros de difícil clasificación. Por si esto fuera poco, a los ya contabilizados cabría sumar los firmados con heterónimos, siguiendo el ejemplo de sus admirados Pessoa y Antonio Machado, como Roberto Goa, Mariano Meneses…
Raúl Herrero, fragmento del libro Vientos en la veleta (Libros del Innombrable, Zaragoza, 2006)
[En la fotografía superior Antonio Fernández Molina durante la mili]
19/10/2009
CINCO RECUERDOS FELICES CON MI PADRE por Teresa Fernández

A mi padre le gustaba recordarme una anécdota que se remonta a mi más tierna infancia:
Tengo sólo tres o cuatro años y, aunque no levanto más de unos palmos del suelo, avanzo a una altura de unos dos metros pues mi padre me lleva amorosamente a hombros. Estamos en Madrid y caminamos junto a la valla del retiro. Yo me fijo en el hierro forjado y en los imponentes árboles del parque. De pronto me llama la atención un padre que regaña y pega a su hijo desobediente Mi padre los ve también y sonriendo me dice: “”nosotros no discutimos, nosotros nos queremos” Entonces se vuelve hacia mí y cariñosamente nos damos un beso.
Siempre que paso por la acera que bordea el Parque del Retiro vuelvo a recordar esos tiernos momentos paterno-filiales.
Tengo cuatro o cinco años y estoy subida en el pupitre donde mi padre-por entonces maestro rural- imparte sus clases en algún pueblo perdido de Guadalajara. Jugueteo y miro a los niños que están frente a mí. De vez en cuando me escondo tras la mesa de mi padre quien, en un momento determinado y considerando, tal vez, que debo tener hambre, me ofrece un huevo duro que yo acepto encantada.
En Palma de Mallorca mi padre me llevaba a menudo a la imprenta dónde él tenía que negociar pedidos para la revista de Camilo José Cela Papeles de Son Armadans. A mí me encantaba ir allí y observar cómo los trabajadores iban componiendo los textos letra por letra, con caracteres esculpidos en metal-que yo a veces cogía para estudiar de cerca- y a una velocidad endiablada. Eran considerables la velocidad y la destreza a que se cortaban y cosían las resmas de papel o se imprimían las hojas. Todo ello me resultaba fascinante. Y era mi padre, que daba instrucciones y trataba amigablemente a todos los trabajadores, el que me llevaba allí. ¡Qué orgullosa estaba yo de él, y cuanto agradecía su cariño.
Lo acompañaba con frecuencia al mercado, al que se acercaba los sábados a hacer la compra semanal. Recuerdo las grandes cantidades de pescado que solía comprar y lo que le querían las pescaderas a las que halagaba con gentiles requiebros. Como suele ocurrir, casi siempre compraba más de lo que en un principio había calculado o, al menos, de lo que mi madre le había pedido. Y como no tenía donde meterlo, siempre acababa comprando unas bolsas de nylon trenzado que se vendían ahí muy baratas..Como el sábado siguiente nunca se acordaba de llevárselas, a final la casa se llenó de esas bolsas de modo que a casi todos acabaron pareciéndonos feísimas. Yo, al menos, llegué a aborrecerlas.
Muchas veces, para no cansarse –a mi padre nunca le gustó cargar con peso- me hacía esperar donde no estorbara, con un montón de bolsas recomendándome encarecidamente que no se me ocurriera moverme ni un solo palmo de allí hasta que el volviera. Debo reconocer que esos ratos se me hacían eternos. A su regreso repartíamos el peso y nos íbamos a coger el autobús, que nos llevaba de regreso a casa en el barrio de la Bonanova dónde mi madre solía protestar enérgicamente por todo el pescado que iba a tener que limpiar.
Ya más mayorcita, lo acompañé en varias ocasiones a Barcelona, donde acudía a ver las exposiciones más relevantes para poder hacer la crítica para una revista de arte de la que era colaborador. Supongo que no me llevaba tan sólo como porteadora, pero el caso es que siempre tenía que cargar con algún pequeño paquete, alguna bolsa o alguna carpeta. El viaje lo hacíamos en día por lo que no teníamos necesidad de cargar con más equipaje. Viajábamos en barco durante la noche. Era muy emocionante. Y mi padre no paraba de hablar conmigo, de contar anécdotas, hacer observaciones y comentarios y aleccionarme sobre todo tipo de cosas. Además, me presentaba con paternal orgullo a todos sus amigos y conocidos. Todo esto hacía que me sintiera mayor e importante. Y, al menos para mi padre, estaba claro que lo era.
Estos viajes fueron enormemente instructivos para mí y los recuerdo con mucho cariño.
[Una de las seis hijas de nuestro poeta, Teresa Fernández, nos regala estos recuerdos entrañables en compañía de su padre. Desde aquí nuestro agradecimineto. En la foto superior Teresa de niña con el poeta]
15/10/2009
Lectura

Hasta el anochecer,
leo en las páginas del pueblo
como en un libro.
De pronto el alumbrado público florece
y continúo la lectura.
Al pasar y pasar las página,
surgen sorpresas y sorpresas.
Cuando llego a la esquina
final del pueblo
el sueño cabecea entre la sombra,
como una embarcación.


