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29/06/2009
Alejandra Pizarnik Mensajera de la luna por Antonio Fernández Molina

Fue hacia mitad de los ¿felices sesenta?, durante la primera etapa de mi incorporación a Papeles de Son Armadans en Palma de Mallorca y hacia el de la etapa final de la revista Sur de Victoria Ocampo, en Buenos Aires, donde en sus páginas nos conocimos mutuamente. No tardó en llegarme una carta suya con un poema inédito para Papeles y un libro suyo. Con ello me llegaban deslumbradoras su poesía y su personalidad, la una idéntica a la otra. El libro, la carta y el original, eran convulsivos y conmovedores. Así incorporaba un nombre nuevo en la lista de grandes poetas americanas de nuestra lengua, siempre admiradas por mí: Sor Juana Inés de la Cruz, María Eugenia Vaz Ferreira, Juana Borrero, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou... A partir de entonces nuestra correspondencia sólo fue interrumpida por su muerte. Los sobres de sus cartas siempre estaban escritos a mano con su deliciosa letra menuda de niña genial, cuyo recuerdo no puede por menos de conmoverme. Sus cartas a veces contenían un sugestivo dibujo o collage realizados por ella.. Le publicaba sus originales con gran entusiasmo. Tengo la impresión, y no, creo equivocarme, de haber introducido su poesía en España.. Comunicaba al mismo tiempo mi entusiasmo a otros amigos, Antonio Beneyto entre ellos, quien ha realizado una espléndida labor difusora de su poesía, personalmente de palabra, por escrito y como editor en su Colección La Esquina, del libro inédito Nombres y Figuras (1969) -que ella me envio con tal destino- y con sus oportunas gestiones y alientos para hacerla preparar una antología de su obra que ya sólo pudo ver la luz en 1975, tres años después de su muerte, con el título de El deseo de la palabra, en la colección Ocnos, Barral Editores.
Sus textos, en verso y en prosa, siempre son poesía y la poesía enriquece el carácter de sus relatos que son también poemas, como lo son sus ensayos sobre textos que le fascinaron, así sucede con Nadja de Bretón y en especial con su alucinante y transparente comentario a propósito de los estudios realizados por Valentine Penrose sobre Acerca de la Condesa Sangrienta, aparecido inicialmente en Sur y publicado aparte como libro breve e intenso. En él, la prosa de Alejandra Pizarnik alcanza la máxima tensión y acentúa su permanente característica de no emplear ni un vocablo más ni uno menos, entre los más eficaces y hermosos, para desarrollar el tema.
Como flechas mensajeras de auténtica poesía, sus cartas, sus libros, sus dibujos, cruzaron el Atlántico y, luego de sobrevolar la península, penetraban en el Mediterráneo para dar en el blanco hacia el que se dirigían en la Bonanova de Palma de Mallorca. No era posible ni deseable el oponerle defensa a tales disparos.
Apasionada del arte -otra forma de poesía- Alejandra Pizarnik había abandonado sus estudios de Letras para realizar los de pintura con Juan Baffle Planas, artista de origen catalán que trabajó en Buenos Aires. Ella lo vivía y lo cultivaba con la romántica pasión con que lo hiciera un Victor Hugo y, de haberle prestado la dedicación temporal que utilizó en la poesía, pudiera haber sido un caso equivalente al de un Michaux, un Arp, o el de uno más de los poetas-pintores que enriquecen el panorama.
De cómo su poesía también se apoyaba en su conocimiento y su pasión por la plástico son buen testimonio sus propias declaraciones cuando dice: "... En cuanto a la inspiración, creo en ella ortodoxamente, lo que no me impide, sino todo lo contrario, concentrarme mucho tiempo en un solo poema y lo hago de una manera que recuerda tal vez, el gesto de los artistas plásticos: adhiero la hoja de papel a un muro y la contemplo; cambio palabras, suprimo versos. A veces al suprimir una palabra, imagino otra en su lugar, pero sin saber aún su nombre. Entonces, a la espera de la deseada, hago un vacío que la alude. Y este dibujo es como una llamada ritual".
Alejandra Pizarnik vivió y nos hace vivir la realidad verdadera de su propia leyenda.
Durante su etapa anterior, trascurrida en París, hizo innumerables trabajos. Uno de ellos fue el de poner en limpio el original de Rayuela de Julio Cortázar. Pienso como, entre las páginas de este singular libro, de alguna manera pueden estar escondidos su figura y su espíritu y ser ella uno de los personajes que le animan. El ejercicio de releerlo bajo esta óptica será sin duda bien fascinante aventura. También tradujo textos fundamentales del surrealismo, como La Inmaculada Concepción de André Breton y Paul Eluard.
Desde el Romanticismo y el Simbolismo hacia adelante, Alejandra Pizarnik estuvo atraída hacia determinados productos de la literatura francesa. Si de alguna manera una de las grandes constantes -casi un vicio- de la literatura argentina es la admiración de sus creadores por los escritores franceses, en esta ocasión responde a una identificación esencial. Pudo haber escrito en francés como su casi compatriota Supervielle pero sucedía que ella, como Borges, era sobre todo argentina, esencialmente bonaerense. Mientras su obra estuvo cordialmente emparentada con autores como Artaud, Michaux y los surrealistas en general, sus raíces se hunden más profundamente en un surrealismo intemporal y sobre todo en el Romanticismo alemán con afinidades con la poeta Carolina Günderrode.
Coherente y una con su obra, fue tan sensible cuan frágil a los inconvenientes de la existencia. Hermosa como uno de los más bellos y excepcionales productos de la naturaleza, su obra y sus gestos, humanos y literarios, fueron dirigidos a su fin mientras se defendía y escudaba con oportunos y naturales silencios. Vivía en la plena inocencia de sus actos, como escribía, y tanto hizo de su cuerpo su espíritu, como hijo de su espíritu su cuerpo. La acechaban los miserables condicionamientos del amor y de la existencia y estaba hecha para vivirlos en una atmósfera de personal pureza.
Sin hacer el recuento de sus palabras más frecuentes, la música de su recuerdo me sugiere las que son más escuetas y sugestivas, como en uno de sus intensos breves y testimoniales poemas: "bosque/silencio/espejo/muerte."
Son elocuentes estas palabras suyas: "Me gusta pintar porque en la pintura encuentro la oportunidad de aludir en silencio a las imágenes de las sombras interiores". Como también son elocuentes las que dicen: "La poesía es el lugar donde todo sucede. A semejanza del amor, del humor, del suicidio y de todo acto profundamente subversivo..."
Amiga del misterio, amaba en todo el profundo significado de lo infinito incomprensible, y de lo imposible, cual destinada a vivir y a realizar lunatiquerías de mensajera del astro. Vivió en un estado de disponibilidad constante hacia el absoluto de las cosas y de las relaciones. Después de renunciar a la vida, está situada en el cielo de los grandes poetas.
Nació en Buenos Aires en 1939 y murió por propia voluntad el 25 de septiembre de 1972.
Antonio Fernández Molina
[El presente artículo de Antonio Fernández Molina se publicó en la revista"Quimera" en su número 124 en el año 1994. En la ilustración superior dibujo de Alejandra Pizarnik.]
© Herederos de Antonio Fernández Molina
06/05/2009
MOSAICO RAMONIANO

ANTONIO FERNÁNDEZ MOLINA
escrito en el año del centenario de Ramón
LOS DIBUJOS DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA
A la práctica del arte se accede con frecuencia con la más absoluta autenticidad, por caminos inhabituales.
Es bien conocida la vertiginosa actividad de Gómez de la Serna que le llevara a publicar muchos libros y miles de artículos y colaboraciones en la prensa, desde las más importantes revista literarias –“Sur”, “Revista de Occidente”, “Cruz y Raya”– hasta las más modestas publicaciones. Esta característica hace que en ocasiones se le compare a Lope de Vega –y con extraordinaria perspicacia lo ha hecho Gerardo Diego–, como por cultivar múltiples géneros y actividades literarias y artísticas, se le ha comparada también con Picasso.
Su amor -y su dedicación literaria al tema del arte– se dio unido con el cultivo de la pintura y, sobre todo, del collage y el dibujo. Desde muy temprano fue un activo acumulador de objetos de escasa utilidad práctica pero sugestivos por su realidad tangible. Por suponer un camino hacia un mayor grado de aptitud en la actividad artística y también por alumbrar aspectos del arte mantenidos en zonas aparentemente desdeñadas por los tratadista del tema. El tiempo le ha dado la razón a Gómez de la Serna y nos lo presenta como uno de los anticipadores de la sensibilidad del porvenir.
Muy temprano sintió la necesidad de ampliar su medio de expresión con las palabras añadiendo las de las imágenes y sus colecciones de greguerías, y el hombre estadística sus artículos en la prensa comenzaron a aparecer ilustrados con sus dibujos inspirados para la ocasión en la poética sugestión del momento.
Si las imágenes con frecuencia nos dicen más que las palabras, en su caso poseen un especial encanto. En momentos en que la ilustración comenzaba a desencorsetarse. La aportación de Gómez de la Serna fue muy oportuna y beneficiosa. El trazo de sus dibujos se adivina que es el de la pluma estilográfica que ha dejado un momento de ser fiel a las palabras para anotar, como en greguerías plásticas, sugestivos aspectos de lo por él observado, de lo que procede lo escrito, y anotado rápidamente con el dibujo, o de lo imaginado basándose en sus dotes de fabulación. Y sucede que, aunque en menor medida que su obra literaria, pero sí en una grandísima abundancia, creó colecciones diversas de dibujos que muchos han llegado hasta nosotros porque el buen gusto de los editores con frecuencia les lleva a ilustrar con ellos las ediciones de sus libros.
En el capítulo, aún por escribir, sobre el arte creado por algunos literatos, Gómez de la Serna ha de ocupar un señalado lugar. Sus dibujos tienen un trazo sencillo, pero muy sensible y suficiente para captar lo que se nos quiere decir, suelen tener un atractivo que les hace permanecer en la memoria del lector.
Su originalidad es similar a la de sus apuntes literarios y sus greguerías. Por ejemplo, en un libro como Gollerías, observaciones sobre pequeñas cosas, el escritor-artista para ilustrar breves textos, como Posturas musicales, lo hace con dibujos que nos ofrecen su captación certera, irónica y exacta de algunas formas adoptadas por los asistentes a conciertos.
Otro de sus dibujos más logrados es el de un personaje que ha perdido su cabeza y lo vemos arrodillado bajo los faldones de una mesa buscándola con un fósforo encendido. Tampoco es fácil de olvidar el dibujo que ilustra El hombre estadística, con una figura de un caballero grueso, bigotudo y de perfil quien dentro de su cuerpo tienen anotadas y dibujadas aquellas cosas que en su vida ha consumido (por ejemplo: sal, dos salinas, etcétera..)
El dibujo de Gómez de la Serna, aunque algunos se adornen con globos y palabras, tiene mucho más que ver con la ilustración que con el cómic. Se realiza en paralelismo a su obra literaria. Aunque posee un valor plástico en sí, de calidad muy personal.
A la vez que con sus dibujos fue ilustrando sus colaboraciones con fotos curiosas y a veces con collages. Pero su actividad en el collage la desarrolló especialmente en los estudios que tuvo en Madrid y en Buenos Aires, cubiertas las paredes y las superficies de algunos muebles con imágenes organizadas de forma acorde con las técnicas avanzadas del collage, de las que fuera tan buen conocedor.
Así mismo, en ocasiones encontró un espacio de tiempo para cultivar la pintura y realizó algunos cuadros, siempre de interés, entre los que destaca algún autorretrato y un retrato de la escritora argentina Luisa Sofovich, su esposa.
LAS CLASES DE LITERATURA
Las clases de literatura que recibí en el bachillerato (fui alumno de Enriqueta Ors Bremes) fueron perfectas. Sus ejemplares explicaciones eran las de una persona impregnada de humanismo. Aunque ya me hubiera sorprendido la lectura de lagunas greguerías en los periódicos, en su clase oí hablar por primera vez con respeto de ellas al citarnos con casi trágico entusiasmo la que dice:
“Se hacen lutos en veinticuatro horas. El destino los hace en un instante."
Pero la auténtica revelación ramoniana vino después, cuando adolescentes y jóvenes poetas, un grupo de amigos acudíamos a casa de Ángeles Fernández que nos superaba en vida recorrida, en sabia experiencia y educada sensibilidad. Era época de entusiastas lecturas de autores modernos españoles y extranjeros, de éstos en traducción no fiable, de línea existencialista y tremendista.
Por entonces, aún eran capaces de deslumbrarnos las actitudes teatrales de corte valleinclanesco y daliniano, aún sin estar sustentadas por un genio equivalente al de estos personajes. Entre lectura y lectura de poemas suyos y de los nuestros, Ángeles Fernández nos escuchaba atenta, pero en una ocasión dijo:
Estoy asombrada de oíros hablar con entusiasmo de .... A mí sus personajes me parecen de cartón piedra. Quien es un gran escritor es Ramón Gómez de la Serna, que todo lo impregnaba de alma.
Nos prestó libros suyos abundantes, algunos en ediciones primeras. Como Los muertos, las muertas y otras fantasmagorías, edición de Cruz y Raya. Y nos contaba anécdotas de sus conferencias a las que asistía de jovencita y, cómo, en una ocasión, estrechó su mano.
Encendió nuestro entusiasmo permanente, al menos en mí, por Ramón Gómez de la Serna. De la supermillonaria tarea de Ramón he leído libros y colaboraciones múltiples, mientras sigo descubriendo nuevas cosas y me doy cuenta de que son muchas más cuantas me quedan por descubrir.
RAMÓN Y SU SERVIDOR
Me hice con su dirección y él tuvo la gentileza de acusar recibo al envío de mis libros. Pasado un tiempo publiqué un libro sobre la generación del 98, donde aunque no se estudia en él a Ramón, resplandece mi alta estima por el escritor.
Alejandra Pizarnik cuando conoció el libro se lo pasó a Luisa Sofovich, entonces ya viuda de Ramón y mantuvimos correspondencia sobre asuntos ramonianos. En una de las cartas le contaba mi peregrinación de oficina en oficina por las dependencias del Ayuntamiento de Madrid hasta conseguir que me mostraran el reconstruido torreón de Ramón traído desde Buenos Aires, situado entonces en la Casa de la Panadería de la Plaza Mayor.
Por mi trato epistolar con Luisa Sofovich pude conseguir un pequeño libro de Ramón: Caprichos inéditos, para la colección “La esquina”, de Antonio Beneyto. Cuando después se hizo una colección con este título en la editorial Picazo facilité mi ejemplar de El incongruente para que editase ese libro y la nueva edición también apareció con cubierta dibujada por mí, como el anterior. Ramón vivió el arte con entusiasmo de poeta y además de cultivarlo como dibujante, dedicó muchas páginas lúcidas apasionadas al tema. Al arte avanzado de su época y al arte vivo del pasado que actualizara con sus inspirados y audaces comentarios. Bien digno de ser leído por cuantos se interesan por el arte hoy, sin embargo un libro tan famoso e imprescindible como su Ismos no parece que se haya leído con cierta atención por algunos de quienes era de esperar lo hicieran suficientemente bien. Me refiero al artista catalán J, Batllé Planas, quien residió durante muchos años en Argentina (fue profesor de pintura de la gran poeta Alejandra Pizarnik). En el artículo de Ismos dedicado al surrealismo se reproducen tres espléndidos cuadros suyos: Radiografía paranoica (a toda página), El Ampurdán y El Tibet. Ilustran esta parte del libro, con las de Batllé Planas, reproducciones de obras de André Bretón, Miró, Chagall, Max Ernst, André Masson, Tanguy, Frida Kalho, Klee, Óscar Domínguez, K. Seligman, Roland Penrose, Víctor Brauner y Arcimboldo.
Pues bien, en el Centro de Arte Santa Mónica de Barcelona, recientemente hubo una exposición dedicada al Surrealismo en Cataluña, entre los años 1924-1936, donde están las estrellas catalanas del movimiento, con otros artista, sin duda menos significativos que J. Batllé Planas, ausente de la exposición.
Curiosa anécdota acaecida durante el centenario de Ramón.
LA TERTULIA DE POMBO
La mejor manera de celebrar un centenario es demostrar cómo se tiene verdadero interés por la persona y la obra del escritor o del artista. Recién el de José Gutiérrez Solana, una buena manera e culminar el suyo y el de Ramón sería colocar el cuadro de aquél, La Tertulia de Pombo, magistralmente presidida por Ramón, en el Museo del Prado. Solana y Ramón se verían en palabras de ramón: “Realizando mis sueños de quedarme de noche en un museo”.
Y, en este caso –ellos entre los mejores– en el mejor posible de los museos.
Antonio Fernández Molina
© Herederos de Antonio Fernández Molina
El presente artículo se publicó en Boletín RAMÓN nº9, otoño 2004
08/01/2009
Veleta al Viento (Artículo sobre Vicente Aleixandre)

"Todos mis biógrafos –me decía Vicente Aleixandre– saben que nací en Sevilla e inmediatamente pasé a Málaga, donde transcurrió mi adolescencia, pero todos ellos omiten que que entre Sevilla y Málaga estuve uno seis meses viviendo en Guadalajara. A usted se lo digo porque viene de ahí, este es un dato que no ha salido a luz todavía. Mi padre fue director de la Academia de Ingenieros y recuerdo que vivíamos en una casa de la calle Mayor. Pasaron los años y he tardado mucho tiempo en volver. Después la he recorrido en alguna ocasión yo solo. Es una ciudad que tiene mucho sabor".
Vicente Aleixandre, en el jardín de su hotel suburbano, recibe a todos los poetas que por Madrid pasan. Va recogiendo impresiones de odos los puntos. Allí reposa de tres a seis en su chaise longe envuelto entre mantas. Aleixandre está enfermo y tiene que cuidarse. La enfermedad de Aleixandre ha sido muy beneficiosa para la poesía española. –Aquí lamento la terrible enfermedad que nos arrebató a Ruben Darío cuando mostraba los pies y las rodillas de su genio–. El primer libro de Aleixandre "Ambito", seguía las normas de la poética tradicional, pero el comienzo de su enfermedad cambió los polos de su sensibilidad y rompiendo bruscamente con el pasado escribió los libros más representativos del superrealismo español. "Pasión de la tierra" y "Espadas como labios".
Leo —me decía— las cosas de ustedes en "El pájaro de paja" y "Deucalión", bonitas revistas. Noto prisa en la juventud por darse a conocer por publicar sus libros y revistas. Yo publiqué "Ámbito" a los veintiocho años y en la actualidad poseo dos inéditos que aún lo estarán durante mucho tiempo.
Aleixandre habla con mucho reposo y seguridad, tal vez con un exceso de seguridad.
Le hablo de Labordeta y no termina de volcarse. Hablamos mucho y muy bien del pintor Gregorio Prieto. Le amplío el conocimiento de Francisco Nieva. Me aconseja la lectura de Marcel Proust.
De los jóvenes le manifiesto con absoluta confianza en Labordeta y Ángel Crespo.
"Usted tiene que trabajar aún es joven, trabaje, trabaje".
Nos despedimos y me encamino al ático donde un joven pintor y un joven poeta me esperan ante una taza de café y las últimas novedades de sus trabajos.
Antonio Fernández Molina
© Herederos de Antonio Fernández Molina
[Veleta al viento se llamaba la sección fija que durante los años cincuenta Antonio Fernández Molina tuvo en el diario "Nueva Alcarria" de Guadalajara. La columna presente se publicó en dicho periódico y en la citada sección el 22 de diciembre de 1951.]
27/11/2008
Cirlot en Zaragoza (Artículo de Antonio Fernández Molina)

El poeta, crítico, musicólogo y filósofo Juan Eduardo Cirlot, extraordinariamente intuitivo y poseedor de extensos y muy originales saberes y de una de las cabezas más lúcidas de los últimos tiempos, hizo, en la postguerra, su servicio militar en Zaragoza. Detalle bastante interesante desde el punto de vista cultural porque en Zaragoza Alfonso Buñuel le descubrió el surrealismo.
Cirlot está certeramente considerado como uno de los poetas españoles más significativos del surrealismo español. A su vuelta a Barcelona formó parte del grupo de artistas y escritores "Dau al Set" y le aportó su inspiración y conocimientos adquiridos en Zaragoza.
En Zaragoza conoció también a Tomás Seral Casas quien en su colección "Cuadernos de Poesía" le editara la "Elegía sumeria", en la línea característica de algunas de sus más significativas inquietudes, dentro de la simbología.
Es autor de un importante "Diccionario de Símbolos". El título de "Elegía sumería" tiene una llamada donde explica: "Los sumerios constituyen el pueblo más antigua de la Baja Mesopotamia, región que por su causa, recibió el nombre de Sumer. Este pueblo entró en Mesopotamía del 6000 al 5000 a.C. y se instaló en la zona donse se sitúa el Paraíso Terrenal".
La "Elegía sumería" densa en su contenido, para su plena comprensión precisa de muy sucintos comentarios. Pero sin necesidad de ese requisito, el poema nos cautiva con una belleza, bien novedosa en aquellos momentos y que resiste el paso del tiempo como si de una pirámide egipcia se tratara.
En él se leen estrofas como las siguientes:
"Plata desamparada riega los horizontes,
donde se abre esa puerta de joyas miserables.
Inmensas cataratas de amarguras y alientos
permanecen en vilo sobre la superficie.
La primavera vuelve con su olor escarlata
a llenar el silencio de labios y rugidos.
En la pálida estancia del agua destrozada
dulcemente palpitan las telas de los cielos…"
Cirlot que, en su etpa de Zaragoza, ya era un gran poeta, dedicó una buena parte de su tiempo y de sus inquietudes al estudio de la música, en especial de la dodecafónica. Es autor de un volumen sobre "Igor Strawinski", concebido durante aquella etapa. En alguna de las conversaciones que sostuve con él a principios de los años setenta, poco antes de su muerte, me comentaba muy ilusionado como, durante aquella etapa, estrenó un vals en uno de los cafés que por entonces funcionaban en el Paseo de la Independencia.
Antonio Fernández Molina
© Herederos de Antonio Fernández Molina
[El artículo de A.F. Molina Cirlot en Zaragoza se publicó en ABC de Aragón, en la columna El cierzo, el domingo 19 de agosto de 1991.]
25/11/2008
Homenaje a Bécquer (Artículo de A. F. Molina)

Una fascinante obra de Juan Eduardo Cirlot
La deuda de la poesía española con Bécquer es evidente. Su influencia la más destacada y positiva desde que aparecieron las "Rimas" está presente de una manera más o menos visible, en los mejores poetas españoles que han venido después. Los más grandes se han reconocido sus deudores y la importancia de su obra se admite de una manera que puede llamarse unánime. Bécquer es el poeta del amor; pero al mismo tiempo el primero que inauguró entre nosotros el espíritu moderno yendo a la poesía por el camino de lo esencial.
Juan-Eduardo Cirlot, que tan inquieto se muestra en todo momento en una actitud que es a un tiempo la del que ahonda en su propio mundo y aparece curioso por lo que sucede alrededor publica ahora un "Homenaje a Bécquer" (1). Este trabajo poético se escribió en primera versión en 1954 y la de ahora es una segunda versión, primera que se publica.
Sobre el poema de Bécquer "Volverán las oscuras golondrinas" hace Cirlot unas combinaciones que cargan los elementos becquerianos de musicalidad, de lirismo y de dramatismo. El resultado es fascinante. Los ecos becquerianos parecen resonar como por una larga galería de espejos sonoros en la que nos vemos envueltos por su lectura. Allí están, en estos versos, en estas palabras de Bécquer colocadas en otro orden, todo el poema de Bécquer, todo el mundo del poeta y la personalidad de Cirlot ofrecida desde un ángulo que nos la muestra más enriquecida y nos la explica más ampliamente. Un mundo lleno de intuiciones, de presagios en el que se confunden la emoción lírica, el placer intelectual y el mundo musical, se unen en una suerte de simultaneidad. Como si el poema de Bécquer, escenificado, declamado e impreso se proyectase simultáneamente en una visión caleidoscópica. Este es in duda uno de los pasos importanets que ha dado la poesía por el camino hacia el que nos dirigimos cada día de una manera más evidente, en la integración de las artes.
El sistema de combinaciones que ha utilizado Cirlot es sumamente atrevido, pues ha trastrocado el poema de arriba a abajo, lo ha descompuesto y vueleto a compoer, sin que se noten las costuras. El talento de Cirlot y su profundo "conocimiento" de Bécquer han obrado el prodigio. El resultado es tan becqueriano que no podemos por menos de pensar si no sería esta versión la que el mismo poeta romántico pediría para los tiempos que corremos.
El trabajo de Cirlot, que se ofrece a tantas consideraciones, es en cierto modo similar al que ha hecho Picasso en torno a "Las Meninas". Es también una suerte de recreación en torno a un tema que procede de un clásico en el qeu un artista del pasado surge explicado de nuevo. Pero sin entrar en comparaciones que siempre suelen ser extemporáneas y enojosas es preciso señalar que el trabajo de Cirlot ha penetrado más dentro del espíritu de su modelo. Esto quizá se deba a que el siglo que vivimos tan caótico, tan aparentemente contradictorio, tan insólito y atrayente está dentro de la órbita del romanticismo que, por otra parte, en su sentido más generalno sería extraño que volviera a ponerse de moda, y sabido es con cuánta frecuencia el poeta camina por delante de su tiempo.
Cirlot, utilizando las imágenes y las palabras de Bécquer, hace su propia poesía. Las puertas en que está dividido este homenaje están tan cohesionadas entre sí que su lectura cobra una intensidad ascendente conseguida por acumulación y el citar uno de estos fragmentos aislado no daría sino una pálida idea de lo que significa dentro de ella. Por el momento creo que no es aventurado asegurar que los dos más originales homenajes y de más proyección para el futuro que se han dedicado a Bécquer han sido éste de Cirlot en verso y las "Cartas a las golondrinas" de Ramón Gómez de la Serna, en prosa.
Antonio Fernández Molina
© Herederos de Antonio Fernández Molina
(1) Juan-Eduardo Cirlot. "Homenaje a Bécquer". Barcelona, 1968. Imprenta Juvenil (Ed. del autor).
[Este artículo de A. F. Molina se publicó en el diario La Vanguardia el 26 de septiembre de 1968]
12/11/2008
Goya, los toros y los niños (Artículo de Antonio Fernández Molina)

La grafología nos informa y nunca se equivoca, sobre el carácter de las personas y la letra de Goya es muy elocuente de tal circunstancia. Especialmente su firma ofrece casi una confesión explícita de su vocación taurina tan profunda e influyente en aspectos de la tauromaquia.
Al examinar en reproducción aumentada los rasgos de su firma y sin realizar una minuciosa observación se percibe como adoptan la línea, en forma de signode las astas de los toros de lidia.
Tal circunstancia es buen testimonio de cómo le circulaba por las venas cuanto al mundo del toreo y el toro se refiere.
Los cuadros de Goya con temas de niños son enternecedores. Personalidad de alma reacia avezada a vivir y expresar borrascas de la vida, reales e imaginarias, ante el espectáculo infantil su pincel testimonia con matices muy enternecidos.
Al margen de su condición social, siempre expresa por los niños un interés y unas dotes de observación impregnados de muy profundo afecto. En compañía de sus familiares, otros compañeros o a solas, al interpretar su figura nos los muestra como a seres entrañables de engimático encanto donde se refugía la edad dorada de la existencia.
Su galería de temas infantiles es bastante extensa. En bastantes ocasiones pinta cuadros de niños ocupados en peculiares juegos infantiles populares y en otros productos de sus invenciones, animados con la gracia de sus gestos y de sus movimientos.
Uno de estos cuadros es la interpretación infantil de una corrida de toros. Representa a un activo grupo infantil. Como la foto fija de un momento, de una secuencia cinematográfica. Un niño empuja un toro de juguete construido con la armazón de mimbres. Varios niños en torno adoptan a su alrdedor actitudes características taurinas, graciosas y certeras. Un niño simula estar herido y otro, ante él, equipado con ropa de fraile adopta la actitud de suministrarle auxilios espirituales. Más niños, sentados e una escalinata simulan ser los espectadores en el tendido de la plaza, atentos al sabroso espectáculo.
Antonio Fernández Molina
© del texto herederos de Antonio Fernández Molina
© de la imagen Archivo Antonio Fernández Molina
[En la imagen superior Antonio Fernández Molina en su juventud con capote]


