Se muestran los artículos pertenecientes al tema A.F.M. poeta.
15/10/2009
Lectura

Hasta el anochecer,
leo en las páginas del pueblo
como en un libro.
De pronto el alumbrado público florece
y continúo la lectura.
Al pasar y pasar las página,
surgen sorpresas y sorpresas.
Cuando llego a la esquina
final del pueblo
el sueño cabecea entre la sombra,
como una embarcación.
12/08/2009
Algunos poemas

La espiga
El libro se abre. Surge una espiga entre las hojas. Parece fabricada en papel de hilo o esculpida en madera muy bien lavada por la lluvia. Se podría fechar en junio ¿de qué año? En plenitud tranquila, maduró junto a sus hermanas. Con impulso y la energía de sus granos, sus líneas vibran cual las de un ave a punto de volar.
Al mirarla se evocan la viveza del gorrión, la luz de la era, el sonido de alegres juegos infantiles…
El cordón de la lluvia
El viento desata de repente el cordón de la lluvia. Las sombras parecen danzar en la habitación al ritmo de pisadas de hormigas gigantes por encima del techo. Desde el espejo cae un rayo de luz azul sobre la alfombra. Gordas y tibias gotas de lluvia golpean en las tejas. Se moja el rostro de un arcángel pintado en la fachada de la casa.
La luna lo observa embobada.
Ante un espejo
Está el abuelo bien situado
frente a un espejo
y con la niebla delante de sus ojos
y de su pensamiento,
y no se reconoce. Medita
si no verá la faz de algún paisano
sin recordar de quién.
Nada comenta porque sabe cómo
bien a menudo, la palabra,
dormida en la garganta
hace muy buen papel.
Mientras el viejo calla,
dispuestos a pintar su fiel retrato,
preparamos el lienzo,
colores y pinceles.
Sobre un fondo amarillo luminoso,
tiene un surco presente entre las cejas,
destacados detalles en el rostro,
y sombras en los sitios oportunos.
Testimonian de los años de brega,
señales acusadas de labores
de la recolección, de la vendimia…
Y al fin, es el retrato la verídica
máscara fiel de la epopeya
que el anciano ha vivido
en el amplio escenario
de la meseta y de los montes,
entre el cielo y la tierra.
Ya se desvanecieron
Estoy sentado en casa y sin moverme,
olvidado de mí. Ha oscurecido.
De pronto me parece
sentir manifestarse
inquietantes presencias.
¿Retornan compañeros de mi infancia,
temores sin motivo
material? Me encaro
con su hipotética presencia
y les digo; «Los fantasmas
se alejan al mirarlos de frente».
Intento ver, de alguno,
su rostro y su figura.
Mas si estuvieron,
ya se han desvanecido.
Tránsito
Por el camino de la escuela,
sumergida en el atardecer
avanza una joven,
de aspecto adolescente.
Envía el sol débiles rayos
y comenta en voz baja: «Disfrutamos
de un invierno apacible, amigos míos».
Muy tranquila
la tarde,
se despereza como un gato
y alarga el rabo hacia el anochecer.
¡Me gustaría acompañarla
como ella se merece!
Doy pisadas en falso y sin remedio
a refugiarme voy a la taberna.
Con la noche avanzada
regresaré a mi hogar
a través de las sombras
de mi nublado pensamiento.
Lectura
Hasta el anochecer,
leo en las páginas del pueblo
como en un libro.
De pronto el alumbrado público florece
y continúo la lectura.
Al pasar y pasar las página,
surgen sorpresas y sorpresas.
Cuando llego a la esquina
final del pueblo
el sueño cabecea entre la sombra,
como una embarcación.
Antonio Fernández Molina
© Herederos de Antonio Fernández Molina
[Poesías Completas III. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2000]
22/04/2009
Una carta de barro / Una carta da Lama

O intercâmbio lingüístico
e “Una carta da Lama”
A poesia é, em primeiro lugar, o poeta. Se o náo fosse náo passaria de quimérica e académica «arte poética», sem significado, nem vida
Dando-nos do poeta o que nele é ele mesmo, a sua experiéncia e os seus anseios, realizando-se no homem, a poesia realiza-se em si própria, atinge a universalidade da expressáo.
Pode o «homem-poeta» ser um romántico e tímido jovem Shelley, um Byron estuante de vida e fatuidade; uf hiper-crítico e intelectual Pessoa ou um lírico simples e cándido Joáo de Deus. Pode ser tudo isso: desde o momento em que a sua poesia o exprima — al ternos o grande poeta. É este, para nós claro está, o real significado e objectivo da poesia. Pouca coisa? Para nós chega-nos o conhecer o homem. E este é um dos bons métodos já que náo é de muito o arranhar que se consegue compreendé-lo melhor, pelo menos, na opiniáo de Malraux. E o poeta modifica-se através dos tempos. Cada geraçáo deve ser a negaçáo da anterior, de contrário arriscar se a nada ser. Quanto multo poderá ser a traidora da geraçáo moribunda.
Por isso, dos jovens poetas espanhois que viveram a Guerra Civil apenas como crianças, a pesar de naturalmente, terem sofrido e duramente sentido a sua trágica passagem, náo poderemos esperar que sejam iguais a Lorca ou aos Machados... Quanto muito seus «descendentes».
Mas a geraçáo que surgiu para o combate, das ideias ao menos, no último após guerra é bem diversa das anteriores. É com ela que a arte abstracta, em pintura, conquista os salóes e público. Isto é bem significativo. Como significativo é igualmente que António Fernandez Molina, além de poeta tenha feito a experiéncia da pintura abstracta. Porque a hora náo é de manifestaçóes ruidosas (como em 1918), nem de espectaculares marcaçóes de posiçáo (como em 1939) mas de espera e de experiéncia.
Se prosseguir na pintura Fernandez Molina abandonará, certamente, o caminho da abstracçáo, a ajuizar pelo poeta que ternos presente.
A sua «Una carta de Barro», que recentemente foi traduzida e editada em portugués (« Urna carta de lama», colec. Bandarra, n.° 3) dá-nos urna perspectiva flagrante de Fernandez Molina que, promissoramente se revelara já como poeta com «Biografía de Roberto G.» (Colecion Nebli, Madrid) — aquela perspectiva que seria de esperar de um moço com a experiéncia humana deste poeta. Operário agrícola, escrevente, moço de taberna, sargento de cavalaria, professor, tudo isto foi Fernandez Molina, que conta apenas 27 anos
E, apesar, ou exactamente por causa dessa experiência humana, a sua poesia nao vive. da frase lançada no espaço a conquistar, mas da intimidada do poeta coma as coisas e consigo próprio.
Recorda-nos, logo de início Ribeiro Couto, se bem que em Fernandez Molina esta intimidade nao saja urna posiçäo estética, como no poeta brasileiro, mas urna realidade interior.
Sua poesia, sem ter ainda alcançado os seus exactos meios de expressäo é já «um fragmento tocado por la gracia de la vida». A carta de fama tem horizonte. Situa-se no espaço de urna casa de campo, nas suas divisóes e alpendres, na aldeia vizinha, nos campos ao longe. Mas em todo o lugar está o poeta com robusta sensibilidade lírica, bem que se aborreça com a lama e o trigo dos seus campos. As dificuldades e a luta váo ao seu encontro, mais feitas lama que sérios escolhos; mas sujo e cansado do incessante combate, Fernandez Molina acabou por compreender. Pode gritar: (Soy más hombre que nunca». Se alguém disse que Molina era «algo muy puro, muy sensible, muy autentico que se está desgastando sin objecto ante el vacio de esta vida» bem se equivocou. Molina encontrou já um caminho, iniciado com segurança em «Una carta de barro».
A traduçäo portuguesa de «Una carta de Barro» baseia-se num equívoco inicial: a aparentemente fácil correspondéncia da palavra portuguesa á palavra castelhana.
Desta maneira se pode fazer urna versäo completa mas nao exacta. Perde-se, com a diferença de acentuaçäo e de métrica (tratando-se mesmo como é o caso de versilibrismo) a forra natural e essencial, a adjectivaçäo inicial, a verdadeira poesia que Fernandez Molina pós nos seus versos.
No entanto nao podemos deixar de ficar gratos a «Bandarra» e a António Rebordao Navarro por essa colaboraçáo com a Espanha que, desde o início, a sua revista pós
como um dos seus postulados e de que esta ediçáo é urna das mais valiosas afirmaçóes.
ROBY AMORIM
[La presente reseña de Una carta de Lama, la traducción al portugués del poemario Una carta de barro, de Antonio Fernández Molina se publicó en la revista 4 Ventos de Brasil en torno a mediados de los años 50 del pasado siglo.]
08/03/2009
Ante un espejo

Está el abuelo bien situado
frente a un espejo
y con la niebla delante de sus ojos
y de su pensamiento,
y no se reconoce. Medita
si no verá la faz de algún paisano
sin recordar de quién.
Nada comenta porque sabe cómo
bien a menudo, la palabra,
dormida en la garganta
hace muy buen papel.
Mientras el viejo calla,
dispuestos a pintar su fiel retrato,
preparamos el lienzo,
colores y pinceles.
Sobre un fondo amarillo luminoso,
tiene un surco presente entre las cejas,
destacados detalles en el rostro,
y sombras en los sitios oportunos.
Testimonian de los años de brega,
señales acusadas de labores
de la recolección, de la vendimia…
Y al fin, es el retrato la verídica
máscara fiel de la epopeya
que el anciano ha vivido
en el amplio escenario
de la meseta y de los montes,
entre el cielo y la tierra.
Antonio Fernández Molina
© Herederos de Antonio Fernández Molina
[Poesías Completas III, -Poemas sueltos-, Libros del Innombrable, Zaragoza, 2000.]
31/12/2008
La docena de huevos (Extracto)

Eusebio siega en Enero
Fabián vendimia en Febrero
Mariano trilla en Marzo
en Abril cortaban álamos
en Mayo dormía la musa
en Junio arrancaban juncos
Juliana comía sopa en Julio
Agustín pintaba en Agosto
en Septiembre nevaba
Octavio casó en Octubre
Nicomedes veraneaba en Noviembre
Diógenes toreaba en Diciembre
27-1-82
***
En Enero le metían por un Embudo
En Febrero le falseaban la fama
En Marzo le molestaban con Malicia
En Abril le abaleaban con Abnegación
En Mayo le mojaban los Musculos
En Junio le probaban con Javardillo
En Julio le jabelgaban con Jalapa
En Agosto le angustiaban con Agua
En Septiembre le sembraban Salmuera
En Octubre le obsturaban las Ojales
En Noviembre le negreaban los Napias
En Diciembre le decapitaban con un disco
Antonio Fernández Molina
© Herederos de Antonio Fernández Molina
[Con estos poemas de nuestro autor el blog Antonio Fernández Molina les desesa un próspero 2009 y un Feliz Navidad y día de Reyes.]
[Los poemas pertenecen a La docena de huevos editado en la colección Té con limón de Valencia en el año 1990.]
23/12/2008
Cae la nieve en el centro del verano por José María de Montells

Cuando recibí la llamada telefónica de Gradolí, diciéndome que A. F. Molina había dado el alma, sentí como una puñalada de frío me traspasaba el corazón. Una artera y gélida puñalada que me silenció un tiempo. No supe qué decir y musité una oración. Poco antes de morir, había hablado con él, sobre la posibilidad de publicar un libro suyo en "las patitas de la sombra". Me dijo que prepararía un texto para nosotros. Pero la parca se lo llevó sin que enviase nada. Recordé enseguida que guardaba, como oro en pañi, un inédito de A. F. molina. Me lo remitió en el 2000, cuando teníamos el proyecto de sacar una revista que quedó en el limbo.
Aquí está. Lo había bautizado Musgo. El musgo que crece sobre nuestra huesa, mientras realizamos la hazaña de vivir. Fernández Molina era muy consciente de que vivir es ir muriendo. Lo dicen en este Nada sucede luego que ahora presenta la colección "las patitas de la sombra", compuesto de los poemas aforísticos de Musgo y de otros poemas, fechados todos ellos en 1974, que me hizo llegar su hija Ester.
Uno donde más se reconoce es leyendo poesía. Me ocurre además que si leo poesía iluminada o turbadora, me pongo de buen humor y estoy mucho más lúcido que de costumbre. Leo Cae la nieve en el centro del verano que es un afortunado verso de A. F. Molina y veo el mundo de otra manera y las cosas me parecen mejor, más cercanas a la humana condición.
A don Antonio Fernández Molina le conocí, según me contaba él, en una exposición de pintura. Yo creo, aunque mi memoria no es muy fiable, que lo presentó Alfonso López Gradolí, bebimos cerveza, nos reímos mucho y hablamos de poetas algunos conocidos y otros olvidados. De esto hará treinta años. Desde aquella fuimos amigos. Era un santo, lleno de luz. A mi admirado A. F. siempre que le leo, le rememoro cuando venía a mi oficina, en la calle Valverde y fulguraba la Gran Vía con su luz.
Era la suya, una luz distinta, una luz fantástica y traslúcida. O mejor: Una luz fanlúcida y trastántica que le retrataba. La luna había besado su perfil de prócer y le había dejado esquirlas blancas. Hablo de esa clase de luz. La que cae como la mansa nieve en el centro del verano.
A A. F. Molina no se le puede encasillar, su obra trasciende los géneros y se extiende, procelosa, por la novela (Solo de trompeta, Rin-tin-tin cruzando los alpes, El león recién salido de la peluquería, Un caracol en la cocina, etc), el ensayo (Picasso, escritor, etc.), el cine (La guerra de los cien años y otros guiones cinematográficos), la pintura (innumerables exposiciones) y la poesía.
Todo es uno y lo mismo, pero él, respetuoso con los cánones, se empeñaba en seguir la corriente, para facilitarnos un acercamiento más fácil, más sencillo. Con todo, para mí tengo que A. F. Molina escribía siempre poesía, aunque oficialmente hiciera otra cosa, es decir, sus poemas están en todo lo que ha escrito y en todo lo que ha pintado. Este Nada sucede luego es una buena prueba, un libro profundo y leve, casi transparente, lírico y extraño, lleno de luz.
El poeta fue un raro. El más grande raro de la literatura contemporánea española. Y nuestra literatura, que conste, no es pródiga en raros, ni los soporta. Nuestra cultura oficial tiende a la uniformalización, porque le molestan los que van a su aire. A. F. Molina siempre fue a su aire.
La aventura, el riesgo, el azar y lo onírico, son características esenciales de la obra de Molina. También el infierno. Este infierno íntimo con el que siempre convivimos. Como en su pintura, A. F. Molina abandonó los escenarios renacentistas de Piero della Francesca, para instalarse en un paisaje infernal, que tiene algo de mágico.
Si hubiera que definir su obra toda, deberíamos decir que, en realidad, ni escribe ni pinta, hace magia, ejerce de hechicero. Por eso, su poesía, y también su pintura, está en el límite de los terrorífico y lo inocente. Molina es el médium, del que se valen los ángeles y los diablos para expresar, lo que no nos ha sido dado expresar. Y añado que fue original, singular, único, sorprendente, en un panorama tan necesitado de voces únicas.
Porque, nunca como hoy, gozamos de un panorama lírico tan poblado de poetas menores, mediocres y aburridos. En España, algunos surrealistas oficiales que han recogido los críticos y están en las antologías, pasan por cimas del pensamiento patrio, pero A. F. Molina es el surrealismo en estado puro. Yo he dicho en público que si Molina fuera francés, ya estaría en los altares junto a Breton, Ernst o Mallarmé. En España, no hay mejor cosa que morirse para llegar a genio. Molina fue un genio en vida, que ahora descubrirán algunos.
Decía Hölderlin que los poetas mienten, que el poema es una invención sobre una realidad predeterminada. En el caso que nos ocupa, se equivocaba. A. F. Molina no mentía ni poco ni mucho. No lo necesitaba.
La suya es la poesía de la realidad que no se ve, fiel reflejo de un mundo inalcanzable para el común de los mortales. Por eso le necesitamos ahora, por transitar seguros por los vericuetos de lo inesperado, que él, generosamente brindaba a quien le seguía.
A. F. Molina es el descubridor de un nuevo mundo. Un Cristóbal Colón que conoce el camino de los lugares imposibles y desconcertantes, donde el olvido habita. Ya se sabe que las fotografías realizadas desde los satélites, ya sea el Meteosat o el Apolo de turno, no reflejan el mundo. Para poder verlo bien y cumplidamente, para conocerlo de verdad, necesitamos del taumaturgo, del hombre que posee el remedio milagroso qeu cura nuestros miedos.
A. F. Molina lo tenía. Fernando Arrabal, otro raro de nuestra literatura, en el prólogo del primer tomo de sus Poesías Completas, le llamaba genio. No hay más que empezar a leerle y el leedor sabrá que se enfrenta a un coloso.
A. F. Molina, era y es un genio a marchamartillo, a rajatabla, que no comulgaba con ruedas de molino. Que era incapaz de pactar. Que fue fiel a los demás, porque se mantenía fiel a sí mismo. Un genio fanlúcido y trastántico que ilumina al lector con su ilógica luz. Verdaderamente, ya sé que, ahora que ha partido de este mundo, cae la nieve en el centro del verano.
José María de Montells
© José María de Montells
[Este texto excelente y justo sirvió de prólogo al libro póstumo Nada sucede luego (Las patitas de la sombra, Madrid, 2005)]
23/10/2008
Parejas [Poema de Antonio Fernández Molina en homenaje a Fernando Arrabal]

PAREJAS
HOMENAJE A FERNANDO ARRABAL
Alambrada logaritmo
Logaritmo catarata
Catarata escofina
Escofina municipio
Municipio sintaxis
Sintaxis osamenta
Osamenta velocípedo
Velocípedo calamar
Calamar intermedio
Intermedio ceniza
Ceniza diccionario
Diccionario pernera
Pernera parsimonia
Parsimonia columna
Columna transparencia
Transparencia cuaderno
Cuaderno gasolina
Gasolina lapicero
Lapicero clarinete
Clarinete ecuación
Ecuación avestruz
Avestruz cervical
Cervical limosnero
Limosnero palangana
Palangana nubosidad
Nubosidad patata
Patata romancero
Romancero alfombra
Alfombra colirio.
09.2.2002
Antonio Fernández Molina
© Herederos de Antonio Fernández Molina
[Este poema se publicó en Cucutiar la revista digital dirigida por Angela Ibáñez ].
[Recreación de la imagen: Mr. Mandrake].


