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antonio fernández molina

Carta de María Zambrano

Carta de María Zambrano

Señor Don Antonio Molina

Mi distinguido amigo:

Mucho le he agradecido el envío de su libro "Solo de trompeta" y la dedicatoria. Lo he leído enseguida, lo que es más bien raro en mí, por diversas razones. El "infierno" en que con tanta maestría introduce su libro desde la primera página, me es conocido, aunque desde otro punto de vista, más es verdad que esto mismo no me sabe bien. Es muy lucido su libro que es lo que inevitablemente ha de ser un .... de tal naturaleza. El orden y la claridad, la ingradivez desde luego, son imprescindibles para seguir este viaje hacía el caos, si es qeu caso el lugar donde ese Miguelín, el enano demente. Y se lamenta casi la intervención que irrupe, una última imposición la sociedad. ¿Por qué no dejarlo descansar al fin en ese lecho que lecho que sugiere en analogía con el estado prenatal? Por eso al final, esa irrupción, esa irrumpción, es un grande acierto. La tonalidad se hace sentir en todo momento, y su en su condenación desde el momento en que mira fascinado la botella. A todos eso nos ha pasado hasta quedar prendidos de ciertos objetos, mas -es otro acierto grande. Hay algo distinto en quedarse ahí, en esa mirada. ....sobre todo en que no preside su imaginación ninguna imagen salvadora: un habría bastado. Y ninguna de las presencias femeninas que le rodean esta dotada tampoco de ese poder en forma decisiva. Sin duda que es lo más bello, esa teórida de mujers, figuras de la piedad casi todas. Y qué malamente quedan las que no están tocadas por la piedad -no digo de compasión- no la señora enseñante. Y se ve desd el principio que es un pintor. Y le felicito p or la elegancia de no haber parafraseado o dado simplemente la hostira de Youlosse-Loutrec, porque puede ser muy bien el mismo, sin genialidad. Y eso es otro acierto: no haberlo hecho genial, ya que la genialidad no salval al visitado por ella. Salva una obra en un exceso de generosidad, eso sí, que puede formar parte de la santidad, que lo salva de la demencia, de la enanez. Más tarde devorado por una vocación se siente enano al lado o bjao la obra, roza por las manos, la demencia. Así que yo veo en su Miguelín algo así como o el estado vulgarmente ...... del llamado a crear que venturosamente algunos sobrepasan, sin caern en el otro abismo, es el de la satisfacción propia, es el de la tonta vanidad.

Como ve me he puesto a hablar con Ud. prueba fehaciente de lo mucho que su libro me ha interesado. Qué prodigio Ud. Y de desearle algo sería que pase al campo abierto donde tales tormentos y riesgos tienen lugar sin estigma físico alguno. Pues que no diré, "ah, todo eso es porque quedó enano". No, a Miguelín le pasa como enano, a otros aunn en la pura belleza físical y moral les ha pasado. Este año  será el centenario de Hölderlin. ¿Quién se acordará de él en España? ¿Quién se acordó de él aun viviente? Si a un semidios puede pasarle! y  como él diría: :...era un semidios, cómo no le iba a pasar!" -y el enigma se perpetúa.


Reciba Vd. un muy cordial y amistoso saludo de

María Zambrano

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