Blogia
antonio fernández molina

A.F.M. poeta

Oración de Navidad

Oración de Navidad

Poema de AF Molina que celebra la Navidad. Con él os deseamos a nuestros lectores y amigos una Feliz Navidad y un próspero año nuevo.


(Oración)

Por esos sentimientos
que nos hacen mejores
cuando se va acercando
la Navidad, te pido,
con la fe y la alegría
de sentir que cada año
de nuevo el Niño nace,
por aquellas personas
que recuerdo moviéndose,
cual si ante mí estuvieran,
en un cálido ambiente
invernal, cual figuras
de un Nacimiento vivo.
¡Mira piadosamente
sus faltas y las mías!
¡Dios verdadero y grande!
contigo estén, –te ruego
llorando humildemente–,
mirándote de Niño
en el pesebre Santo
y que tantos te vean,
como si fueran niños,
–¿no es niño el hombre siempre?–
que hasta sea imposible
que no te vea alguno.

Poema perteneciente al libro Vientos del atardecer. Publicado en la revista Pluma libre y desigual, en la Navidad de 1998.

Un poema de Las fuerzas iniciales

Un poema de Las fuerzas iniciales

[Imagen de viñeta superior: Dibujo, de AF Molina]

Las fuerzas iniciales de AF Molina se publicó junto a Semana libre y Aforismos, en agosto de 1956, en la colección de poesía venezolana Lírica Hispana, con excepción de los fragmentos, posteriormente numerarodos como 4 y 5. Hiperión, en 1994, lo publicó en edición completa. En tal ocasión lo acompañaron los poemarios inéditos Cabeza de árbol y El visitante melancólico. A continuación incluimos el poema con el que arranque el poemario Las fuerzas iniciales.

1

Nos miramos con miedo

la carne fresca el viento abate

por encima de las casas

un esfuerzo levanta otro esfuerzo

una tela oculta entre los árboles

es una cabellera perdida

agitando las hojas de la campana

el cansancio se adormece en el lecho

pero se encienden los besos olvidados

un lince resucita la angustia

la mano vencida por el ángel

dibuja el nombre de la dicha

la boca entreabierta

como una puerta bajo el humo

escondida en la vegetación de la alcoba

las horas caen en la oscuridad

un saludo alargado como un bostezo

prolonga el vacío

se estremece el ruido cambia

caído de su propia casa

tienes la palabra húmeda

la indecisión perpetua

aquí nace la muerte burlada

la pared fría

los papeles olvidados

es su destino ceniza alzada

la espalda en la ventana tiene un río

las plumas desaparecen

en un revuelo espiral

a través de las gargantas

por las venas estallantes

transportan la luz

por los ojos abiertos

que reciben el desengaño

por los brazos extendidos

que alcanzan los muros

por el pecho ofrecido

por las piernas dobladas

por el sueño roto en el delirio

por el llanto que abre las puertas

que va más allá

por la palabra no dicha

que se recoge en un nido sin pájaros

por los que alzan su vuelodes

de una cabellera hasta el agua

por la muerte que nos espera

ofrecida de un momento a otro

por la muerte eterna compañera

dormida dentro del pecho

por el tiempo que es un barco

en el compás de unas aguas

otra vez por la muerte

nacida de sus cenizas

tenemos que encontrarnos

en las calles solitarias de los pueblos

en las calles anochecidas

calles largas sin respuesta

prolongadas hasta un muro

donde las sombras se hacen estatua

tus manos acarician las nubes

atraen la aurora

tu voz es la continuación de tu cuello

lleno de sorpresas vegetales

tus brazos son las vías principales

que arrastran las horas

tus brazos son las raíces de tu cuello

en la lucha nace el amor

va más allá de sus fronteras

es la vida que se asimila

mis dedos están atados a tus espaldas

escarban el musgo de la hierba

los ojos cercanos borran el aire

la respiración es un fuelle

el espanto desaparece un instante

para crear la gloria del día

el vello es la letra del amor

el paisaje amueblado coopera

para alargar el tiempo

las sillas mueven sus pies para acercarnos

para hacernos frágiles en los latidos

es un milagro continuo

las aguas se sujetan en el fondo del techo

el mundo pasa adelante

la maravilla de una pradera

la mejilla que cede muellemente

contra el hueso resistente

como un espejo que no copia nada

la nieve cae sobre la alfombra

en homenaje a tus rodillas

lago sin fondo la nieve se alza

buscando el cielo de tus pies

la maravilla de los dientes que oscilan

las lágrimas son un collar ardiente

los suspiros atraen los pájaros

un libro abierto se cierra

porque la noche se cambia con el día

Soneto Pánico de AF Molina

Soneto Pánico de AF Molina

Cinco sonetos pánicos, redactados a principios de los años cincuenta,  se publicaron en Málaga en la colección Cuadernos de María José en 1967, en edición de 200 ejemplares.En marzo de 1985 se reeditaron en la editorial toledana La Mujer Barbuda. En ese mismo año Heliodoro, de Madrid, edita un volumen que bajo el título Sonetos crudos agrupa diversos sonetos de AF Molina, entre los que se incluyen los Cinco sonetos pánicos.En 1997 tres de ellos, en nueva versión revisada, aparecen en el segundo número, dedicado a Fernando Arrabal, de la revista de Zaragoza El pelo de la rana.

Reproducimos el primero de los sonetos, de acuerdo con la última versión revisada por el poeta.

 

Cuando se encienden dos o tres ventanas

y es de noche y está la cena fría,

los retratos saludan a la cría

del tiempo, que ha nacido hace semanas.

 

Mas los peces del lago tienen ganas

de morder a la escoba que se agría

y a la suma del óleo que tendría

un jenollo y un sapo con sus lanas.

 

Y, más, la pena nace en la cuchara

y el pedagogo insiste por la tarde

con su copla de sumas y de restas.

 

Nadie sabe si el diálogo se para,

si la pianola entre las nubes arde,

si están al fin dormidas las ballestas.

 

[Imagen: Autorretrato de AF Molina, a modo de poema visual, 2 de enero de 1955].

El cuello cercenado

El cuello cercenado

El cuello cercenado se publicó en 1955, meses después de ser redactado, en 1954, en la colección Doña Endrina, que dirigía Fernández-Molina en Guadalajara. El libro original incluía en la contraportada un poema-visual del autor, creado el mismo año de la publicación. El cuello cercenado cuenta con varias ediciones posteriores, muestra de ello son las realizadas por Ediciones Gabirol y El último Parnaso. Era el poemario favorito del autor. Arrancaba con estos poemas:


1

El cuello cercenado

nuevamente

ofrecido a la mano de la tarde.

Un árbol tiembla.

Los edificios arrastran sus cimientos

y el estiércol y el viento se acompañan.

¡Aves de la nostalgia!

Los espejos limitados por uñas

y los años perdidos junto al fuego

se derraman sobre el papel.

 

2.

Sobre la baldosa

la sangre de la paloma se extiende.

Un centinela ha roto la puerta.

Es el día a propósito para mirarnos

a través del corazón

y arrancarnos los dedos infantiles

por las avenidas inútiles de su jardín.

Fábula triste

Fábula triste

En Madrid en 1953 se publicó el segundo poemario de A.F. Molina: Una carta de barro (Colección de la revista "El pájaro de paja", Madrid, 1953). Con viñeta de portada de María Luisa Madrilley, dibujo interior de Gregorio Prieto.

Seleccionamos uno de los poemas del libro:


Fábula triste


Había un hombre que tenia hambre,

había un carro que tenía ruedas,

había un mundo que tenía tontos,

había espigas que tenían granos,

había casa que salero había.

Pero no cultivaban las cigüeñas

ni buscaban columnas en los peces;

únicamente dos más dos hacían cuatro

aunque algunos ministros sonreían.

Buscaban aviones en las nubes,

los niños encontraban sus amigos,

los bueyes, pensativos, no pastaban,

los obreros vivían en tabernas,

los gitanos vivían en los puentes,

las devotas decían letanías

y los ríos sus piedras arrastraban.

Navidad

Navidad

 

La mañana ha volcado su niebla en este pueblo

y venimos montados encima de las vacas.

Dios es muy pequeñito y llora un poco.

Aún hay cristales de las botellas vaciadas anoche.

Un villancico tiene la gracia de endulzar la leche.

Vamos besando a todos los pequeños

y dando el aguinaldo a los borrachos.

Continúa Dios-niño llorando en un pesebre.

A la puerta de la iglesia el viento nos despeina,

y antes de entrar tiramos

los cigarros para besar las vacas.

En los rincones más fríos crecen las flores más

inesperadas.

El cordero bala y el gallo lanza un quiquiriquí de 

níquel.

La beata ha olvidado colocar aceite en la lámpara,

pero la lámpara disimula y continúa luciendo.

Parece mentira que haya existido la guerra.

Verdaderamente, la guerra no ha existido nunca.


Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina 

[Poema perteneciente al libro Una carta de barro publicado en Madrid , en 1953,  tercer libro de la colección de la revista El pájaro de paja, al cuidado de Ángel Crespo. En la portada se incluyó una viñeta de Madrilley y en el interior un dibujo de Gregorio Prieto.]

 

Lectura

Lectura

 

Hasta el anochecer,

leo en las páginas del pueblo

como en un libro.

De pronto el alumbrado público florece

y continúo la lectura.

Al pasar y pasar las página,

surgen sorpresas y sorpresas.

Cuando llego a la esquina

final del pueblo

el sueño cabecea entre la sombra,

como una embarcación.

© Herederos de Antonio Fernández Molina

[Poesías Completas III. Antonio Fernández Molina, Libros del Innombrable, Zaragoza, 2000]

 

Algunos poemas

Algunos poemas

 

La espiga

El libro se abre. Surge una espiga entre las hojas. Parece fabricada en papel de hilo o esculpida en madera muy bien lavada por la lluvia. Se podría fechar en junio ¿de qué año? En plenitud tranquila, maduró junto a sus hermanas. Con impulso y la energía de sus granos, sus líneas vibran cual las de un ave a punto de volar.

Al mirarla se evocan la viveza del gorrión, la luz de la era, el sonido de alegres juegos infantiles…

El cordón de la lluvia

El viento desata de repente el cordón de la lluvia. Las sombras parecen danzar en la habitación al ritmo de pisadas de hormigas gigantes por encima del techo. Desde el espejo cae un rayo de luz azul sobre la alfombra. Gordas y tibias gotas de lluvia golpean en las tejas. Se moja el rostro de un arcángel pintado en la fachada de la casa.

La luna lo observa embobada.


Ante un espejo

Está el abuelo bien situado

frente a un espejo

y con la niebla delante de sus ojos

y de su pensamiento,

y no se reconoce. Medita

si no verá la faz de algún paisano

sin recordar de quién.

Nada comenta porque sabe cómo

bien a menudo, la palabra,

dormida en la garganta

hace muy buen papel.

Mientras el viejo calla,

dispuestos a pintar su fiel retrato,

preparamos el lienzo,

colores y pinceles.

Sobre un fondo amarillo luminoso,

tiene un surco presente entre las cejas,

destacados detalles en el rostro,

y sombras en los sitios oportunos.

Testimonian de los años de brega,

señales acusadas de labores

de la recolección, de la vendimia…

Y al fin, es el retrato la verídica

máscara fiel de la epopeya

que el anciano ha vivido

en el amplio escenario

de la meseta y de los montes,

entre el cielo y la tierra.


Ya se desvanecieron

Estoy sentado en casa y sin moverme,

olvidado de mí. Ha oscurecido.

De pronto me parece

sentir manifestarse

inquietantes presencias.

¿Retornan compañeros de mi infancia,

temores sin motivo

material? Me encaro

con su hipotética presencia

y les digo; «Los fantasmas

se alejan al mirarlos de frente».

Intento ver, de alguno,

su rostro y su figura.

Mas si estuvieron,

ya se han desvanecido.

 

Tránsito

Por el camino de la escuela,

sumergida en el atardecer

avanza una joven,

de aspecto adolescente.

Envía el sol débiles rayos

y comenta en voz baja: «Disfrutamos

de un invierno apacible, amigos míos».

Muy tranquila

la tarde, 

se despereza como un gato

y alarga el rabo hacia el anochecer.

¡Me gustaría acompañarla

como ella se merece!

Doy pisadas en falso y sin remedio

a refugiarme voy a la taberna.

Con la noche avanzada

regresaré a mi hogar

a través de las sombras

de mi nublado pensamiento.

 

Lectura

Hasta el anochecer,

leo en las páginas del pueblo

como en un libro.

De pronto el alumbrado público florece

y continúo la lectura.

Al pasar y pasar las página,

surgen sorpresas y sorpresas.

Cuando llego a la esquina

final del pueblo

el sueño cabecea entre la sombra,

como una embarcación.

 

Antonio Fernández Molina

© Herederos de Antonio Fernández Molina

[Poesías Completas III. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2000]