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antonio fernández molina

A.F.M. y el arte

Aforismos

Aforismos

Los libros Semana libre, Las fuerzas iniciales y Aforismos  se editan, en agosto de 1956, en el nº 167 de la revista de poesía de Venezuela Lírica Hispana, que dirigían Conie Lobell y Jean Aristeguieta. Reproducimos, a continuación, los aforismos.

 

Se puede admitir un modelo para superarlo.

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El poeta, si al escribir no olvida, gastará fuerzas en balde.

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En poesía no existe experiencia si no valores propios que el mundo revela.

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La poesía y la pintura tienen en común que son tan plásticas como intelectuales.

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La obra en sí tiene un valor absoluto.

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La poesía reside en los ojos y en la cabeza.

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La poesía es intelectual.

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Cada poema trae sus leyes propias.

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De lo que todavía no hay certeza es de si la poesía puede justificar al hombre.

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Poesía y pintura son las artes que tienen más puntos de contacto.

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En poesía no existe lo hermético, o mejor, todo es hermético.

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Cuando en un poema se llega a su total comprensión se agota su interés poético y entonces empieza a cansar.

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La pintura no debe ser literaria sino poética.

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El cine está más cerca de la poesía que de la novela.

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El cine puede ser el punto en que se tocan la pintura y la poesía.

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En una película el diálogo debe tener un valor musical.

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El teatro tiene de intelectual lo que el cine de mágico.

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En cine una imagen muda difícilmente cansa.

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Toda obra literaria tiene un tono. El tono es retórica.

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En la creación artística no existe libertad. En la vocación hay libertad de mutilación.

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El soporte material del arte es lo que le humaniza.

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A veces a la inspiración hay que obligarla a que se presente definitiva.

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La inspiración puede ser un resorte artificial.

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Entre la intuición y la realización final hay un trance doloroso.

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El cansancio material y la impaciencia son los enemigos de la inspiración.

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La disciplina en el trabajo puede conducir a un terreno estéril.

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La gloria del artista es personal.

Barceló, creador de metáforas reales por Antonio Fernández Molina

Barceló, creador de metáforas reales por Antonio Fernández Molina

La exposición de Miguel Barceló en el palacio de Velázquez del retiro de Madrid, actualmente es la última de las que viene realizando en las importantes capitales de países como uno de los mas famosos artistas jóvenes (nació en Felanix, Mallorca 1957) actuales. Exhibe obra reciente. Bastantes de sus cuadros tienen la marca de haber sido realizados hace muy poco.

Estas obras que son etapas últimas de su evolución, nos muestran un Barceló, además de original, maduro. El sagaz experimentador de otras ocasiones, ahora ofrece un curioso tono “clásico” que en parte procede de su talento para imponer rápidamente al espectador los recursos de su lenguaje, y también el de los temas y las formas de realizarlos.

Maestro en la utilización de las metáforas plásticas. Hay en su mundo los rastros asimilados de otros, hechos carne, sangre y espíritu de si mismo.

Barceló pertenece a esa clase de pintores, cada vez, afortunadamente, en nuestro país, que están cultivados intelectualmente como escritores. Lee mucho y muy buenos libros. Uno de los temas presentes en la exposición es el de las bibliotecas, donde un lector, donde un lector en el que adivinamos un más o menos enmascarado autorretrato, lee sumergido en las páginas de un libro como en el fondo de una cueva o pozo, rodeado de volúmenes y fumando. A veces se lee el nombre de los autores en los tomos de los siempre importantes libros. Y siempre asistimos a estas escenas como si las contempláramos en el relato cinematográfico de un sueño que  tiende a envolvernos en una atmósfera literaria.

Y literaria, en el positivo sentido de la acepción, es su pintura. Tanto que es profundamente poética. Sus cuadros son cual trasposiciones cual un Mallarmé o un Góngora actual.

Cada uno de ellos nos narra un episodio de su existencia con alguna nota narcisista. El artista narra acontecimientos personales. Nos cuenta su vida y sus sueños. Sus paseos por los salones de Louvre han sido motivo de una serie de pinturas dedicadas al tema. Hermosos paisajes de interior urbano y anímico. Toda la inquietud de una aventura artística a la de colocar la obra en lugares similares a este museo , dan a estas pinturas un acento grave y emocionado. Nos habla del motivo, pero sobre todo la motivación y de paso ofrecen subyacentes imágenes, deliberadamente artística y de la realidad inmediata trasferidas al arte o con él relacionadas.

Otros cuadrso están motivados por el mar: Arena, barca, hombre solitario y perro, testimonian de un anhelo apacible y de una gozosa soledad enriquecedora. Elementos de la vida inmediata que suelen ser tratados por pintores hipe realistas o realistas, próximos al hiperrealismo, como son los alimentos y las cocinas donde se preparan, le sirven a Barceló para ofrecernos su testimonio de su amor por las cosas sencillas y habituales , por donde, ya que no en otros aspectos de su obra, viene a coincidir con Picasso.

Su estilo.

Nacido a la realidad de la fama, cuando se difundiera la transvarguardia en nuestro país, su obra se realiza en paralelismo con ella y se sitúa en el amplio movimiento de inspiración expresionista, que dentro del realismo viene desarrollándose en las últimas décadas. Pero él, como auténtico creador, le da un acento peculiar. Se realiza a través de un dibujo de una gran libertad y basado en el reconocimiento de los valores tradicionales del dibujo de los grandes maestros, en especial los italianos y el Greco. (Greco-Góngora son como dos constantes, aunque trasfiguradas y acaso inconscientes en su obra) a ello se le une una asimilación positiva de los recursos y los méritos del informalismo y de la aportación de la libertad del Dadaísmo. La consecuencia es una sabia integración de la disciplina y del azar, del oficio manual y de las aportaciones de lo imaginario.

El color se ofrece como una turbadora presencia que surgiera del interior para impregnar el soporte. Formas, materias, líneas, en ocasiones parece flotar en la superficie de un líquido de diversas tonalidades.

Con frecuencia incorpora a sus obras objetos o fragmentos de materiales diversos en collage con desparpajo y plástico acierto.

El recorrido.

A los diecisiete años apareció ante el público con una gran personalidad que fue notada por los espectadores. El collage y la manipulación han jugado un papel importante en su obra. A la vez ha sabido usar inteligentemente, recursos conceptuales para dar a su trabajo plástico un oportuno toque de interés. Su originalidad le llevó a utilizar también soportes anticonvencionales que rápidamente se han puesto en vigente uso.

Bien dotado desde el principio como pintor, puede decirse que ha ido llegando a la pintura abiertamente de un proceso rápido y espectacular, con resultados excelentes

La libertad de poder usar en estos momentos cualquier tipo de lenguaje sitúa el artista consciente en una inquietante encrucijada. Decía Virginia Wolf que  las aportaciones experimentales de la época moderna estaban preparando los cimientos de  una obra futura más sólida. Y no parece que se equivocara. Es muy posible que en un futuro inmediato Barceló nos sitúe ante algún aspecto del arte que aparezca como el inicio de un nuevo nacimiento.*

Autorretratos

Si puede decirse que así como solo se escriben autobiografías, solo se pintan autorretratos, en el caso de Barceló destaca esta realidad. El artistas se hace presente como contemplándose así mismo en las imágenes oscurecidas de una vieja película. Y al narrarnos sus inquietudes, sus experiencias y sus sueños, nos pone en contacto con un aspecto significativo de la sensibilidad actual......

La pintura de Barceló no se expresa en una moda. Esta puede estar en sus seguidores que son los que corren el riesgo. El está a salvo.

 

* La intuición de Molina se confirma con el uso innovador que Barceló dará al barro.

 

 

Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina

El Dia de Aragón

29 de Septiembre 1985 

 

EN TORNO A JOAQUIN MIR EN SU CENTENARIO Antonio Fernández Molina

EN TORNO A JOAQUIN MIR EN SU CENTENARIO Antonio Fernández Molina

La abundancia de movimientos que se han sucedido en los últimos cien años ha dado lugar a que dentro del arte actual tengan cabida las posibilidades mas diversas. Manifestaciones que se percibían como antagónicas conviven unas al lado de otras. Términos como los de vanguardia y academicismo han dejado de tener el sentido que poseían, aún no hace muchos años, pues tras el primero en frecuentes ocasiones, se ampara una actividad que viene a significar lo que se le oponía como su contrario, mientras que un amplio movimiento de artistas contemporáneos de evidente inquietud y calidad, a quienes puede aplicárseles la denominación de artistas de vanguardia, toman muchos de los modos de lo que se consideraba como pintura académica. Como resultado se ha llegado a un punto en el que más que la forma exterior, el movimiento tras el que se ampara el artista o al que parece pertenecer, lo que se valora es la calidad de lo realizado, su significación profunda, su necesidad y eficacia. Al mismo tiempo se ve de una forma nueva el arte de otras épocas y se siente interés y se valoran aspectos del arte no hace mucho considerados como etapas de escasa importancia. En definitiva podemos advertir puntos de contacto evidentes entre cosas que nos parecían alejadas, y admitir con idéntico entusiasmo diferentes manifestaciones. Sin duda esto nos ayuda a entender lo que han hecho tanto los pintores antiguos como los del inmediato pasado. Estos nos explican mejor a los actuales puesto que estos son una consecuencia de todo lo anterior.
A los cien años del nacimiento de Joaquín Mir, durante los que tantas cosas han sucedido en el campo de la pintura, nos encontramos situados en una perspectiva que nos permite captar su obra con una serenidad no exenta de entusiasmo y apasionamiento. Un artista como Joaquín Mir, de una personalidad humana como la suya invita a que nos adentremos por los vericuetos de la biografía. Los datos biográficos sin duda son útiles para situar al artista pero su obra vale por sí misma y sin esta poco significarían aquellos.
Como se sabe Joaquín Mir Trinxet vino al mundo en Barcelona en la fiesta de Reyes de 1873. De este modo llegó el regalo, en la forma aún de un recien nacido, de un significativo artista. No sabemos si la música festiva que acaso llegaría a sus oídos, entre los primeros ruidos que percibiera, marcarían de algún modo su personalidad. Las primeras impresiones tienen gran influencia en nuestro futuro desenvolvimiento y no hay duda de que los elementos musicales están en su pintura.
El padre de Joaquín Mir tenía un negocio de mercería y alimentaba la aspiración de que su hijo le sucediera en el. Aunque el artista no llegó a oponerse abiertamente, desde muy joven quiso ser pintor. Durante algún tiempo aceptó un arreglo familiar y compatibilizaba el ejercicio de su vocación con la representación de los artículos del negocio paterno. No eran años aquellos en los que un pintor principiante pudiera aspirar a conseguir de su arte algún dinero con los que hacer frente a las necesidades mas elementales. Tuvo algunos maestros y pasó, sin detenerse mucho en ella, por la Escuela de Bellas Artes de San Jorge. Pero esencialmente hay que considerar a Joaquín Mir como un autodidacta. Un pintor que se hizo a sí mismo y que las principales enseñanzas las recibió del estudio y la observación de la naturaleza y de aquellos artistas con quienes, al menos en alguna parte de su vida, se sintió afín.
En sus primeros tiempos con sus amigos Nonell, Pichot, Canals, Adriá Gual, pintó en los extrarradios de Barcelona. En aquellos momentos su pintura recoge escenas con tipos populares y ambientes humildes. Hay en ella reminiscencias de la escuela naturalista, como consecuencia del Romanticismo. La realidad y la naturaleza había hecho su aparición en el arte, frente a los temas elaborados exclusivamente en busca de una belleza que antes no se creía estuviera también en la realidad.
Pronto comenzó a llamar la atención. Con motivo de la Exposición General de Bellas Artes de Barcelona, en 1894, la Diputación de su provincia le adquirió su obra "Sol y Sombra". Y en 1897 el Ayuntamiento de Barcelona le compró "El huerto del Rector" presentada al mismo certamen de ese año.
Al año siguiente se trasladó a Madrid con objeto de aspirar a una pensión para estudiar en Roma. Pero aunque tuvo el voto favorable de Sorolla que entonces opinaba que aún le quedaba mucho que aprender como dibujante y confiaba plenamente en él como pintor, no consiguió la beca. De haberla logrado y haberse trasladado a Roma, es de esperar que su desenvolvimiento artístico hubiera sido muy diferente y acaso hubiera hecho de él un pintor cosmopolita, con merma de su personalidad. Aunque no consiguió la beca, en Madrid hizo amistad con los escritores del 98. Con los Baroja, Valle-Inclán, Azorín, los Maeztu. Especialmente encontró afinidades con Gustavo Maeztu, el gran pintor que aguarda una amplia revisión de su obra que le coloque en el lugar que le pertenece. Pero aún mas importante que estas relaciones lo fueron sus continuas visitas al Museo del Prado, Velázquez había sido el tema elegido para su disertación oral en los ejercicios de aspiración a la beca en Roma y Velázquez fue su gran admiración en el Museo del Prado y seguramente la máxima admiración pictórica de su vida. Velázquez, en el sentir de Mir el primer impresionista de la pintura, ejerció un indudable estímulo sobre su obra, aunque no pueda considerársele discípulo de aquel. El Conde de Peñalver, alcalde de Madrid, creador de la Gran Vía le compró el cuadro "San Madir" que había realizado como primer ejercicio de sus oposiciones a la beca. Durante aquellos años dedicó parte de su actividad a la ilustración en "L’Esquella de Torratxa", "Hispania" y "Elzevir ilustrado".
Acontecimiento de especial importancia fue la exposición en Barcelona de paisajes pintados en Mallorca por el belga Degouve de Nuncqués. De él valoró la estilización decorativa y simbolista. Ello le decidió a visitar Mallorca en compañía de Rusiñol. Y en Mallorca residiría de 1900 a 1906. Antes de partir de Barcelona pudo solucionar el problema económico, haciendo un contrato mediante el cual su tio Avelino Trinxet le pasaba una determinada cantidad mensual a cambio de la totalidad de la obra. El hecho nuevo por aquella época, causó sensación en los medios artísticos barceloneses. No mucho después Mir conseguiría desasirse de esos lazos y actuar por su cuenta, dueño de su producción.
En el momento de llegar Mir a Mallorca su pintura estaba ligeramente influenciada por los grises de Santiago Rusiñol, pero el encuentro con el paisaje de la isla le deslumbró. Tenía ante él unos nuevos colores y una luz de una claridad que en principio le turbaron. Le costó algunas semanas captarlos pictóricamente pero cuando lo consiguió se lanzó a la tarea de una manera vertiginosa y apasionada. Siempre pintó directamente del natural por lo que cada día, cuando el tiempo no lo hacía imposible, cargaba con los bártulos e iba a la búsqueda del lugar adecuado para trasladarlo a la tela. Vivió en Deyá y durante algún tiempo en La Calobra entregado frenéticamente a la tarea de pintar. Abunda el anecdotario mas o menos pintoresco de esta época pero lo esencial es su trabajo. Si cuando Mir llegó a Mallorca no hay duda de que era un pintor que tenía ante sí un importante porvenir, en la isla alcanzó su primera madurez y se inició su manera genuina de captar la naturaleza. Ello lo proseguiría después en distintos puntos, y con resultados pictóricos muy varios, como lo fueron entre otros Montserrat, Mollet, L’Aleixas, L’Alforja, Maspujol, Canyelles, Miravet, Villirana, Tarragona, Gualba, Sant Quirse de Safaja, Sant Pere de Ribes, etc., etc. No salió de España y pintó los paisajes de Mallorca y de diversos lugares de Cataluña, con matices diferentes dentro de su esencial unidad.
Mir no solo puede ser considerado como un impresionista sino que es esencialmente impresionista. Pero situarse solo dentro de esa escuela sería limitarle. Aparte de los elementos modernistas que hay en su pintura. Esa cercanía a la música ya aludida, la arquitectura espectacular de ciertas telas, el empaste matérico de muchos cuadros, una armonización en ocasiones altamente decorativa, hay también otras muchas cosas. De los impresionistas tomó lo esencial. El sentimiento directo de la naturaleza que le llevó hasta dejar inacabados algunos cuadros en elaboración avanzada porque ya no volvió con las telas a los lugares donde los había empezado. Su búsqueda en ocasiones sin escatimar trabajos y riesgos, de lugares que plásticamente colmaran sus aspiraciones de paisajista que busca el motivo como el cazador la pieza. Su amor a la vida al aire libre, la forma como usó del color, no de una manera mimética tratando de reproducir exactamente, sino de captar lo esencial recreando y creando sin dejar de serle fiel al modelo.
Como impresionista, cronológicamente, en relación al movimiento francés, fue un impresionista retrasado. Pero ello no quiere decir, ni mucho menos, que fuera un épigono, fue un impresionista importante y algunos de sus cuadros pueden figurar entre lo mas destacado que se ha hecho bajo el signo del impresionismo. Pero también el hecho de haberlo cultivado posteriormente al auge del movimiento hizo que se diera en él unido a otros caracteres que coordinan con su personalidad, se corresponden con su época e incluso preconizan modos y formas de expresión que llegarían a alcanzar un amplio desarrollo. "Roto su naturalismo inductivo inicial  -dice Juan Eduardo Cirlot- se abismó en una pintura lírica de ritmos movedizos, formas agrandadas y simplificadas, en las que el pormenor se sustituye por factores que, a la vez, son exponente luminista de los rutilantes efectos de la luz mediterránea y creación abstractizante factural. Chorreados de pintura, superposiciones de manchas pero sobre todo un sistema de puntos de color de variable tamaño establecen una red de valores plásticos que deforma y transfigura a un tiempo el paisaje real". En efecto, el acto de pintar era para Mir un acto de realización personal. Los testimonios de las personas que tuvieron acceso a este espectáculo confirman que durante el se transfiguraba, desarrollaba un caudal impresionante de energías. Los colores teñían rápidamente su ropa, caballete, el suelo y cuanto le rodeaba. Los pinceles los limpiaba en la camisa en los pantalones e incluso en las alpargatas, en la barba y en el pelo. Pintaba en un estado muy próximo al trance, poniendo en la superficie del cuadro una armonía interior que era el reflejo de lo que la naturaleza despertaba en él. Su forma de expresarse, plena de espontaneidad, apasionada, el modo como trató a la materia y la forma de reflejar la realidad, le situan en muchas ocasiones en un plano muy próximo al de las realizaciones de los movimientos de vanguardia de la última postguerra. Y si no puede decirse que el buscara una expresión de este tipo o que pretendiera de algún modo acercarse a ella, no hay duda de que poseyó una sensibilidad especialmente dispuesta para captar a través del ambiente de la época, lo esencial de ella y para realizar una obra poseedora de un dimanismo que le enlaza, desde un pasado que se remonta al menos a Velázquez, hacia el porvenir en el que, en determinada medida, su pintura suscitará emociones plásticas y ayudará al entendimiento de la naturaleza que le sirviera de modelo.

Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina


[El texto se publicó en la "Revista Balear" en 1974]

[En la imagen superior Pintura de Joaquin Mir]

Goya, continente y océano

Goya, continente y océano

  No es exagerado afirmar que, con Goya se inicia el arte moderno. (¿Lo sería decir que el arte del futuro comienza por una parte con Picasso -ese hijo de Goya- y por otra con Duchamp?).
  Goya vive, desde los albores renovadores de los inicios del romanticismo, la gran transformación que ha de suceder en el arte y, como Picasso después, se inserta en la vida y son plena naturaleza. (Duchamp abre-o cierra-una ventana hacia alguna matemática superior que nos pone en contacto con una suerte de estratosfera artística).

  Se ha dicho repetidas veces que el aprendizaje de Goya fue lento, pues alcanzó a dominar su personal lenguaje pasada la cuarentena. Desde una máxima altura. Esto es acertado. Pues en Goya se dio el aprendizaje de superaprender muy bien, las reglas de la época, mientras inventaba las del futuro y las de su arte. Cuando aún no era el grandísimo pintor que alcanzó a ser, ya era el mejor pintor de España, como acertadamente señaló Ortega y Gasset, e incluso del mundo, pues si no ¿quién le pondríamos por delante?


En la vanguardia
  Y sucedió que el mozo aragonés, cuando después de su periplo zaragozano llega a Madrid, en plena posesión de cuanto de él se exigía, prosiguió sobre todo su aprendizaje, en lo que ya había aprendido bastante, en la vida. Ello le dio flexibilidad a su arte y lo situó definitivamente, con unos pocos artistas más, en los primeros puestos de la pintura de todos los tiempos y en la vanguardia permanente del arte. Lo consiguió amasando la pasta variopinta de la vida y metiendo en ella de lleno los pinceles. El discípulo de maestros italianos y franceses, ya maestro a su vez, fue durante una larga quincena anual discípulo del lo esencial cotidiano.
  Muy pronto, alimentada su inspiración en ancestrales alucinatorias atmósferas, se anticipó a Bretón y comenzó a ser el más claro antecedente del surrealismo en la pintura, por su original forma de captar las esencias de los latidos, afirmativos y contradictorios de su poderosa imaginación y de cuanto encontrara ante sus pasos. Pero el que sea un antecedente del surrealismo, con todo y ser algo tan importante es solo uno de sus dinámicos aspectos. De paso fue también el antecedente de la mejor pintura española, de cuanto a su alrededor gravita y de otros fenómenos culturales como la generación del 98.
  Fue antecedente de muchas cosas dejando de lado otras ajenas a su vitalismo de las que andando el tiempo se derivarían el cubismo y similares consecuencias.
 
Autenticidad y desparpajo
  En su pintura, y en la de Velázquez, estalla el impresionismo. En la del Greco y en la suya, el expresionismo. Pero luego, además, casi por sí solo, es uno de esos continentes de los que parten las señales indicadoras del arte fantástico que ha venido después (¡Esa contundente imaginación suya tan impregnada de lo real!).
  El inaugura un modo de hacer que está lleno de autenticidad y de desparpajo. Casi todo de cuanto positivo dejó el impresionismo procede de las más certeras y desenfadadas pinceladas de Goya, sean las de los frescos de San  Antonio de la Florida o las de cualquier otra parcela de su territorio.
  Su influencia cruza ese movimiento y pasa a través de Van Gogh y de Gaugin. Cruzando los océanos llega a los trópicos.
Rousseau
  Los mismos fauves parecen proceder de la impresión de Goya, o de las consecuencias que sus consecuencias, produjeran en su retina, y que inicio la dinámica de su pintura.
 Incluso el arte más incontaminado, el naïf, en su máximo representante, Henri Rousseau, el seráfico Aduanero, de algún modo también está tocado de la gracia Goyesca. Hay un evidente trasvase desde Los fusilamientos del 2 de Mayo y La carga de los mamelucos, hacía La guerra de Rousseau.
  Ni siquiera la impresionante aventura pictórica de Dubuffet (¿no es la máxima de los últimos tiempos?) tendría seguramente existencia sin Goya.
  A través de lo goyesco podemos situarnos en la época picasiana de los arlequines, cuando Rilek andaba por Ronda cagando las pilas de sus Elegías del Duino y los  Sonetos de Orfeo. La primera gran guerra terminaría definitivamente con el siglo XIX y, si con algún retraso, se iniciaría aceleradamente el siglo XX (¿también el XXI?).
 
El expresionismo   
  Así han surgido los primero intentos de arte abstracto con Kandinsky y con algunos iniciales atrevimientos de Picabia, tan caótico, dinámico y sugerente que, aunque no entre de lleno en lo goyesco no es ajeno a su genio y también le roza en algunas de sus obras menos mecanicistas.
  Sin Goya tampoco podría explicarse el expresionismo de este siglo. Por supuesto tampoco podrían explicarse las vertientes expresionistas del arte abstracto desde la Action painting hasta El Paso. La libertad de dicción, la espontaneidad de esta faceta de la pintura es de Goya de quien procede de más visible manera.
  El paso del tiempo nos ha hecho ver que la abstracción desembocaría en una nueva figuración y también que ya era nueva figuración Wols, Michaux, Mathieu, Manesier, Soulages… y podrían aducirse innumerables ejemplos. En cuanto a la nueva figuración en sentido estricto, cuando no incide a través de lo Pop en cierta mitología de lo sentimental o de la banalidad, es en buena parte goyesca.  Fijémonos en ciertos aspectos del mismo Rauschemberg, de Hock-ney y los casos más próximos de Barjola y Gordillo.

El más español
  Pero sobre lo mucho y nunca excesivo, que sobre Goya pueda decirse, destaca el hecho de que este aragonés fue, entre todos los pintores, tal como destaca Elie Lambert: “sin duda, el más español”y “en mayor grado que nadie, un artista y un hombre cuyo valor supera los tiempos y los países”. Y tan genial por lo menos como el que más, también en el dibujo y en el grabado. Consideración aparte merecen las leyendas de algunos de sus grabados, con suficiente Duende para hacer figurar a su autor en alguna literatura antológica de humor negro.
  Como no podía ser menos su obra ha llamado la atención de muchos grandes poetas. Los poemas que le dedicaron Baudelaire y Rubén Darío, están entre lo mejor que escribieran. El mismo Juan Ramón Jiménez lo toma con sus pinzas líricas y lo incorpora a esa amplia panorámica substantiva que es su Españoles de tres mundos, con su prosa peculiar de la que son estas frases: “Sale de su cueva sin necesidad de entrecerrar los ojos, mira de frente la luz de España, aurora negra o poniente de sangre. Todo el sol ardiente y trágico o toda la sombra monstruosa y dulce. El, solo y él mismo, sale. Recreador sin fin de lo bueno y lo malo del amor y el odio, de la sed, el placer y el dolor, de la vida, de la muerte, se dispone. Dios y demonio de la pintura. Y sin descanso…¡Cuantos ojos pone en todo y como deja sus ojos para seguir mirándonos a todos desde todos y todos!”

Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina

[El presente artículo de Antonio Fernández Molina lo publicó el diario "El día" el 14 de julio de 1982]

Himno apasionado para acompañar las obras de José María Valtueña

Himno apasionado para acompañar las obras de José María Valtueña

“Las ventanas del corazón se asoman,
desde los acantilados, a las aguas del océano”
ANDRÉS RUBIO

“En la biblioteca había varias ediciones
de las obras completas de Julio Verne”
ROBERTO GOA


INTRODUCCIÓN

Trabaja, como para completar el libro de páginas infinitas de la luna, José María Valtueña.
Expresa aspectos múltiples del laberinto de la realidad.
Los detalles del rostro del laberinto son cual fragmentos de la partitura épico-lírica-metafísica de un poema con alas invisibles, ojos en el corazón y raíces penetradoras.
Cual si raspara en obras maestras de los gigantes y aparecieran formas, líneas, colores de otra edad, de otro tiempo, de otra dimensión que nos engloba por el pasado y el porvenir.
¡Fragmentos de las guardas de tomos sueltos de las obras completas del Creador!
¡Cuando José María Valtueña baja las escaleras del pozo, sus ocupaciones, sus colores, proceden del rubor de las preocupaciones de la realidad!
Rubor del membrillo, rubor del saltamontes, rubor de la veleta y de la teja, de la ocarina del guardabosques, del ornitorrinco y la madreperla, de la opulencia y la extravagancia, del alegato del frío, del ganado lanar, de la empanada, del valle elevado, de la montaña sumergida…



PARÉNTESIS

Jamás impasible, nunca le detuvo lo imposible.

Malabarista cauteloso, pacifista, inconformista, loco por realizar excursiones en los aledaños de las barriadas protegidas por hadas de rostro emborronado a las puertas salpicadas de los huertos dormidos.

Velos, veloces veleros inmóviles en hábiles días festivos de goteras celestes.

J. M. V.

REPORTAJE

Enmendar la plana a los planos de los planes intelectuales.
¡Tempestades como fiestas, tempestades como crestas!
El testimonio de los colores en las praderas, en las piedras.

¿Quién dijo que los genios tienen nombre conocido –nombre y apellidos–, que los ingenios llevan en la testa el sarampión del conocimiento, que el orden es un desorden y viceversa, que el verso no ha de tener rima como los de J. M. V.,
o los de V - J. M.,
o de Julio Verne de las almohadas,
Julio Mari Valtueña
o José Mi Verne
en el viaje de Julio Verne Valtueña, alrededor de su cerebro como a través de los vericuetos del átomo de un átomo?
Por suerte, las rimas de sus versos son las cerraduras de las puertas del edificio que alberga.
¿El mundo está compuesto
de pequeños pedruscos,
de lunas cual sardinas
de regueros y ruinas,
de rumiantes felices,
de narices audaces,
de cauces, de colinas,
cocinas, dormitorios,
desvanes responsables
de la nada y el todo?
¿Por qué Verne Valtueña
pone puntos y comas
y camas y asteriscos
a las hambres del hombre
a las canas del hambre
a las casas de alambre
y a la tipografía de
las percepciones más profundas?

Verne Valtueña da forma plástica (¿y contemporánea escolástica?)
a laberintos borgianos.
Murales Verne-Valtueña-Borges.
Alfombras Voladoras Verne-Valtueña-Borges.
Propuestas de proyectos de vitrales para catedrales en construcción.
Planes y planos para la construcción de aldeas construidas en las guerras más últimas.
Cuadros y esculturas con temperatura humana inmutable.
Murales reversibles, extensibles, resumibles.
Bocetos de pañuelos para el País de los Gigantes.
¡Juegos, juegos, juegos! El mundo se hizo jugando.
De pronto nos sorprende la magia. Extrae un naipe de lujo de la manga.
Lujo y austeridad de justas e ilusiones.
Letras de canciones ultrasensibles.
Pamelas y toldos contra el ardor de los grandes veranos terrestres.
Evidencias de blanco de cera y dulce de miel.
Mosaicos de museos alegres y alegóricos.
Billetes de expertos jóvenes para viajar al territorio de los Grandes transparentes.
Mantos de fiesta de Viudas de reyes.
Runas solares.
Telones de boca para el insólito espectáculo.
Banderas-cometas en el dorso de “la Cocina de los Ángeles”, de Murillo.
Alegatos contra la funesta decadencia del orden.
Ante la resignación, audacia con gracia.
Pétalos de la inmensa flor del Paraíso.
Cimas de fuerza del espíritu.
Temas de lírica publicidad apasionada irónica.
Tablas de liberación frente a la nada.



MUSEO CRUDO PARA VALTUEÑA

El azar deja de serlo, cuando habla.
Ante el sin sentido, la insistencia para cuidar a los vegetales y a los minerales de los múltiples y únicos sentidos.
Con la apariencia inanimada y muda se construyen jardines agrícolas y fachadas de ciudades mágicas.
La nieve se quitó los guantes blancos y aparecieron las huellas dactilares de lo maravilloso.
¿Testimonios de sueños habidos en el claustro materno?
¡Qué risa ante las rentables consecuencias del arte de vanguardia!
Aunque se quisiera llevarle por el buen camino, no conseguiría desviarle del mejor…


ANTONIO FERNÁNDEZ MOLINA
2002


© Herederos de Antonio Fernández Molina


© de la fotografía que acompaña al texto, Valtueña.

[Agradecemos al artista Valtueña, al que se ve en la fotografía superior junto a Antonio Fernández Molina, que nos haya remitido este texto para reproducirlo en el blog. Según nos refiere el propio artista: "TEXTO ESCRITO A SU AMIGO PINTOR JOSÉ Mª BLASCO VALTUEÑA PARA EL LIBRO-CATÁLOGO [dios’a], PUBLICADO CON MOTIVO DE SU EXPOSICIÓN EN ZARAGOZA EN EL AÑO 2004. (Que yo sepa, no ha aparecido publicado en ningún otro sitio)".]